Alfredo Pignatta - Columnista invitado

La pequeña historia del peso uruguayo

Corría el año 1960 cuando el padre de Juan y Pedro les entregó a cada uno $ 10.000.000, con la condición de que sólo podían gastarlos después de que transcurrieran 40 años.

Pedro contrató un cofre fort y acondicionó sus $ 10.000.000, por su parte, Juan consultó si podía guardarlo en dólares, no hubo problemas ya que la única condición era la de no gastarlo.

En esa época, el Partido Blanco, que después de muchos años ganó las elecciones de 1958, nombró como ministro de Hacienda, al Cr. Juan Eduardo Azzini quien promovió y logró la aprobación de la llamada Reforma Cambiaria y Monetaria; en esos años el valor del dólar era de aproximadamente $ 10 por lo cual nuestro amigo Juan compró US$ 1.000.000 y los guardó en otro cofre fort.

Los primeros años de los ´60 se caracterizaron por un franco deterioro del valor de nuestro peso, el promedio anual de inflación del período 1959-1967 fue del 40% culminando en el año 1967, último año de gobierno Blanco e inicio del retorno del Partido Colorado, con un índice de inflación del 135%, máximo histórico.

En el período de gobierno colorado 1967 - 1973 (año del golpe de Estado), se caracterizó por dos hechos económicos de gran importancia:

a) La congelación de precios y salarios llevada adelante por el gobierno de Pacheco Areco. En realidad constituyó sólo una congelación de salarios ya que la inflación promedio anual del período fue del 56%.

b) La crisis bancaria que llevó a la desaparición de 18 instituciones financieras (Bancos, Casas Bancarias y Cajas Populares) que tenían más de 400 sucursales. La causa fundamental de esta crisis la constituyó la inflación y los balances que no contemplaban su impacto en el resultado de dichas instituciones. De modo que aparecían ganancias que no eran reales pero eran distribuidas como dividendo, llevando obviamente a la descapitalización y posterior clausura de las instituciones.

Durante el transcurso de la dictadura (1973 - 1985) la situación no cambió, la inflación anual promedio fue de 55%. A mediados de los años 70, circulaban billetes de $10.000, $ 50.000, $100.000 y hasta de $ 500.000; por su parte, a vía de ejemplo, una entrada de cine costaba $ 80.000 y un refresco costaba $ 20.000.

Fue así que el Ing. Végh Villegas, Ministro de Economía en el año 1975, llevó adelante el cambio de la moneda nacional: creó el Nuevo Peso (N$) que equivalía a $1.000 (mil pesos "viejos"), de esa forma los billetes de $ 10.000 pasaron a valer N$ 10, los de $ 50.000 pasaron a valer N$ 50 y así sucesivamente. La entrada de cine pasó a valer N$ 80 y los refrescos N$ 20.

¿Qué habrá pasado con nuestros amigos Juan y Pedro? Juan pasó por su cofre fort y seguía intacto su millón de dólares. Por su parte, Pedro tuvo que retirar sus $ 10.000.000 llevarlos al Banco Central en donde le dieron unos flamantes N$ 10.000.

Al retorno de la democracia, el proceso inflacionario permaneció incambiado, en el período 85-90 el promedio anual fue el 75%. Lo mismo ocurrió en el siguiente período de gobierno (90-95), en el que el promedio anual de inflación fue de 67% con la particularidad de que el año 1990, que compartieron gobierno Blanco saliente y gobierno Colorado entrante, la inflación alcanzó su segundo máximo histórico con un 129%.

En estos años se repitió el fenómeno de mediados de los ´70: circulaban billetes de N$ 10.000, de N$ 50.000 y hasta de N$ 500.000. Similar a los ´70, las entradas de cine costaban N$ 80.000 y los refrescos N$ 20.000. Es así que Ignacio de Posadas, ministro de economía en 1993, llevó adelante un nuevo cambio de la moneda y creó el Peso Uruguayo (si bien el símbolo oficial es "$U" se utiliza "$").

De esta forma los billetes de N$ 10.000, de N$ 50.000, de N$ 500.000 pasaron a ser de $ 10; $50 y $500 respectivamente, por su parte las entradas de cine pasaron a ser de $ 80 y los refrescos volvieron a costar $ 20.

Y volvemos a nuestros amigos: Juan seguía con su millón de dólares en tanto que Pedro tuvo que volver a su cofre fort: retirar los N$ 10.000 llevarlos al Banco Central donde le dieron una hermosa moneda de $ 10.

Llegó el año 2000, fecha en la cual podían gastar el regalo que les hizo su padre: Juan se puso a planear como gastar su US$ 1.000.000 y Pedro tomó sus $ 10 y compró US$ 1, la cotización estaba como al principio en $ 10, pero con la salvedad de que ahora valen un millón de dólares menos que al principio.

Esta es la pequeña historia del peso uruguayo que en el período que vimos se devaluó un millón de veces con relación al dólar, si consideramos que el dólar en ese período también se devaluó por lo menos 3 o 4 veces, la pérdida de valor real del peso se multiplicaría por 3 o 4 veces más.

A través de este ejemplo observamos que Pedro perdió prácticamente todo lo que tenía, pero lo impactante es el hecho que, si aplicamos los criterios que muchos utilizan para preparar los estados contables de las empresas en Uruguay, esta pérdida no aparecería.

En efecto, la mayoría de las empresas, incluyendo Bancos e instituciones públicas como por ejemplo Ancap, no registran ni informan sobre el impacto de la inflación en su información contable, lo cual demuestra de manera inequívoca que dichos estados contables no cumplen con su objetivo de mostrar la situación económica y financiera de las empresas, constituyendo lo que normalmente llamamos estados contables "basura".

Obviamente, el impacto de la inflación en el resultado dependerá de la estructura financiera de la empresa y dará lugar a pérdida o ganancia en función de su posición monetaria.

La semana próxima analizaremos el impacto de la inflación en el balance de Ancap.

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