Por: Martín Cajal
Viernes 26 de setiembre, 21 hrs. En el hall de la Sala Zitarroza se amontonaba un público variado pero igual de ansioso. Una impaciencia lógica, porque en instantes tocarían Los Mockers después de casi cuarenta años de ausencia. Sus integrantes viven en el exterior (Polo en Suiza, Esteban y Julio en España, y Jorge en Argentina), por lo que también será una vuelta a su patria y de la mejor manera, tocando. El baterista del grupo, Alberto Freigedo, murió en 1972 en un accidente, por lo que será sustituido en la ocasión por Nicolás Rodríguez de Boomerang. Los jóvenes los verían por primera vez en vivo, mientras que los veteranos se reencontrarían con una de las bandas de su adolescencia. A fines de los sesentas, la escena local tuvo en Los Mockers a uno de los mayores exponentes del rock, quienes adoptaron a los Rolling Stones como máxima inspiración; tal como hicieron Los Shakers pero con los Beatles. Hay que tener en cuenta que ellos absorbieron la esencia de Jagger y compañía enseguida, casi de forma contemporánea. Escucharon a los Rollings, se coparon y empezaron a componer temas propios a partir de esa influencia bien desde temprano, con una soltura creativa increíble, ganando una posición privilegiada a nivel regional e internacional. Porque si uno escucha a los herederos criollos del sonido "estone",enseguida se admira no sólo su similitud, sino que, sobre todo, su originalidad a la hora de componer canciones propias, que bien podrían ser de los británicos. De teloneros, los jóvenes de Boomerang calentaron el escenario con sus guitarras crudas y alguna reserva para el pop. Después, el momento llegó: aparecieron cuatro "muchachotes" que pasaban los cincuenta años, rodeados de aplausos y griteríos. En segundos, surgieron sus acordes nerviosos, que comenzaron a arrebatar golpes de palma, movimientos frenéticos de pie y sonrisas dientudas. A partir de ese momento, se inició un viaje en el tiempo. O más bien, un espectáculo que se destacó, aunque suene raro, por su juventud... Como invitados, Los Mockers apostaron por presencias también jóvenes, como el cantante y el guitarrista de la banda telonera, el violero de Silverado y el ex líder de Astroboy, admiradores de los uruguayos estones. Generaciones unidas por el rock, por la misma cosa, tal como se daba en las butacas. "Tengo poco para decir y mucho para dar", advirtió Polo, cantante y guitarrista de la banda. Y así fue. Porque la emoción que se percibía tanto arriba como abajo del escenario no necesitaba de palabras, o éstas quedaban chicas: la presencia de familiares, ver de vuelta a su público uruguayo después de tantos años; la evocación al cineasta Juan Pablo Rebella (fallecido en 2006), quien junto a Pablo Stoll fueron en parte responsables de reflotar del olvido a Los Mockers, gracias a su película 25 watts, que incluía canciones de la banda; el encuentro con un público joven, nuevo, igual de fiel; el homenaje a "Beto" Fregado… Tantas sensaciones encontradas sólo podían expresarse de una manera, a su manera. La música se convirtió en la mejor traductora para ese momento emotivo, extraño y a la vez histórico. Más de una hora de rock, blues y pop que certificaron la frescura de su carácter musical, entre rabioso y juvenil. Porque al cerrar los ojos, esos cuatro veteranos de vestimenta sobria parecían unos jóvenes de veinte años enloquecidos, virtuosos, divertidos: las tres cosas. Como si el tiempo no los hubiese tocado y la rebeldía sonora siguiera respirando, intocable. Casi veinte temas, entre los que obviamente aparecieron versiones de los Rollings (Let´s spend the night together, Under My Thumb, Paint It Black) y clásicos de la banda como Make Up Your Mind, Girl, You Won`t Succeed, You Got It, entre otros, todos con nuevos arreglos. También presentaron cuatro canciones nuevas (que saldrán en un nuevo trabajo discográfico previsto para 2009), insólitamente geniales, con la misma factura rollinga y la misma luz de originalidad: dos elementos constantes en su fugaz carrera y que ahora, cuarenta años después, Los Mockers lo demuestran de forma casi insolente. Claro, si fue un regreso.