Para hacer música

NO ERA FÁCIL conseguir instrumentos decentes para los músicos uruguayos a comienzos de los ´60. Las guitarras y bajos eléctricos de fabricación nacional casi no existían y los pocos que aparecieron eran de pésima calidad.

Marcas como Norton, Black Diamond o Klington recién comenzaron a mejorar a mediados de la década y con resultados apenas mediocres. Por aquellos años era impensable acceder a instrumentos Gibson o Fender, a los que solo era posible ver en fotos de músicos internacionales. Los mejores que llegaban a Uruguay eran los italianos Eko o los Höfner, provenientes de Alemania. De estos últimos Palacio de la Música fabricaría una versión uruguaya de inferior calidad.

La excepción a esa regla era la hermosa guitarra Gretsch de Osvaldo Fattoruso, con la que tocó en Los Shakers, comprada a un tornero y músico amateur luego de insistir por casi dos meses para que se la vendiera. Con los amplificadores era aún peor y en muchos casos la solución pasaba por fabricar equipos caseros.

Dino recuerda cuando Casa Praos, tradicional comercio de música de nuestro país, trajo una buena partida de bajos y guitarras Eko, lo que fue todo un acontecimiento. Una guitarra costaba quinientos pesos de la época y el músico comenzó a juntar el dinero: "Pero cuando quise acordar, resulta que habían venido los del Club del Clan (de Argentina) y se compraron todas las guitarras y los bajos. Todo lo que había acá se lo llevaron ellos".

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