Por Mariel Varela
Radio Centenario en 1972, Universal en 1975. Al lado de Isidoro Alberto Sacra primero, y Víctor Hugo Morales después.
El último gran pase de Julio César Gard sucedió en 1981, y desde ese año a la fecha, acompaña a Alberto Kesman en los relatos de la 970 AM. No lo siente un amigo pero sí un gran compañero, y responsable de haberle dado su gran oportunidad.
No le gusta que lo etiqueten de estadígrafo, y prefiere definirse como informador. Maneja un archivo imponente que abarca desde la era amateur hasta la profesional. Eso sí, todo encarpetado, nada en la computadora.
Señas particulares: tono de voz que lo identifica, fanatismo por Fénix producto de una tradición familiar, y comentarios polémicos.
Tras seis meses de reposo, volvió al ruedo y recibió a Sábado Show en la oficina de Tendfield, donde se desempeña como periodista digital. "Me gustaría opinar más, pero no me dejan", dijo entre risas, y así se despachó contra sus colegas de "La hora de los deportes".
pionero. "Cuando empecé en Oriental nadie llevaba estadísticas a nivel radial", sentenció. La gente no se informaba a través de Internet, y aún no había estallado el boom tecnológico. Recopilar la información era una tarea compleja. Pero eso no frenó al periodista que se propuso crear un archivo propio. El objetivo era responder de forma acertada a las dudas e inquietudes de los oyentes. "Alguien me iba a llamar y preguntar sobre la formación de Peñarol de 1950, por ejemplo, y algo tenía que decir".
Logró recolectar los datos sin necesidad de acudir a la Biblioteca Nacional, gracias a la colaboración de tres muy buenos amigos. Desde 1899 hasta hoy. "No me falta absolutamente nada", indicó. Ordenado año por año, día por día, campeonato por campeonato. Y en biblioratos porque no confía en la computadora: "Te viene un virus y voló todo, por más recuerdos que tengas".
Tampoco se fía de la memoria y es proclive a corroborar la información frente a cualquier pregunta, y así evitar errores. "Puedo saberlo pero prefiero fijarme y estar seguro", señaló.
Dichos. Tiene un par que quedaron en la memoria de varios. Recordemos alguno.
Dio como descendido a Bella Vista durante el torneo, y su técnico Apo Yeladian se lo agradeció al finalizar el campeonato. "Después de mi comentario pegaban carteles en los vestuarios que decían, `hay que ganar para pasárselo por la jeta a Gard`. Cuando se salvaron me lo dedicaron", y Apo reconoció que "remonté la parte anímica del equipo de una forma increíble", relató Gard.
La acusación que realizó acerca de la sexualidad de los psicólogos fue un tanto más grave, y causó gran barullo. "Pedí disculpas apenas volvimos de la tanda porque yo me refería a una persona en particular, no a todos. Pero pueden haber quedado ofendidos", resumió. La anécdota que recuerda a continuación parece confirmar que a los terapeutas no les gustó mucho. "Hace dos años iba por el Shopping, un tipo me mira, y me dice, `mire Gard que yo soy psicólogo y no soy gay`. Le respondí, `ah, muy bien, muchas gracias`. Me dio una risa", rememoró el periodista.
Quietud. De la cama al escritorio durante seis meses. La rotura del platillo tibial de la pierna izquierda lo dejó medio año inactivo. De agosto a noviembre no pudo siquiera apoyar el pie en el piso. Luego, la opción fueron los bastones canadienses, pero nunca los usó. "Estar seis meses sin trabajar, te lo regalo", dice quien no sabe estar un minuto quieto.
No extrañó ir al estadio porque su labor desde el estudio no le da esa chance. Su última visita al Centenario fue con el fin exclusivo de que su hijo conociera el estadio.
La única opción era la tele. Pero eligió "desenchufarse", y evitar pensar en su trabajo. "Me pasé a los programas de chimentos. De tarde lo único que había era Rial y la Canosa. Para mí era un mundo distinto. Ahora estoy un poco más enterado de las cosas que antes", bromeó.
Otros tiempos. Vivió la época del handy, "unos equipos enormes y pesados, a batería, con una antena y un micrófono", explicó el periodista. En esos años, ni miras de aparecer el celular. La forma de comunicarse desde la cancha al estudio era pedir prestado el teléfono a algún vecino que viviera cerca, e ir y venir cuando pasaba algo importante en el partido. "Hoy le decís a cualquier chico salido de una escuela de periodismo que tiene que ir a cubrir una nota, y no va si no le das un celular".
Su pasión en aquél entonces era comprar radios transoceánicas: "Era la única forma que tenía de dar la información del exterior. Levantaba la antena, sintonizaba una emisora desde el estudio, por ahí agarraba alguna radio, y cuando iban a decir el resultado, pum, se me iba la onda".
Los tiempos cambiaron y Gard supo adaptarse a las comodidades que ofrece la tecnología. E incluso incorporó una computadora a su escritorio en "La hora de los deportes", y dejó de lado los famosos papelitos. Aunque aún mantiene su postura: "Trabajo era el de antes, ahora es muy fácil".
Con los dos Albertos
Hacerlo elegir entre los dos Albertos (Kesman y Sonsol) es ponerlo entre la espada y la pared. "No me gustaría hacer una elección. Habría que dividir. Kesman es el uno en el fútbol, y Sonsol lo es en el basketball". Así esquiva la cuestión el periodista. "Kesman me dio la gran oportunidad, y con Sonsol también llevo muchos años trabajando". No hay caso, no va a optar por ninguno de los dos tocayos.
Entiende que son dos estilos diferentes pero sí los hace coincidir en un punto: "No soy amigos de ninguno de los dos, porque esa palabra implica muchas cosas".
Capo en la estadística sí, pero adivino no. Con Uruguay tampoco se la juega. "Es un campeonato del mundo, llegan los 32 mejores. Ahí no hay estadística válida; jugás bien, ganás y te metés". Aunque reconoce que le tiene una fe bárbara a los charrúas en Sudáfrica.