Historias

Por siempre, el Ramírez

Desde 1889, historias, hombres, caballos y curiosidades de la carrera más importante del turf nacional: es el acontecimiento deportivo y social de cada 6 de enero.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El último triunfo del gran Irineo Leguisamo en el Ramírez: fue en 1962 (Foto: Gentileza Gustavo Aguirre)

LUIS PRATS

Son apenas dos minutos y medio, pero duran todo el año. La emoción nace en los preparativos, las pruebas de los pingos, las apuestas, hasta en la elección del vestuario del público para esa tarde. Todo se descarga en la fugaz batalla entre las gateras y el disco. Y los comentarios de cada 6 de enero se extienden hasta que llega el siguiente.

El Gran Premio José Pedro Ramírez es el día en que todos los uruguayos se sienten burreros y aunque nunca hayan pisado Maroñas se pegan al televisor detrás de las patas de los potrillos, aguardando el cabeza a cabeza. Hasta podría decirse que se escucha más a Gardel cuando entona: Alzan las cintas, parten los tungos...

"El Ramírez es la principal prueba del turf uruguayo, pero es sobre todo un acontecimiento social y deportivo", afirma Gustavo Aguirre, hombre de carreras. "Maroñas está repleto, y en los tiempos en que estaban habilitadas todas las tribunas, así como la pelousse, el sector de adentro de la pista, podía convocar a unas 30.000 personas. Van empresarios, políticos, figuras internacionales. Las mujeres eligen su vestuario con cuidado y anticipación. Antes se exigía a los concurrentes al palco el uso de traje y corbata. También es el día en que se apuesta más dinero", señala el especialista, que cuenta para Domingo algunas historias del Ramírez.

Aguirre es aficionado al turf desde siempre y fue cronista durante años. Hoy integra el Comisariato de Maroñas, es decir, la comisión que decide sobre las situaciones y controversias que se producen en las carreras. Su comienzo en la profesión también tiene su anécdota: "Yo iba a Maroñas todos los domingos. Y conocía a Zelmar Michelini, que era también gran burrero. Un día me contó que iba a sacar un diario, Hechos, y me invitó a escribir de turf. Luego Hechos pasó a la órbita de La Mañana y El Diario, y seguí ahí. Cuando cerró el diario de Zelmar, me integré a esos diarios y seguí trabajando", relata.

El origen.

Se corre desde 1889, incluso desde antes de la fundación del Jockey Club, aunque con la denominación "Carrera Internacional". A partir del año siguiente, ya establecido el Jockey Club, este pasó a organizarla. Ahora depende de la firma Maroñas Entertainment.

El nombre.

José Pedro Ramírez fue una personalidad múltiple del siglo XIX y comienzos del XX: abogado, docente y periodista. Fue impulsor del Ateneo de Montevideo y rector de la Universidad. También fue fundador del Jockey, e incluso los terrenos del Hipódromo habían sido de su familia. Cuando falleció en 1913, en ejercicio de la Presidencia del club, recibió el homenaje de la prueba a partir de la edición de 1914.

La fecha.

Siempre se corrió el 6 de enero, día de Reyes, aunque tres veces se postergó por fuertes tormentas que anegaban la pista o incluso dificultaban llegar hasta el Hipódromo de Maroñas, situado en una zona inundable. En esos casos se largó al otro día o el domingo siguiente. Y algunos años no hubo carrera, por problemas institucionales o conflicto con funcionarios, sin contar el período entre 1997 y 2003, cuando Maroñas estuvo cerrado.

Un empate.

Hasta ahora se han corrido 117 ediciones del Ramírez, con 118 ganadores. Casualmente, hubo puesta (empate) en la carrera inaugural, entre Havre y Recuerdo. Teóricamente, siempre puede darse el caso de un empate entre dos caballos o incluso más, aunque los progresos de la fotografía (el famoso foto finish) permiten hoy apreciar hasta la mínima ventaja, algo imposible en 1889.

¡Legui!

El jockey que más veces la ganó es, naturalmente, Irineo Leguisamo, considerado el mejor de todos los tiempos en América del Sur. Fueron ocho victorias: la primera en 1926, con Zarpazo 2°, la última en 1962, con Arturo A. Una prueba de su larga vigencia. La foto grande en esta página refleja justamente el dramatismo de su triunfo de 1962.

