Firmé autógrafos y me doy cuenta que sí, que tienen razón: la fama es puro cuento". Horacio Camandulle es demasiado grande para interpretar a personajes corrientes. "La ropa me queda chica cuando la vamos a probar, hay que cambiar el encuadre, entonces los castings a mí un poco me enferman y frustran, y me siento a veces juzgado como actor. Tenemos una estadística con un compañero: tenés que hacer diez castings para quedar en uno". Si le hubiera hecho caso a su estado de ánimo, no se hubiera presentado a la prueba para interpretar a Jara, el protagonista de Gigante, que unos meses después no sólo le permitiría hacer una película, sino también vivir su propia película. "Fue la primera vez en 15 años que trabajé sólo como actor, esas 5 semanas de rodaje fueron mi vida de actor; me levantaba, iba a actuar y volvía a casa cansado: `actué todo el día`".
AMOR CON HUMOR. "A golpe de vista se puede decir que se trata de una comedia romántica, porque tiene mucho de humor sutil. También un humor de `golpe y porrazo`, más conocido. Mucho amor, porque es una película de amor, y un abordaje distinto, porque delinea un personaje en Jara que se obsesiona, se enamora y muestra ese flechazo que ralla un poco con la locura. Es interesante ese aspecto de la persona, que llega a ese borde de límites que realmente no sabés si está loco, si es violento. Es algo que conocemos de qué se trata en algún momento de la vida, ¿no?" Para el espectador común, la otra protagonista de Gigante, no es una desconocida. Leonor Svarcas confirmará su status de nueva cara de la comedia televisiva en unos meses cuando se estrene Hogar dulce hogar, la serie de ficción que producirá Canal 10, y en la que actuará junto a Hugo Arana y Graciela Rodríguez entre otras figuras. Svarcas y Camandulle son totalmente cómplices. Uno festeja el chiste del otro, redondean las ideas juntos y se ríen a carcajadas cuando recuerdan cómo dos actores anónimos que llegaron al segundo festival de cine más importante del mundo (Berlín), se vieron de pronto firmando autógrafos, dando entrevistas y ocupando portadas en los diarios del mundo. "Me pasó al volver y ver cómo la gente responde en la calle, me doy cuenta de todo lo que pasó acá cuando estábamos allá, te felicitaban por una película que ni siquiera se había estrenado", comenta Svarcas. "Yo pensé que este festival (Berlín), iba a ser más parecido a los de teatro, más burbuja: allá te tratan bien y sos el actor, pero acá venís y sos el que se toma el 75. Y cuando llegamos al aeropuerto, había cámaras, banderas uruguayas, gente esperando", recuerda Camandulle.
METIER ACTORAL. El cuerpo puede a veces inventar -y ser en sí mismo- un vocabulario vasto. Gigante es de esas películas en que el comportamiento de sus personajes transmiten ideas mucho más interesantes que lo que surge de detenerse en los pasajes hablados. En este caso, la comedia fue un trabajo a medida para este gigante, metalero, tímido y callado, que logra despertar humor desde el "sufrimiento": "El personaje está viviendo un drama, no hace cosas graciosas, el humor nace desde una situación casi patética, de verse en un mundo que sigue girando y él está en otra". El objeto de amor/protección, es Julia, una limpiadora que siempre estuvo pensada para ser interpretada por Svarcas, quien en el pasado incluso filmó y escribió el guión del cortometraje Total disponibilidad junto a Adrián Biniez. "Como actriz yo no tenía un guión que aprender, lo que está bueno, porque ella habla permanentemente pero no se escucha lo que dice. Y creo que no es que se maximizó lo gestual, es simplemente que se vio la persona más desde ese punto de vista distante del otro personaje", explica Svarcas.
Como el propio protagonista explica, no es fácil emocionar al público para que encuentre lo poético, sin caer en la emoción hollywoodiana. "Me di cuenta de que en cine el actor se preocupa más por el plano que le hacen que, por ejemplo, hacer un tratamiento del personaje." Fiel a su formación teatral, que según Camandulle le aportó "la actitud artística", preparó una historia emotiva del personaje, según la cual: "A ese tipo se le murió el padre a los 8 años, vive solo pero hace poco murió la madre porque en su casa aún conviven los adornos de ella. Es un tipo solitario que hace mucho que no se enamora, pero tuvo un amor. Es un hincha de cuadro de barrio, y uno de sus jefes lo llevó al estadio cuando era más chico". El Jara imaginado por Camandulle, y el Jara que creó en la pantalla, se enfrentaron al Jara real; porque existe. "Él tiene cresta, pearcings, se pinta los ojos, se viste de negro, tiene más el nombre y el físico del personaje, pero fue muy emotivo, nos dimos un abrazo desde la primera vez que nos vimos."
