Llaves y cerraduras

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Daniel Mella

ADEMÁS DE crítica, Mercedes Estramil (Montevideo, 1965) es una de las más promisorias escritoras actuales. Es autora de Ángel Sólido, poemario con que ganara el primer lugar en el certamen de Poesía Joven de la IMM en 1994, y de las novelas Rojo (Banda Oriental, 1996, Premio Lolita Rubial), Hispania Help (HUM, 2009) e Irreversible (HUM, 2010). La entrevista se dio personalmente y a través del correo electrónico.

la adrenalina de escribir.

-¿Cómo surgen Hispania Help e Irreversible?

-Cuando las empecé a escribir estaba viviendo una relación afectiva que me impulsó a querer contar una historia, a estar con ánimo de narrar. Hispania Help nació casi al comienzo de esa relación y escribirla fue un proceso fluido, al menos hasta el quinto capítulo (el que da título al libro), donde algunas cosas se espesaron y plantearon problemas de resolución y anímicos. Cuando los resolví el resto salió como un torrente, me sentía "colocada" en la medida en que puede drogarte la adrenalina de escribir. Cuando terminé Hispania Help ya tenía Irreversible en la cabeza. En ese punto la relación afectiva real dio un vuelco y la novela se hizo eco de eso. Irreversible es la historia de un viaje ficticio en homenaje o en revancha a un viaje real que nunca se hizo. De hecho todos los personajes son inventados excepto Butor y Ella (que en cierto modo también son inventados, como todo lo que se escribe).

-Hispania Help está relatado en primera persona. Es el periplo de una mujer que escribe, está lleno de citas literarias y nombres de escritores y poetas. Irreversible está en tercera persona, el personaje central es masculino y no se mencionan libros ni escritores. Sin embargo, comparten cosas.

-Irreversible es tan biográfico que no pude hacerlo en primera persona. Tuve que disfrazar la subjetividad que sin duda iba a darle, con una mirada que se finge impersonal aunque muestra la hilacha. Fue lo que me permitió largarme y contar todo lo que quería contar a través de una anécdota y más allá de la anécdota. Sentía placer por la escritura y angustia por lo que estaba diciendo (es decir, descubriendo o constatando), al punto que en la edición final le quité algunos pasajes que me parecían hirientes para mí misma, e innecesarios. En Hispania Help hay cosas calcadas de la realidad, pero son cosas a las que bastaba agregarles un sólo detalle y todo cambiaba. La escena de la vieja que tuvo treinta y dos abortos, por ejemplo, a la que nadie iba a ver ni a llevarle ropa interior, es de primera mano, y alguna otra también. Pero lo medular anecdótico está como desenfocado, desrealizado, mentido. Es fascinante eso de mentir. A menudo llegás más profundo a la verdad que contándola desnuda. Por algo le estás agregando esas cosas puntuales y no otras. Es lo que creo que todos los escritores buscan: cómo llegar a la verdad. En las dos novelas, además, está la infidelidad, y desde ese momento ya todo es un palacio de mentiras. Lo otro que tienen en común (junto con la primera novela que escribí, Rojo) es que se centran en la cuestión afectiva y sexual. Que es la que más me importa. No tengo una visión política ni religiosa de la vida. Estoy segura de que el tema de las clases sociales y de las creencias te condiciona, pero no hago foco ahí. Lo afectivo sexual es lo intransferible. Al final, el día que te mueras, lo único que te va a quedar (o a lo que le vas a decir adiós con más pena) son las pasiones que realmente viviste.

-El quinto capítulo de Hispania Help es una especie de bisagra en el libro, tal vez en tu obra. Es un sueño denso y a la vez el rodaje de una película de Lynch. Mi experiencia como lector fue la de olvidarme, de un momento a otro, de todo lo que había ocurrido en los capítulos anteriores, como si el que estuviese soñando fuese yo y lo demás perteneciera a la vigilia.

-Me frené antes de escribirlo. No tenía idea de cómo hacerlo. En ese capítulo volví a mi infancia. Me metí en esa zona casi ajena en la que en realidad no me gusta meterme, que es la zona que habitan mis padres. No digo que sea una zona sagrada, pero no le quiero hincar el diente. Mis padres quieren leer lo que escribo y a veces la escritura lastima por exceso de realidad o por una equis interpretación; hay que ver cómo se la enmascara.

EL EROTISMO.

-¿Hay algún tema que sea de mal gusto tocar para un escritor? Me viene a la mente Cheever diciendo que las relaciones sexuales son imposibles de describir.

