El poder de compra de salarios cayó 8% y economía 4,6% en segundo trimestre

Inflación golpea los bolsillos rusos

Un termómetro básico de la actividad económica en ests prolija ciudad situada al sur de Moscú es el pirozhok, un pastel pequeño relleno de repollo y carne que es un elemento básico de la dieta rusa.

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Varios sectores de la actividad industrial registran disminución en sus ventas. Foto: Reuters.

En los tiempos buenos se venden con rapidez, arrebatados por pasajeros con hambre en un pequeño comercio cercano a la estación de trenes. Pero, las ventas han disminuido casi 50%, una sombría reflexión sobre la caída económica de Rusia.

"Físicamente entra menos gente", dijo Irina A. Safonova, la propietaria del comercio, quien en una día reciente servía pasteles a un menor número de clientes. "Teníamos colas. Ahora, miren lo que pasa".

Los rusos están experimentando la primera declinación sostenida de su nivel de vida en los 15 años desde que el presidente Vladimir Putin llegó al poder. El rublo cayó a la mitad de su valor contra el dólar, empujado por el desplome de los precios del petróleo, que es la sangre de la economía de Rusia. Como resultado, los precios de los bienes importados se dispararon, haciendo que el té, el café instantáneo, la ropa para niños y las mochilas para la escuela, de pronto, resulten desgarradoramente caras.

Para empeorar las cosas, está la veda que aplica Rusia a la importación de alimentos como represalia después de que Estados Unidos y la Unión Europea le impusieron sanciones por sus acciones en Ucrania. La reacción rusa se volvió rara este mes cuando el gobierno destruyó miles de toneladas de lo que calificó de alimentos importados ilegalmente, incluyendo queso y duraznos.

El abastecimiento reducido significa precios más altos para lo que puede encontrarse, aunque sea de producción local. Los rusos pagan un tercio más por el aceite de girasol, un quinto más por yogurt y tres cuartos más por zanahorias, en comparación con un año atrás, de acuerdo con las estadísticas del gobierno.

Las sanciones aplicadas por Occidente incrementan el costo de los créditos a las empresas rusas, pero no tienen participación directa en la inflación que saquea las billeteras rusas.

La inflación redujo el poder de compra de los salarios en más del 8% en el segundo trimestre de este año, en comparación con el mismo periodo de 2014, según cifras difundidas por el Banco Central de Rusia a fines de julio. Y, una señal de que lo peor todavía dista de haber pasado, es que la economía se contrajo un pronunciado 4,6% en el segundo trimestre, en comparación con el año pasado, y oficialmente entró en su primera recesión desde 2009.

"Es horrible", dijo Elena Shcherbakova, vendedora de calzado, de 47 años, cuyos ingresos, basados en parte en comisiones, cayeron casi un tercio desde el año pasado. Dice que ahora compra en supermercados con descuentos, opta por la marca más barata de salchichas y cuenta los yogurt que lleva, lo que antes no hacía.

No resulta claro qué significa esto para Putin, si es que realmente significa algo. Los problemas son pálidos en comparación con la turbulenta década de los años 90, cuando los salarios cayeron casi a la mitad. Los rusos tienen inmensa capacidad de estoicismo, y numerosas huertas hogareñas flexibilizan los presupuestos. Las tasas de popularidad de Putin permanecen altas desde que el año pasado anexó la península de Crimea —la histórica base de operaciones de la flota rusa del Mar Negro— tras el derrocamiento del presidente pro ruso Viktor Yanukovich y el ascenso de las fuerzas pro europeas, en una acción que es de alta popularidad entre los rusos.

Batalla.

De cualquier manera, la matemática resulta difícil. En el proyecto de presupuesto presentado en julio, el Ministerio de Finanzas propone frenar la práctica de incrementar las jubilaciones para que se mantengan al ritmo de la inflación, una decisión políticamente polémica que puede significar un golpe a la base más leal a Putin. Las inversiones, que son el alimento de una economía con hambre, colapsaron desde las sanciones occidentales, que también bloquearon la capacidad de Rusia de financiarse en los mercados globales.

"No tienen salida", sostuvo Sergei Guriev, profesor de economía en Sciences Po, en París. "A menos que se incrementen los precios del petróleo, están mirando un callejón sin salida". Sin recortes de gastos más profundos y si los precios del petróleo siguen alrededor de los niveles actuales, el gobierno usará en un año su fondo de reservas, creado cuando el petróleo tenía precio alto, agregó.

Los opositores a Putin argumentan que los comentarios nacionalistas que envuelven a Rusia son impulsados por el gobierno para distraer la atención de la frágil situación económica. Lo describen como una batalla en cada hogar entre la televisión —fuente de propaganda del gobierno— y el refigerador, cuyos contenidos se reducen y eventualmente podrían suscitar descontento.

Un millón de jubilados perdieron viajes gratis en el metro de Moscú.

Los recortes de beneficios que el gobierno otorgó en tiempos de prosperidad están golpeando aún más la billetera de los rusos. Los jubilados de la región de Moscú ya no tienen viajes gratuitos en el Metro, un cambio que afecta a más de un millón de personas en una de las regiones más densamente pobladas del país. Los propietarios de apartamentos a lo largo de Rusia ahora deben pagar una tasa de reparaciones mensual, lo que ha suscitado protestas en algunas regiones.

Lyudmila, una contadora retirada, de 68 años, que declinó brindar su apellido, indicó que a su marido —un artista que trabaja como decorador de interiores en proyectos de viviendas— dejó de resultarle redituable viajar a la ciudad para complementar su jubilación de US$ 153 mensuales. "Si lo único que tiene una persona es su jubilación, no puede comprar zapatos", comentó sentada en un banco de un parque junto a su nieto, quien estaba saboreando algodón dulce.

De cualquier manera, el descontento elude al presidente Vladimir Putin.

"Honestamente, estamos muy orgullosos de nuestro presidente", afirmó Vyacheslav, de 75 años, un gerente de fábrica industrial retirado, quien también rehusó indicar su apellido, mientras recorría un supermercado con un carrito casi vacío. "Gracias a él, tenemos todo esto", dijo y señaló una vitrina en la que estaban desplegados distintos tipos de ensaladas. A continuación, llamó a su señora a decirle que no había más frankfurters baratos.

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