MAIA FRANCIA

La uruguaya que brilla en "Las estrellas"

Estudió Ciencias de la Comunicación porque en su familia todos son profesionales y no quería decepcionarlos, pero la vocación de Maia Francia era actuar. Cruzó el charco hace diez años con ganas de “estirar el cordón umbilical” y seguir formándose. Pidió al universo trabajar en el Teatro San Martín y ocho meses después estaba haciendo un bolo en El enemigo del pueblo. Es fanática de los autores clásicos, se consagró en el teatro porteño, y con 36 años quiso probar suerte en la TV. Adrián Suar la eligió en un casting para ser Amanda en Las Estrellas (Canal 12). Sus energías, además, están puestas en el cine.

La uruguaya Maia Francia interpreta a Amanda, la mujer de Lamothe en "Las Estrellas"

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12 ago 2017MARIEL VARELA

En casa de Maia Francia todos son profesionales: abogados, médicos e ingenieros. Es uruguaya e hija única. Se recibió de Licenciada en Comunicación para darle el gusto a su familia de sumar otro título, aunque nunca se lo exigieron. Dice que le fascinó la carrera y hacerla fue una forma de agradecer el apoyo que le brindaron en su casa apenas advirtieron que esa niña tenía vocación de artista.

Los padres de Maia no pusieron ningún palo en la rueda cuando ella empezó a demostrar que expresarse desde el arte era su máxima necesidad. Soñó con cantar en los escenarios pero su coqueteo con la música no fue más allá de una bandita de rock en el garaje de la casa de un amigo. Hizo cuatro años de pintura en óleo y acuarela en el Ateneo, y luego se volcó a la narración. En Maia late la necesidad de usar la escritura como canal expresivo y lo hace a través de ensayos "medios amorfos", aunque todavía no se anima a publicarlos.

Dice que se crió entre libros y algodones. Su actividad intelectual estuvo muy estimulada desde la cuna. Hizo la facultad de Comunicación y en paralelo la escuela de arte dramático de El Galpón. Actuó durante seis años bajo la lupa de diversos directores uruguayos como Jimena Márquez, María Azambuya y Luis Trochón. En 2006 decidió probar suerte al otro lado del charco.

—Tenía ganas de ver el mundo, salir del nido de casa y estirar el cordón umbilical. Mi idea no era radicarme en otro país sino salir por un rato, buscar nuevos horizontes y continuar formándome. El plan original fue Londres porque soy una actriz clásica y mi fantasía era especializarme en Shakespeare pero me di cuenta de que es la ciudad más cara del mundo y no podía sostenerme. Y tampoco me interesaba actuar en un idioma que no fuera el español. Me jugó mucho lo personal para elegir Buenos Aires. Me di cuenta de que estaba bien estirar el cordón umbilical pero tampoco tanto, así podría estar cerca de casa. Fui en búsqueda de Juan Carlos Gené. Fue mi maestro durante seis años, pero también un amigo y un padre artístico.

Cruzó el charco sola pero emprendió ese viaje de la mano de China Zorrilla. Es que la actriz de Esperando la carroza iba en el mismo barco que Maia y la joven percibió en ese encuentro un guiño al destino. La atomizó durante todo el trayecto. Le contó sus sueños, sus proyectos y China la alentó, pero también le advirtió algunas cosas desde su experiencia.

"Me dijo que me iba a enamorar de esa ciudad maravillosa y probablemente no me fuera más. Me comentó que al principio llegaría con ojos de turista y gran adrenalina pero con el paso de los meses iba a empezar a sentir el desarraigo". Y resultó tal cual lo pronosticó. Los primeros dos años fueron de gran novelería. Sentía libertad, andaba con su currículum bajo el brazo con mucho empuje, pero luego empezó a advertir que Buenos Aires la atrapaba, sus vínculos se afianzaban ahí y eso le hacía algo de ruido.

—Llevás 10 años allá, ¿pensás volver a radicarte en Uruguay?

—No me gusta ponerme ninguna etiqueta definitiva porque me agobia esa sensación del "para siempre". Necesito tener siempre efectivo como para comprar el pasaje por si me agarra la loca: armo la valija y me vuelvo. Eso me da tranquilidad pero a los cinco minutos digo, no vuelvo nada. En mis años más productivos no creo que retorne. Me gustaría volver con algún proyecto específico. Una película sería ideal porque amo el cine y sería un tiempo acotado.

