¿Ha nacido una esperanza?

| ¿Qué onda con Obama Superstar? Es la pregunta del Millón de Martini. Ni tengo ninguna bola de cristal, ni soy Boris Cristoff. Pero tampoco le escurro el glúteo a la jeringa.

barilarius@yahoo.com

Barilari, lo que se está viendo de afuera es que la sociedad estadounidense está en un momento crucial y dramático. Lo que escribiste sobre la matanza en la última universidad lo reafirma. Me gustaría que dijeras si desde allí lo de Obama no puede ser visto como la última esperanza.

Firma: Carlos Bertrand

RESPUESTA: Después de vivir en Estados Unidos durante diez años, esperanza, lo que se dice esperanza, sí le veo.

Una sociedad de este tamaño, con los recursos de ésta y con la potencia de ésta, puede, si quiere, superar esta encrucijada.

Lo que hay que ver es si esta sociedad QUIERE hacerlo, o si hace la de los tres monitos y se tapa los ojos, los oídos y la boca. Y se hunde con el barco.

Hay señales de que esta sociedad está escuchando, la verdad, las hay.

La ventaja de una sociedad abierta como ésta, es poder acomodarse, reacomodarse y darse vuelta en el aire.

Pero veamos las contras.

Una, el peso agobiante de las corporaciones y del complejo militar e industrial, denunciado ya desde fines de los años 50 por el general y presidente REPUBLICANO Eisenhower.

Dos, la corrupción del sistema político, que está en gran parte comprado o alquilado por esos mismos intereses corporativos.

Tres, el peso de los sectores más retrógrados del fanatismo evangélico. Aunque últimamente se han resquebrajado, ahí están, con su aterradora fe ciega. Y son millones y millones.

Cuatro, la destrucción, desde Reagan para acá, de múltiples sectores del entramado social, en particular la educación publica, el sistema de salud, el sistema de la seguridad social y los sindicatos.

Cinco, la herencia maldita de ocho años de "presidencia imperial" de George W. Bush. Incluyendo la ocupación de Irak y el avasallamiento de la independencia del Poder Judicial, así como el grado de deterioro de las garantías y libertades de los ciudadanos. Para decirlo en criollo, esto es un pachecato tamaño baño.

Seis, el desplome de la clase media, a un punto que es difícil de transmitir y difícil de imaginar desde afuera. En gran parte gracias al tan erróneamente adorado Mr. Greenspan.

Siete, la pavorosa deuda externa, básicamente en manos de chinos y de árabes.

Ocho, un sistema electoral que es vulnerable al fraude y lleno de limitaciones al principio democrático de UN HOMBRE, UN VOTO.

Ahora basta de pálidas. Hay salidas y hay indicios positivos.

El modelo de desarrollo actual de Estados Unidos no es sustentable y se empiezan a dar cuenta.

Es más, si lo chiquicientos millones de chinos, coreanos, indios e indonesios quieren tener un auto y tres TV cada uno, comer lo que comen en Estados Unidos (mal, por cierto) y producir la cantidad diaria de basura diaria per capita que producen los Eatados Unidos, necesitaremos cuarenta planetas Tierra, en vez de uno.

No da. No da mismo.

Hasta Bush se ha tenido que desayunar del tema del recalentamiento global y la dependencia de un recurso perecible, como el petróleo.

En el tema trabajo, se están dando cuenta de que no puede ser que todas las obligaciones y todos los costos sean para el empleado y todas las libertades y privilegios sean para la corporación. Incluso mandarse mudar con el botín a las Islas Caimán.

Se están dando cuenta de que no puede ser que en vez del médico, la que controle tu salud sea una compañía de seguros.

Se han dado cuenta de que con el cuento de la "guerra contra el terror", los neoconservadores se fueron a meter a Irak por el petróleo, para darle una moneda a los fabricantes de armas y de paso para probar sus ideas sobre la privatización del ejército. Por eso se explica el fenómeno Obama. Que no dice nada concreto pero promete cambio, cambio, cambio. Vende esperanza a manos llenas. Y es un mulato, es tan simpático.

Se están dando cuenta de que para que todo siga como está, algo tiene que cambiar. La gran pregunta es ¿hasta donde se dan cuenta?

Con Obama puede haber nacido una esperanza. O no.

El uso aquí de esa vieja consigna es, por cierto, una ironía.

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