Fanáticos de ser fanáticos

Así como hay gente famosa por ser famosa, hay gente fanática de ser fanática. American Idol, Viaje a las estrellas, Harry Potter y hasta el grupo Duran Duran son algunos de los ejemplos.

No se precisaba ser Boris Cristof, ni Horangel, ni Ludovica Esquirru, para predecir que David Cook, blanquito y rubión, le iba a ganar la final de American Idol al latino David Archuleta.

No digan que no les avisé. Tal y como lo preveía en mi columna escrita antes de la final, el blondo David Cook gano por 12 millones de votos. En parte porque sus aires de duro le funcionaron más a las tsicas, que votan por los lindos, que el aire blandengue de Archuleta. Y en parte porque estaba clavado, por estos momentos de polarización en la sociedad de Estados Unidos.

Una instancia clave fue cuando, durante la final, la cadena Fox mostró al abuelito mexicano de Archuleta, que no habla español y tuvo que ser traducido por una familiar. Allí nomás, de un saque, su nieto perdió varios millones de votos.

El otro día me tocó andar por los Apalaches, esa zona tan virulentamente retratada en aquella famosa película La violencia está en nosotros. La del banjo y la guitarra, los domingueros en las canoas y el impresentable de Burt Reynolds en su única película seria.

Sigue siendo una zona súper atrasada a pesar de que recientes explotaciones petrolíferas han traído una súbita prosperidad.

Pues bien, allí, en las típicas gasolineras y en las cafeterías, también típicas, la gente no se priva de decir que, Obama o no Obama, ellos NO van a votar por un negro.

Una reciente nota, en la misma zona, un poco más al sur, publicada por el New Yorker, confirma estas impresiones que se repiten, sin maquillaje, en zonas igualmente prejuiciadas, como South Dakota o en Indiana, acá, casi a las puertas del democrático Chicago.

Ahora y como les iba diciendo en la columna pasada, los millones y millones de votos por American Idol son una pesada mochila en mi conciencia.

¿Con qué le explicás a los lectores, Barilari, que un país en guerra, con ya más de cuatro mil muertos y más de treinta mil heridos graves, se entregue de pies y manos a una fiebre tan banal como la de American Idol?

Me siento como Borges cuando expresaba su perplejidad ante el magnetismo que el fútbol ejerce sobre las multitudes. "Un juego tan estúpido", dijo Borges.

Bue, a mí, que el fútbol no me parece estúpido, estúpidos me parecen los barras bravas, me pasa lo mismo con American Idol y sus fanáticos. Debo ser Vulcano, como el Sr. Spock.

Mas allá del fútbol y de American Idol, hay gente que es fanática de ser fanática. Fanática de algo. No es lo mismo que ser apenas un cholulo.

No necesitamos ir al ejemplo de la secta de fanáticos de Viaje a las estrellas. Como una ciudadana a la que nombraron para integrar un jurado, onda Perry Mason. Como era tan importante para ella, quería ir en su mejor atavio. Y se fue en su disfraz de tripulante de la Enterprise. El juez la sacó como chicharra de un ala.

Otra categoría son los fanáticos de Tolkien, a los que ahora se suman los fanáticos de Harry Potter.

Lo que no es más que una fábula infantil y juvenil, que al menos ha logrado que los chicos lean, ha sido convertido por solitarios adultos sin otra cosa que hacer, en un culto.

Resulta que estos fundamentalistas de Harry Potter, que hasta han armado una sociedad con jerarquías y categorías sacadas de los libros, han pretendido dejar afuera a la autora y convertirse en los custodios de Harry y su mundo. Hay juicios en marcha que, si les interesa, pueden seguir por Internet.

Otros que se pasan de fanáticos, pero esta vez en Rusia, son ese puñado de comunistas que se han visto ofendidos por la cuarta reencarnación de Indiana Jones.

La película, mayoritariamente considerada la peor de la serie, es vieja hasta en eso. Pero después de destapados todos los tarros de la KGB y los Gulags, todavía estos bolches nostálgicos tienen el tupé de ofenderse.

Deberían hacer como hacen los estadounidenses, que filman sus propias películas sobre los innegables crímenes de la CIA y hasta les dan un Oscar. Tampoco tiene ningún efecto práctico. Pero es mucho más sano.

barilarius@yahoo.com

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