-Una manzana también. Creo que hay temas más difíciles que otros porque en la propia vida no están asumidos. La literatura erótica es una de las más difíciles. Está todo banalizado. Es como en el cine porno. El tema tal vez condicione, pero el problema es que poca gente con talento se ha dedicado a hacerlo. He leído más poesía que narrativa erótica. Leí cuatro o cinco de aquella colección de La sonrisa vertical, algo de Sade, pero no he leído un libro erótico que me diera vuelta la cabeza. Si lo escribís para excitar, la estás pifiando. Cuando lo que se describe es la mecánica de cuerpos juntándose y nada o poco más, ahí ya se diluye parte de mi interés como lectora. En Snuff, que leí hace poco, Chuck Palahniuk hace lo opuesto: explora ese mundo. La situación es un gang bang con seiscientos hombres y una mujer. Palahniuk no relata prácticamente nada de esa sesión de gang bang y sin embargo te sumerge en ese mundo, te lo hace interesante, divertido, crítico, trágico. Ojo, no digo que sea un genio. Si escribe un libro por año está difícil. Pero hizo algo diferente con un material re-trillado.

-¿Qué tiene que suceder para que te pongas a escribir?

-Para que yo escriba, algo me tiene que alimentar, no escribo en períodos de apatía. Y me tiene que venir un clic de por dónde ir. En principio, tengo que tener claro el punto de vista. Dónde situarme cuando voy a escribir. Rojo, por ejemplo narra paso a paso un juego de canasta: cómo levantás las cartas, cómo las tirás, cómo se forma el pozo. Partió de la experiencia personal de jugar canasta con amigos hombres y mujeres. Y lo empecé desde una primera persona femenina, pero no conseguía ponerme en esa piel. Recién cuando se me ocurrió narrarlo desde un punto de vista masculino y hacer que todos los personajes fueran hombres (alejarlo en cierto modo de la referencial real), me liberé. Porque es cierto que aunque no apostábamos dinero ni nada, jugar canasta era como jugarnos la vida, peleábamos como chiquilines en el juego. Después de que escribí el libro seguimos amigos pero no jugamos más: fue como un exorcismo, creo. O la constatación de que ahí había un límite.

-¿La melancolía y la furia que respiran tus textos está en los escritores que admirás?

-La melancolía y la furia sí vienen de mucho escritor que admiro (Céline, Camus, Vallejo, Melville, Salinger y muchos otros) pero también es cierto que los admiro porque integraron a su obra y de un modo que me agradó, esas cosas que ya estaban en mí.

-¿Qué cualidades tuyas hay en tu escritura?

-No sé si son cualidades, rasgos diría. Ambas somos obsesivas, ansiosas, (creemos que) intuitivas, manejamos una mezcla de soberbia y perfil bajo, etc. Quisiera decir que mis textos se me parecen en que son "honestos" pero cada día ese concepto lo veo más confuso.

-¿Y tu relación con la poesía?

Ya no escribo poesía y leo muy poca. Cuando me ponía a escribir poesía me paraba en un lugar donde no me sentía cómoda. Me sentía todo el tiempo cerca del esnobismo, del experimentalismo, de la "trascendencia"... No me podía "disfrazar" para escribir, y al mismo tiempo sentía que era menos yo que nunca. Cuando narro no pienso en eso. Ojo, creo que si querés y tenés el don, hacés poesía con una novela de mil páginas o con un aviso publicitario. Era algo más sensitivo: yo veía las letras ordenarse en el cuerpo del poema y no me las creía. Me pasa con mucha poesía que leo. Me parece que estoy viendo al escritor tratando de "parecer" sublime, o parecer cualquier otra cosa.

Ese "tratando de" es lo que me hace ruido.

CRÍTICA Y LITERATURA.

-¿Para dónde rumbea la literatura de este siglo?

-¿Cuál literatura? ¿Cuántas hay? Cada una rumbeará para un lado distinto, no creo en hegemonías. Yo sólo podría presumir de saber para dónde rumbea la mía. Y ni siquiera sé. La tendencia más detestable de hoy, para mí, es la de siempre: escribir demasiado, hiperprofesionalizarse, dejar de lado la adrenalina del asunto, no profundizar en el "cómo", descuidar a los personajes, a los de ficción y al "personaje" del escritor también.

-¿En qué es distinto escribir novela y escribir reseñas culturales?

-En las notas dejás de ser vos un poco porque estás condicionada por muchas cosas: por lo que estudiaste, por el canon, por la lectura de los otros. Tratás de que no interfieran tus gustos personales, pero interfieren y te hacés trampas. Cuando vas a analizar un libro, tenés dos bibliotecas. Si el libro te gusta, vas a usar más la biblioteca que lo ensalce. Pero hay autores con los que es difícil. Por ejemplo, acabo de hacer una nota de un libro de Lispector. La autora tiene estilo, es buena y se nota que se metió de lleno en el asunto a la hora de escribir. La nota es para arriba, y sin embargo a mí Lispector me aburre. En los libros de ficción, en cambio, todas esas presiones ceden ante la visión de tu personaje o tu narrador, y podés decir sin ningún pudor ni culpa cosas que te salen de las vísceras. Podés amar y odiar al mismo tiempo.

-¿Tu visión del panorama local?

-No hay una narrativa que me deslumbre completamente. No tengo muchos escritores uruguayos de referencia, que salga corriendo a comprar su último libro. Por ahí hay libros aislados que me gustan. En cambio, sale un libro de Richard Ford o de Fernando Vallejo (¡¡que escribe siempre lo mismo!!) y estoy ahí, en primera fila.

