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Carlos Ma. Domínguez
DESDE HACE AÑOS los llamados "estudios culturales" cruzan disciplinas tradicionalmente orientadas por caminos estancos, con el propósito de recuperar zonas invisibles del pasado y arrojar nuevas perspectivas. Aunque Graciela Silvestri declara una distancia crítica, les reconoce la formación de un público para su libro, El lugar común…, destinado a "estudiar las formas en que se construyó la identidad de la nación argentina, privilegiando las imágenes que representan, en distintos formatos y con propósitos particulares, el territorio físico".
Graduada en Arquitectura, Silvestri es Doctora en Historia, trabaja actualmente como profesora de Arquitectura y Urbanismo en la Universidad de la Plata y es investigadora del CONICIT. Su ensayo es fruto de un amplio recorrido por la historia de las imágenes que, en etapas sucesivas, dieron forma a la identidad de los lugares argentinos, con especial énfasis en la topografía de la pampa y sus transformaciones, desde las primeras ilustraciones de los viajeros europeos que llegaron a Buenos Aires hasta los tópicos urbanos y literarios de mediados del siglo XX.
caudaloso y disperso. La historia de los mapas que le dieron forma, los grabados y cuadros paisajísticos, el papel que cumplieron agrimensores e ingenieros en las guerras del siglo XIX, las representaciones literarias, de Sarmiento a Juan José Saer, el papel de los institutos geográficos, civiles y militares, en la apropiación del territorio, la transformación de las estancias, las campañas del general Roca contra los indígenas, la gradual apropiación de La Patagonia, la divulgación de las imágenes del país a través de postales, registros fotográficos y folletos turísticos, los planes de Le Corbusier y su legado en la arquitectura y el urbanismo, son algunos de los temas que convoca este libro minucioso, dotado de caudalosa información y fatalmente disperso. La naturaleza epigonal de las artes y disciplinas convocadas, obliga a la autora a reseñar su origen y desarrollo en el país, constituyendo un reservorio más afín a los estudios académicos que a la divulgación, pero su aporte es valioso y está destinado a convertirse en un volumen de consulta.
En el centro de su trama, la pampa ocupa el lugar más interpretado y controvertido. Afirma Silvestri que la literatura cumplió un papel importante en las representaciones de su dimensión despojada y casi metafísica. Para Charles Darwin su paisaje carecía de grandeza, Sarmiento difundió en el Facundo la imagen de un desierto y rápidamente se difundió la idea de un espacio temido donde habitaba la barbarie, rodeado por las selvas del norte y la cordillera, a modo de anfiteatro. Conforme avanzaron las precarias estancias sobre los territorios indígenas, se constituyó como escenario épico de gauchos, indígenas y colonos, que tuvo en las campañas de Roca su hito mayor. Silvestri aporta interesantes informaciones sobre esta empresa financiada por capitalistas ávidos de tierras y el papel jugado por los agrimensores. Cabe recordar que setenta y tres ingleses se quedaron con un millón y medio de hectáreas.
El desarrollo de las estancias, de la rusticidad inicial a las plantaciones enjardinadas, las zonas de mediación con la ciudad y el ideal paisajístico en las áreas urbanas, jalonaron una dirección de progreso que Silvestri sigue con atención en múltiples soportes literarios y gráficos. Su investigación se detiene en la imagen mítica de la pampa que alentó el modernismo, vinculada al reservorio de huellas paleolíticas y restos fósiles, cuya extensión se prolongó a los confines australes. En su historización ocupa un lugar destacado la figura del gaucho y la conocida evolución de sus perfiles, desde las orientalistas descripciones de Sarmiento, que lo asoció a los beduinos, pasando por las formas iconográficas que alcanzó en el Martín Fierro, de Hernández, y las más dóciles y domesticadas que entregó Don Segundo Sombra, de Güiraldes. Pero son muchos los escritores convocados a testimoniar la construcción física y simbólica de la pampa como ícono de la argentinidad, entre los que Silvestri destaca los libros de William Henry Hudson.
hasta la tierra purpúrea. Salvo breves referencias a lugares que se volvieron turísticos, como el lago Nahuel Huapi, en Bariloche, y las cataratas del Iguazú, en la provincia de Misiones, el escenario privilegiado es el pampeano, con algunas breves descripciones del campo oriental. Uruguay ingresa en su estudio de la mano de La tierra purpúrea de Hudson, algunos escritos de Horacio Quiroga, los homenajes de Borges, la relevancia pictórica de Juan Manuel Blanes a la hora de fijar las representaciones más emblemáticas del paisaje y el gaucho, y la de Pedro Figari, en la recuperación de una escenografía autóctona, además de algunas referencias turísticas a Punta del Este y Montevideo que, hasta 1890, fue el destino privilegiado de los veraneantes porteños.
Dos supuestos de El lugar común... confirman el carácter complejo, sujeto a permanentes revisiones, de los lugares simbólicos asociados a la identidad. Aunque su título anuncia: "Una historia de las figuras de paisaje en el Río de la Plata", es notorio que el concepto "Río de la Plata" comparece como otro modo de nombrar a la Argentina, en sus extensas y diferenciadas regiones, con su anexo oriental. Que su centro imaginario sea la pampa en vez del estuario, ilustra la ausencia de una conciencia regional lo bastante madura como para centrarlo sobre su eje físico, con reconocimiento de la unidad dialógica entre sus dos orillas. Sin proponérselo, el libro de Silvestri muestra sobradamente que Buenos Aires creció de espaldas al Río de la Plata porque sus terrores, preocupaciones y desafíos la constituyeron en el dominio de los espacios "vacíos" del oeste continental. Fuera de las retóricas oficiales, el lugar común de la historia fluvial, la cultura entrelazada y las diferentes lógicas que aún hoy matizan la identidad de uruguayos y argentinos, continúa siendo irrelevante.
El otro supuesto es que Argentina se define por la pampa antes que por las herencias culturales del norte, históricamente derrotadas en las guerras civiles del siglo XIX, pero socialmente recurrentes, al grado de que sin ellas sería impensable no sólo la forma federada de su constitución, también buena parte de las tensiones derivadas del centralismo pampeano que, entre otras visibles consecuencias, dieron origen y vigencia al peronismo.
EL LUGAR COMÚN. UNA HISTORIA DE LAS FIGURAS DE PAISAJE EN EL RIO DE LA PLATA, de Graciela Silvestri, Edhasa, 2011. Buenos Aires, 409 páginas. Distribuye Gussi.