Romántico.

Entre los dobles ganadores del Ramírez figura Romántico, el pura sangre más importante de la historia del turf nacional. No solo repitió en la prueba del 6 de enero (1939 y 1940), sino que fue el único caballo uruguayo en imponerse dos veces en el premio Carlos Pellegrini porteño. Iba por la tercera victoria cuando se lesionó en pleno Pellegrini.

Cambiazo

Otro pingo muy famoso fue Cinzano, vencedor del Ramírez en 1977. Pero su fama se extendió mucho allá de Maroñas. Fue vendido a Estados Unidos para competir en ese país. Al tiempo, una mujer llegó a Uruguay buscando un caballo que fuera parecido a Cinzano; encontró uno sin grandes antecedentes llamado Lebón y se lo llevó también a Estados Unidos. Al tiempo se descubrió la maniobra: fraguaron un accidente en el cual supuestamente había muerto Cinzano, cuando en realidad lo cambiaron con Lebón, lo que les permitió cobrar un importante seguro. Bajo el nombre del desconocido Lebón, Cinzano volvió a correr, ganó y pagó un altísimo dividendo, hasta que lo descubrieron.

Jocketa.

La única mujer que corrió el Ramírez fue la argentina Marina Lezcano, en 1982. Llegó cuarta. Muy notoria en su tiempo, Marina abrió el camino para las jocketas en una actividad monopolizada hasta entonces por los hombres. En su carrera logró más de 600 triunfos.

¡Qué final!

Entre muchos finales de bandera verde, se recuerda especialmente el de 1963. Llegaron juntos Sestao, con la monta de Manuel de Santis, y Tranquilo, con el chileno Eduardo Jara. No solo fue el Ramírez definido por la menor diferencia, sino que se registró un instante de confusión, que relata Aguirre: "Con la bandera verde en alto, todavía con el sistema antiguo, el sentenciador anunció el resultado desde su casilla, tras ver la foto. El funcionario encargado de mostrar el número ganador se confundió: le cantaron tres y entendió diez, por lo cual amagó con levantar el diez. Los dos jockeys, a caballo todavía, esperaban la definición. De Santis, que era el tres, vio el movimiento y le ordenó a Sestao que se diera vuelta. En ese momento aclararon que él había ganado, pero no pudo ver su cartel en alto".

Sin escándalos.

Más allá de los finales emocionantes, el Ramírez puede exhibir que nunca se produjo un "distanciamiento", o sea la sanción a algún participante por maniobras indebidas. Tampoco se registraron caballos dopados. "Hubo polémicas, pero nunca escándalos", asegura el especialista.

Cuando perdió.

Alguna vez al gran Leguisamo le tocó perder. En 1950, por ejemplo, en final emocionante. El jockey salteño llevaba a Luzeiro, en tanto el argentino Elías Yacaré Antúñez corría con Penny Post, el mejor caballo de su país. "Ocurrió entonces algo que muestra la expectativa que despierta el Ramírez y la multitud que siempre concurre. Penny Post era un gran caballo, aunque algo mañero. Antúnez lo llevaba bien, pero cuando faltaban 200 metros escuchó que el público , acercándose a la pista por el lado de la pelousse, empezaba a gritar "¡Leguisamo, Leguisamo!". A Irineo le gustaba llegar de atrás, de atropellada. Yacaré miró hacia el costado, no lo vio, pero por las dudas empezó a dar fusta. Y eso le hizo ganar la carrera por un pescuezo, casi nada. Así me lo contó el propio Antúñez", recuerda Aguirre.

La tercera nunca llega.

Hubo siete caballos que se impusieron dos veces en el Gran Premio Ramírez. Uno de ellos, el brasileño Hielo, estaba anotado para correr este año, pero a último momento quedó afuera por un golpe sufrido tras un entrenamiento. Perdió así la oportunidad de quedar en la historia como el único con tres victorias, ya que se había impuesto en 2014 y 2015. No es usual que un buen caballo dure tanto tiempo en el alto nivel. Para Gustavo Aguirre, el favorito es "el crack del año, Mi Centinela", incluso si Hielo hubiera podido competir.

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