JUEGO DE MUÑECAS. Gigante es una pequeña gran película que contra los pronósticos de su director y actores, conquistó Berlín, logrando tres premios que la convirtieron en la promesa de festivales como el BAFICI, el cual inauguró, al igual que el Festival de Punta del Este. ¿Qué vieron en este film? "La comedia tiene esa cosa de bien público, de hacer reír a la gente, que es maravilloso. Y que estés haciendo una película de amor, que es una actitud hablar de amor en esta época, sorprendió mucho en Berlín", comenta Camandulle. Según sus protagonistas, no hay que quedarse con el mensaje más accesible de la película: es un film que no se resuelve en una sola idea. "¿Por qué trabaja en un supermercado? El supermercado es la metáfora del capitalismo, porque tu ves todo lindo, ordenado, música, buena luz; pero detrás están los vestidores que no son tan prolijos, los empleados que a veces comen en las escaleras, la parte trasera que parece una cárcel con los alambres de púa. El capitalismo es seducción, pero tiene por debajo cosas nefastas que nos hace formar a veces esos seres medio duales", opina el actor.
Las expectativas que generó Gigante en Berlín se comprenden si se tiene en cuenta que en la edición pasada fue otra película latinoamericana (la brasileña Tropa de Elite) la que resultó ganadora, y que sólo dos filmes representaban al cine latino en la edición de febrero. 2500 personas asistieron a la función. "Se reían de todo, lo que demuestra que tiene un humor muy universal (...) se vendió a muchos países, incluso a Estados Unidos, que es un mercado difícil, hay mucha aceptación. Es increíble", dice Svarcas. Cuentan que llegaron al aeropuerto alemán con 15 valijas ella, y él con una, y que sin embargo, al único que revisaron fue a él. Que había un español, que sería su asistente a lo largo de los 10 días del festival, que los esperaba con un ramo de tulipanes rojos, y que Horacio le sacaba fotos. Más adelante, en los momentos de tensión nerviosa, este hombre se acercaba a él y le repetía "tranquilízate, tú eres la estrella, tienes una belleza interior". Que dos diseñadores nacionales (Ana Livni y Marcelo Roger) crearon modelos exclusivos para Leonor, que tenía que compartir alfombra roja con Michelle Pfeiffer, y que Horacio no consiguió saco negro, porque le quedaban chicos, y el embajador uruguayo en Alemania le mandó un coche particular para que lo llevara de compras; tenía que estar impecable. Y que después de la primera exhibición, primera vez que veían su trabajo, el grandote se emocionó, se puso a llorar y quiso ir al baño. En ese trayecto, primer contacto con el público, la gente se le acercó con fotos en la mano pidiéndoles autógrafos, felicitándolo y queriendo abrazarlo, mientras que la crítica lo anunciaba como un fuerte candidato al Oso de Plata a Mejor Actor.
¿Qué pasa después? "Obviamente todo esto te genera mucha expectativa e incertidumbre, que es la parte oscura. Te hacés la cabeza con lo que tiene que pasar, porque la gente te pasa toda esa expectativa. Pero acá no existe el manager que te descubre, tengo que ser honesto conmigo mismo. ¿Se abrieron puertas? No, se abrieron los micrófonos y se prendieron las cámaras.", dice Camandulle, que si bien aún disfruta de ser la celebridad del cine nacional (la película se estrenó ayer en Uruguay), retomó su otra profesión apenas llegó a Montevideo: maestro.
-¿Te proyectás como actor o como maestro?
-Es la pregunta más difícil, no puedo canalizar mi energía en una sola cosa (...)Tengo mucho que aprender de las dos, todos los días sentís algo distinto: a veces me voy de clase creyendo que la tengo re clara, que tengo terrible clase, y otras me frustro y siento que nada que ver. Con la actuación pasa lo mismo, cada paso es un obstáculo, un proceso de búsqueda, en el que te das cuenta que siempre estás aprendiendo.
Svarcas fue más afortunada, si bien reconoce que no siempre pudo vivir de su profesión, aunque lo intenta, se mantuvo activa en cine, en la escala que la industria nacional permite. Primero vino un pequeño papel en Acné, siguió Gigante y luego El cuarto de Leo (Enrique Buchichio), de próximo estreno. "Lo importante es lo que te sucede después del rodaje, porque es un efecto tan burbuja, estás tan para eso... que cuando terminás es un cambio anímico importante", concluye, acerca de la pequeña película que los convirtió en gigantes.