-¿Qué tienen Ford y Vallejo?

-Lo que tienen es que no resbalan. Tienen un dominio del mundo que ellos manejan que es literaria, emotiva y espiritualmente una cosa tan compacta, tan segura, que se expande. Yo no noto fallos dentro del mundo que ellos arman. No hay algo que me diga: mmmm, ¿pero por qué hizo esto, esto qué significa? Es la diferencia entre quien conduce aterrado o sin miedo. Y muchas veces los escritores uruguayos tenemos eso de hacer con la literatura lo que se hace con el teatro, esa cosa inflada, impostada, seria, solemne (en el fondo: aterrada), y lo que tienen estos otros escritores (y muchos más, son sólo dos ejemplos) es que des-solemnizan todo y si es preciso se lo hacen a sí mismos, sin perder de vista que internamente están llevando las riendas.

-¿Cómo te afectan los fenómenos editoriales Vila-Matas, Bolaño, Levrero?

-A nivel de escritura, lo incorporo. Esos fenómenos me abren la cabeza. Estoy escribiendo para conocerme, profundizar en mi naturaleza y todo eso, pero también estás escribiendo para pegar, para llegar, para dar un salto, para tener éxito, para ganar dinero, y el que diga que no para mí es un reverendo mentiroso o tiene un problema. Y ese tipo de fenómenos te hace preguntarte cómo hicieron, cómo llegó éste, por qué no llegó aquél si tenía todos los boletos, etc. Todo eso alimenta, me parece super interesante. Hubo una época en que estaba muy copada con Salinger. Me preguntaba cómo hizo, dónde está la llave. Lo que pasa es que cada uno tiene una llave. No puede usar la llave del otro.

-¿Qué es imperdonable en un escritor?

-Tengo respuestas, pero todas te van llevando a una nueva pregunta. Imperdonable es mentirse, pero qué es mentirse. Un escritor al que le encuentro una falsedad general, desde mi punto de vista, es Saramago, por nombrarte uno que está muy encumbrado. Siento que le patina, pero no estamos hablando de cosas comprobables, científicas.

-¿Qué precio estás dispuesta a pagar para ser escritora?

-No sé. Con salud, seguro que no. Si viniera alguien y me dijera: mirá, escribís esta obra maestra y te agarrás un cáncer, mando el libro a la mierda. (Igual, esas ofertas suelen llegar sin darte nada a cambio).

-¿Algún fragmento de una novela o cuento que sea importante para vos?

-Uno de Fitzgerald. El final mismo de El Gran Gatsby. Lo elijo por una cuestión afectiva, sin duda. Y porque toda la novela me parece brillante, ya desde la asunción del punto de vista, ese "amigo" narrador que observa seducido y a la vez asqueado el mundo exterior de los personajes pero para buscarle desesperadamente un "adentro". ¿Viste que el tipo quiere como convencerse de que esas vidas en realidad son más complejas, de que no están tan vacías como pintan? Y sin embargo... La elección de la voz narrativa para mí es como la llave que te abre o cierra una novela, hablando de las que están bien, bien escritas, bien armadas, ya sea porque están hechas con suma inteligencia obsesiva o porque están "iluminadas" por eso que muchos dicen aborrecer pero en secreto desean (deseamos) tener: genio. Me pega que en una novela que te muestra la frivolidad y la decadencia de un modo tan contundente pero mimetizado con su objeto, Fitgerald se reserve ese final hiper emocional, como si toda la tensión acumulada (en la voz del narrador testigo, y en la misteriosa conciencia de Gatsby) reventara ahí, y los lectores también pudiéramos aflojarnos. Me pasó las veces que la leí, lo mismo que con algunas películas (algunas bien dispares, por ej: El sacrificio o Solaris de Tarkovski, obras maestras, pero también con una película más tranqui como Cinema Paradiso de Tornatore), que por más veces que las vea llega el final y lloro, y mirá que jamás lloro viendo cine, es raro. Porque incluso cuando son golpes de efecto, si están bien dados, hay que sacarse el sombrero.

Un final

Francis Scott Fitzgerald

"Y MIENTRAS me hallaba allí, reflexionando sobre el viejo, desconocido mundo, pensé en el asombro de Gatsby al advertir, por vez primera, la luz verde al final del malecón de Daisy. Había recorrido un largo camino para llegar a este prado azul, y su sueño debió parecerle tan próximo que difícilmente podría escapársele... No sabía que ya había quedado atrás... en alguna parte de aquella vasta oscuridad, más allá de la ciudad, donde los oscuros campos se desplegaban bajo las sombras de la noche.

Gatsby creía en la luz verde, el fastuoso futuro que, año tras año, retrocede ante nosostros... Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos más de prisa, abriremos los brazos, y... un buen día...

Y así vamos adelante, como botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado".

(de El Gran Gatsby)

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