Camino de hormiga.

A los quince días de estar instalada en Buenos Aires, Maia se paró frente al Teatro San Martín y pronunció una afirmación: "Gracias por permitirme estar en tu escenario". Dejó el currículum en el quinto piso, donde funciona la producción, y a los ocho meses le sonó el teléfono. Era Sergio Renán para invitarla a hacer el casting de un personaje de reparto en El enemigo del pueblo, de Ibsen. Maia estaba feliz. "Tenía un bolo en un elenco protagonizado por Luis Brandoni y en uno de los escenarios más grandes de la ciudad". No podía pedir más.

A partir de ahí no paró de hacer obras. Pero antes de que le llegaran propuestas artísticas debió sobrevivir y pagar las expensas. Así que trabajó en una empresa de catering, fue asistente de dirección y producción, y además, se solventó con el dinero que le mandaban sus padres.

—¿Hubieras sido capaz de meterte en algún escándalo para lograr un papel o un trabajo?

—Jamás. Elegí hacer un camino de hormiga: menos estridente pero mucho más sólido. Trabajo para el premio trayectoria, no para el revelación, ya que éste implica solo haberla pegado una vez. Quiero mirar hacia atrás y tener una historia de coherencia artística. Nunca hubiese entrado en eso. De hecho, la televisión me llega a los 36 años porque ahora la busco, le doy espacio y cabida. Pero ya estoy sólida, tengo prestigio y tres estatuillas encima (dos Florencio Sánchez y un María Guerrero).

El medio donde se mueve como pez en el agua es el teatro. Los autores clásicos son sus preferidos: García Lorca, Calderón de la Barca y Shakeaspeare. Hace dos semanas estrenó El avaro, de Molière en el Teatro Regio con Antonio Grimau a la cabeza, y asegura que "ni loca" se bajaría de las tablas. Quiere alternar el teatro con la pantalla grande, dice que hoy todas sus energías están puestas ahí. Debutó en cine con Espiral Cósmico, un filme independiente de corte experimental y surrealista. Y espera ansiosa que se estrene a fin de año.

Amanda.

Maia sabía que llegaría a la pantalla chica pero no estaba desesperada por conseguirlo. Antes de interpretar a Amanda en Las Estrellas tuvo algunas participaciones fugaces en tiras como La dueña e Historias del corazón. Hace un año se sentó junto a los encargados de realizar los castings de Pol-Ka y les planteó que solo la convocaran si era para un rol que tuviera continuidad, desarrollo y le permitiera sacarle jugo.

Este año la sorprendió el llamado de Iliana Rippel, jefa de casting de la productora de Adrián Suar. Quería que audicionara para Las Estrellas. "Fue el primer casting de mi vida que salí muy tranquila. A la cuadra ya pensaba en otra cosa y entendí que esa era la tónica: dar lo mejor de uno pero sin ponerle tanta carga de ansiedad. Me olvidé enseguida. Fue como un trámite y a la semana me llamaron para decirme que había quedado. En principio iban a ser cinco capítulos, pero se convirtieron en diez, veinte, más de treinta".

Interpreta a Amanda, exesposa de Javo (Estaban Lamothe). Él está enamorado de Virginia (Celeste Cid), casada con Ignacio (Rafael Ferro). Su personaje está dentro del bando de las villanas pero la actriz uruguaya prefiere decir que es despechada y no mala. "No entiende que no la quieren más y sigue insistiendo. Nada más ajeno a mí, que no me quedo más de dos minutos donde no me piden". El desafío de componer a una mujer opuesta a ella le entusiasmó. Aunque en televisión los libros llegan sobre la marcha y el proceso creativo no es tan profundo como le gustaría.

De entrada supo que quería correrse del cliché de la mala de la historia. Fue por el lado de la mujer desequilibrada para humanizar a Amanda y volverla creíble. La tira diaria "es una picadora de carne, te meten ahí y hacé lo que puedas. Es una escena atrás de la otra porque cada minuto es carísimo. No hay mucha posibilidad de componer. Por eso me volví más piadosa con los actores que hacen televisión: entendí que el sistema de trabajo es difícil".

