JUAN SÁNCHEZ

Pedir perdón o pedir permiso

Estudié en México en los ‘90 y aprendí a dejarme sorprender por una realidad muy dinámica, a partir de allí a valorar la observación de un entorno muy distinto al que conocíamos.

La experiencia resultó enormemente enriquecedora, una sociedad y cultura que tienen pocos puntos en común con la nuestra y esto le da un atractivo particular. Esas características le permiten encarar soluciones en forma diversa a la que estamos acostumbrados.

La norma: el cambio.

Más allá de la opinión a priori, hoy, por la inseguridad y el narcotráfico, México es un país con una valoración positiva por el récord de sus indicadores globales, siendo la economía regional con la que logramos firmar un tratado de Libre Comercio. Cuenta con indicadores macroeconómicos buenos en términos de inflación, endeudamiento público y déficit fiscal, los que lucen más meritorios si se tiene en cuenta su complejidad y tamaño.

Destaca también por realizar una serie de transformaciones estructurales en los últimos veinte años, convirtiéndose en una economía más abierta y competitiva y que ha firmado tratados de libre comercio, involucrando a más de 40 países relevantes.

A pesar de todo lo bueno dicho en el ámbito de las políticas macro (lo mismo podría decirse para la uruguaya), la performance de ciertas áreas, vinculadas directamente con la calidad de vida de la gente, es crítica.

Una sociedad opuesta a la nuestra en muchos aspectos y que se ha dejado transformar por necesidad por una realidad que se le impone. Es fácil advertir un país donde el cambio es la norma y donde el análisis, la evaluación y el ajuste vienen después de los resultados. No es otra cosa que la traducción lineal de aquel principio ontológico que se expresaba con "Mejor pedir perdón que pedir permiso".

Mientras la sociedad uruguaya desde fines los años 80 se involucró en la disputa por espacios de poder entre grupos, sectores y partidos, México se vio más desafiado a encarar reformas estructurales aplicando un sentido muy pragmático orientada a diseñar, implantar, errar y corregir, aprendiendo a su vez de toda esa experiencia.

Algunas culturas son más permeables a los intereses sectoriales, otras se ven desbordadas por ciertas demandas y por tanto se ven obligados a ser más pragmáticas, experimentan, ensayan variantes, aprenden y luego corrigen y avanzan.

Las culturas latinoamericanas impregnadas de aristas distintivas se combinan con la modernidad para dar un resultado francamente incierto, algunas han resultado exitosas, otras no tanto.

Métodos de bloqueo.

Recientemente el Ing. Jorge Grunberg, en una entrevista realizada por El País reflexionaba sobre el concepto profundo de las transformaciones sustantivas en Uruguay y refería que "las que importan" (no solo en Educación) requieren de una voluntad política importante "la capacidad de hacer está muy desperdigada mientras que la capacidad obstructiva está muy concentrada". Sostenía que hay grupos chicos y poderosos con poder de veto y no hay nadie con poder real de cambiar las cosas. El sistema educativo es un claro ejemplo, pero hay muchos otros.

Agregaba: "Los desafíos que imponen economías interconectadas son a su vez desafíos a nuestra manera de pensar, trabajar, regular el trabajo, etc., frente a un desafío la reacción es congelar y proteger". En oposición a esto afirmaba con razón que las sociedades modernas son las que se adaptan al cambio.

Un buen ejemplo y vale la pena mencionarse es la iniciativa del Presidente Obama que en feb-16 informaba de una novedosa propuesta para incluir en el presupuesto 2017 un impuesto de US$ 10/barril al petróleo producido en USA. Más allá del resultado final y del éxito de estos fondos (US$ 30 mil:) ellos se destinarían a solventar un ambicioso programa de inversiones en energía limpia, transporte público, tren de alta velocidad, coches de auto-conducción, tren ligero, metro y otros proyectos. Más destacable aún por la gran deuda histórica de USA con el cambio climático y su resistencia ideológica a aplicar mecanismos distorsivos del mercado. Parecen empezar a tomar conciencia de cuál es el problema de fondo en este ámbito .

Más allá de virtudes innegables nuestra sociedad no ha podido encauzar temas básicos que otras sociedades han resuelto de manera inteligente y moderna, aun siendo más complejas por tamaño o mayor dinámica. A pesar de todo y de conocer otras realidades, la seguimos prefiriendo. Ejemplo de ello es el caso de México antes referido, pero en realidad otros países como Perú, Colombia, Chile también han abordado transformaciones estructurales en las que mirarse.

Hemos logrado avances en los últimos 15 años en materia de integración social, facilitando un perfil diferente a la política de ingresos y gastos, aspectos que durante el último cuarto del siglo XX las políticas públicas con la complicidad y condicionamiento de las políticas macroeconómicas no se habían atrevido a encarar.

A pesar de todo ello no se han resuelto mínimamente temas de naturaleza sustancial. Por ejemplo Uruguay es un país donde incide exagerada y endógenamente el poder corporativo de ciertos sectores sociales, sindicatos, grupos de poder y como consecuencia de ello existe una serie de trabas para implantar soluciones de fondo en aspectos críticos.

¿Que faltó? Audacia, capacidad y también decisión en áreas críticas como movilidad y seguridad urbana y también gestión de residuos. Por su parte en el área de la Educación se ha sobrevivido con soluciones de cabotaje funcionales al poder corporativo dominante. ¡Ojalá esto cambie!

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