Pese a todo deseamos la paz

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Agustín Courtoisie

LAS REVOLUCIONES, en 1970, eran consideradas "artífices de nuevas edades" y los levantamientos populares, "comadronas de la historia". Quizás por eso Idea Vilariño publicó en el Uruguay de aquellos años una "comprometida antología" sobre la violencia, con más de un centenar de fragmentos de autores antiguos y contemporáneos.

Casi cuarenta años más tarde, Anabella Loy y Daniel Vidart, ambos antropólogos (UDELAR) ofrecen una nueva recopilación de propósitos más académicos, y un abordaje sistemático desde los más diversos ángulos sobre la cultura de la violencia.

El resultado es impactante tanto en lo que refiere a la dimensión nacional como a la internacional del problema. Porque esta rigurosa obra colectiva en general se lee con agilidad como si cada capítulo fuese un informe de prensa y la abundancia de los datos corre pareja con la agudeza de las interpretaciones. No en vano varios periodistas han hecho sus propios aportes, intercalados con los de los investigadores universitarios que parecen haberse contagiado esa misma fluidez para colaborar con este libro. Además, si bien la mayoría de los autores apunta a fenómenos de actualidad, las referencias históricas no faltan cuando se trata de contextualizar este lado oscuro de la vida humana.

CHICAS Y CUCHILLOS. Dos Ciudadanos Ilustres de la ciudad de Montevideo honran estas páginas. El propio Daniel Vidart, de amplia trayectoria en trabajos de antropología cultural, sociología e historia social, aborda en "La guerra, la suprema violencia" vastos espacios y tiempos históricos para iluminar el presente. Su ensayo observa que "jugar a la guerra es aceptarla desde la infancia como un oficio consustancial a la especie, como un juego mortal prefigurado por un infantil anticipo". Sostiene también que se vive "un rechinante gozne de la historia" pero sin saber si "algún día se abrirá la puerta que da al patio de las utopías o se cerrará estruendosamente en nuestras narices".

Por su parte, Renzo Pi Ugarte, el segundo Ciudadano Ilustre, introduce un refrescante aire en sus breves "Apostillas sobre la violencia". Sus propios recuerdos personales en el uso del cuchillo chico (fiyingo), cuando era un jovencito y vivía en un pueblo del interior, hasta la inquietante denuncia de violencias simbólicas de pentecostales contra umbandistas en la rambla montevideana, le permiten cuestionar ciertas convicciones muy difundidas. Por ejemplo, las de quienes afirman que la violencia sería mayor hoy en día respecto del pasado, o que la lucha armada sería invención de algunos marxistas. En realidad, la violencia parece pertenecer a la especie humana desde los tiempos neolíticos y la única novedad parece ser la incorporación del sexo femenino en las trifulcas.

La variedad de temas y tonos, y el no necesariamente coincidir o apuntalar las mismas tesis sobre los distintos tipos de violencia, constituyen un factor adicional de riqueza y amenidad del volumen en el tratamiento de estas cuestiones. Basta enumerar algunos otros capítulos para comprobarlo.

Pedro Guglielmetti, abogado especializado en relaciones laborales, se ocupa de "La violencia en el trabajo". Ivonne Pini, Magíster en Historia y Teoría del Arte y la Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, es la autora de "Reformulando relatos artísticos en torno a memoria y violencia". Y son muy oportunos, por lo menos en el planteamiento de sus respectivos asuntos, el capítulo de Hugo Rocha sobre "La violencia en el cine" y el de Gerardo Bleier sobre "Televisión y violencia".

Desde los movimientos migratorios planetarios hasta la violencia doméstica, nada escapa a la mirada reflexiva del grupo de colaboradores. Por ejemplo, la co-autora de la compilación de La cultura de la violencia, Anabella Loy, encara un costado puntual del objeto temático imprescindible para pensarlo inmerso en la globalización. Se trata de "Violencia y migración", que concluye señalando que "más allá de los caracteres específicos de cualquier colectivo de inmigrantes, la percepción de la cultura receptora variará de acuerdo con la ocasión: en contextos de aguda necesidad de brazos para el trabajo, se los tolerará sin demasiados discursos; en otros de crisis como la de los tiempos que corren se los ubicará en el rol de chivo expiatorio". Eso es lo que sucede hoy, cuando "Atlántico de por medio, la «Madre Patria» no cobija a los nietos de sus hijos".

Y en cuanto a las tragedias ocurridas entre cuatro paredes, la doctora en Derecho y Ciencias Sociales y Fiscal Letrado Adjunta del Ministerio Público y Fiscal, Léonie Garicoïts, entrega un texto de tono confesional, impecablemente escrito, sobre "La violencia doméstica desde los estrados".

DE LA PASTA AL SUICIDIO. Fútbol y seguridad ciudadana no podían estar ausentes en un estudio abarcador sobre la violencia.

En su capítulo sobre violencia en el deporte, Ángel Ruocco coincide con Eduardo Galeano cuando afirma que "el pañuelo no tiene la culpa de las lágrimas". "Al pañuelo van a parar las lágrimas, pero no vienen del pañuelo. Y con la violencia pasa lo mismo: la violencia no viene del fútbol, va a aparecer en el fútbol". El autor recuerda las encuestas de Interconsult que dicen que un 76% de los uruguayos cree vivir en una sociedad violenta y que, en particular, "la violencia en el fútbol se ha incrementado en los últimos tiempos".

Merece especial destaque el trabajo de Gabriel Vidart Novo, "Violencia y seguridad ciudadana". Si bien es uno de los capítulos menos "ensayísticos" del volumen y más ajustados a un enfoque académico seco, el dibujo exhaustivo de las distintas facetas de la cuestión y la transcripción de cifras absolutas, porcentajes y cuadros estadísticos, terminan por ofrecer una sólida plataforma para pensar seriamente estas cuestiones. Por ejemplo, Vidart Novo expone lo que se sabe hasta hoy sobre el consumo de pasta base en el Uruguay y similares en otras zonas del continente, transita por el estudio comparado y evolutivo del suicidio, consigna el maltrato de menores y personas ancianas, y menciona las condicionantes biológicas de los comportamientos, muchas veces dejadas de lado. A modo de ilustración: Uruguay exhibe un tasa muy alta de suicidios, ocupando el décimo octavo a nivel mundial. Pero si se considera el suicidio juvenil, "Uruguay y Nicaragua se posicionan entre los diez países con más alta tasa". Además, la violencia doméstica es la principal causa de muerte entre las mujeres y "la violencia es la primera causa de muerte en América Latina para las personas comprendidas entre los 15 y los 44 años de edad" según datos de la Organización Panamericana de la Salud. No es menor el vínculo entre violencia y áreas metropolitanas: "una de las características más sobresalientes del fenómeno es que afecta a los pobres que habitan las grandes ciudades".

En suma, La cultura de la violencia es un trabajo tan breve y denso de sugerencias como imprescindible para todos aquellos que desean indagar sus distintas manifestaciones haciendo a un lado los lugares comunes. Tal como expresa el uruguayo José María Montero, antropólogo de la UNAM, en su capítulo "A propósito de la violencia": "la idea fundamental es que la violencia pase de moda; en la realidad, en la ficción y en el entretenimiento. Seguramente será difícil conseguirlo, pero, seguramente, tampoco imposible".

LA CULTURA DE LA VIOLENCIA, de Anabella Loy y Daniel Vidart (compiladores). Montevideo, 2009. Banda Oriental. 192 págs.

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