—¿Cambia la mirada de tus colegas del teatro hacia vos porque hacés televisión?

—En Uruguay conciliar las dos áreas era más duro. Yo vengo de una formación donde hacer televisión era prostituir tu arte. Un chip antiguo. En Argentina es muy común que los actores pasen de un medio al otro. No cambia. Soy la misma actriz probándome en otro medio.

Se cruza en el pasillo de la productora con todos los actores de Las Estrellas pero solo comparte escenas con Esteban Lamothe, Celeste Cid y Rafael Ferro. "Soy una privilegiada. Me tocó un equipo maravilloso. Son sumamente generosos, grandes compañeros y capitalizan todo el material que yo traía. Nos nutrimos unos de otros".

La televisión es un nuevo lenguaje en el que le gusta experimentar pero por ahora no significa un salto económico para ella: "Cobro bien pero no se acerca a la fantasía que tiene la gente. Eso sucede cuando estás consagrado en la pantalla y podés llegar a negociar un caché importante. Tengo un sueldo digno pero normal".

—¿Consideras que la televisión es una buena vidriera?

—Es una vidriera excelente. Estoy tratando de capitalizar todo lo logrado en estos diez años para colocar mi nombre y hacer que se expanda. Tengo reconocimiento entre el público que es asiduo al teatro, que es un lugar de mucho prestigio, pero bastante hermético. La pantalla te da masividad y popularidad. La gente me para en la calle. Me saco fotos.

—¿Cómo te llevás con la popularidad?, ¿te gusta?

—A este nivel, que es moderado, me resulta preciosa. Soy actriz, no puedo ser hipócrita, me gusta que la gente me reconozca, se acerque, me abrace, me agradezca. Me toca estar en un fenómeno impresionante: Las Estrellas logra niveles históricos de rating y hacía mucho que una tira no conseguía esos números. Muchos capítulos han superado al Bailando y está muy bueno que una ficción pueda superar un espectáculo como ese.

—Natalie Pérez, una de las protagonistas de Las Estrellas, fue como invitada a la salsa de a 3 en el Bailando, ¿aceptarías estar en este reality?

—Como jurado encantada. Pero no creo que le rinda al Bailando porque no soy escandalosa. Habrá que ver. Todo se conversa y se negocia. Si pudiese entrar con mi estilo, encantada de tener una experiencia así. Si se me exige correrme de mi lugar, no, porque la pasaría mal y me volarían enseguida. Es mucha exposición y no creo que mi perfil sea adecuado para semejante programa.

Montevideana.

Viaja menos de lo que le gustaría a la capital uruguaya. Suele instalarse durante un mes a fin de año para pasar las fiestas. Se ha perdido cumpleaños, casamientos y nacimientos por vivir lejos. Le encanta ir a Atlántida: su familia tiene casa en ese balneario y es el punto de encuentro con sus seres queridos.

Durante el año las escapadas suelen ser fugaces. En 2014 se dio el lujo de traer a Uruguay Golpes a mi puerta, obra maestra de Gené, quien fue su gran mentor, y falleció un año antes del estreno. "El elenco completo estaba integrado por discípulos suyos y fue una suerte de homenaje que le hicimos a su obra amada. Me empeciné con que tenía que viajar con esta obra a Uruguay, me moví y tuve la suerte de llevarla al teatro Maccio, en San José. Hicimos una función a sala repleta y fue una experiencia divina. En Montevideo decidimos hacerla en una iglesia porque la obra trata sobre dos monjas tercermundistas que alojan a un prófugo político, y resultó increíble", relata.

La actriz uruguaya radicada en Buenos Aires atraviesa un duro momento. Su abuela Quita falleció hace poco menos de un mes a los 91 años y la distancia pesó más. "Fue y es la luz de mis ojos", dice. Está triste pero en paz porque su abuela tuvo una vida maravillosa y dice deberle todo. Quita fue una de las que más la estimuló para que se animara a cruzar el charco y se quedara allí.

"Falleció una semana antes de de que Las estrellas se entrenara por Canal 12 en Uruguay, pero mis primos le mostraban los capítulos por Youtube así que estoy feliz de que haya podido verme actuar. Siento dolor pero la celebro en paz. Cada paso que dé en mi vida estará dedicado a ella".

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