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Cómo te explico. El problema con Obama es que es casi imposible ser duro con él, por lo poco que se sabe y por lo breve de su carrera. Y tampoco es posible ser muy elogioso, dada la vaguedad de sus planteos.
Tiene cosas a favor, como haber estado contra la invasión de Irak, desde el principio.
Pero también cometió el considerable desatino de votar a favor del súper muro que están construyendo en la frontera con México. Y que está condenado a quedar como otro aborto de la historia, como todos los muros.
Sus discursos de campaña son cada vez más vacíos, cada vez más pomposos, estilo predicador evangélico, y cada vez tienen menos contenido.
Todo es SOMOS EL CAMBIO y todo es NOSOTROS PODEMOS y todo es repetir la vieja consigna del sindicato de trabajadores agrícolas de César Chávez: SÍ SE PUEDE, YES WE CAN.
Pero qué tipo de cambio y qué es lo que podemos, no queda para nada claro.
Uno sabe que Obama quiere desocupar Irak lo antes posible y negociar con Irán, con Siria, con Corea del Norte, como deberían estar haciendo hace rato, como hicieron con los rusos.
No negociaron con Fidel y ahí está Fidel, dándose el lujo de jubilarse a medias y tan campante.
Negociemos, Inodoro.
Pero no se sabe qué va a hacer Obama con los beneficios impositivos para los más ricos, regalo de Bush.
No se sabe qué va hacer con las urgentemente necesarias leyes para controlar las armas.
No se sabe qué va a hacer con la fallida "guerra a las drogas" que cada año manda a cientos de miles a las cárceles sin ningún efecto sobre el consumo y con efectos sociales catastróficos, especialmente para las comunidades negra y latina.
No se sabe qué va a hacer para mejorar la vergonzosa situación de la educación, la salud pública y el sistema de seguridad social.
No se sabe cómo piensa restaurar la independencia de la Justicia, hoy sometida al poder político de la presidencia.
No queda nada, pero nada claro, qué piensa sobre el tema inmigración.
Muchos de los que apoyan a Obama reconocen que es como firmar un cheque en blanco.
Cuando lo conocí, Obama no tenía un mango. Recibía un sueldito de morondanga como abogado de derechos civiles y manejaba un auto usado.
Tres o cuatro años después, se estaba comprando una casa de un millón y medio de dólares más el terreno de al lado, que le costó otro ojo de la cara.
¿Cómo pasó de las ocho horas a la riqueza y a niño mimado de Wall Street, capaz de obtener donaciones del vecino de la cuadra, pero también de las multinacionales? Misterio.
Uno de sus "benefactores" de la primera hora es un tal Tony Retzko, un trucho total que ahora está en cana por todo tipo de matufias. Y Obama no termina de aclarar sus vínculos mutuos y recíprocos.
Por eso, no creo haber sido duro con Obama, que me cae bien, pero le debo a mis lectores el ser sincero respecto a sus claroscuros.
Aclaremos: en Estados Unidos las campañas políticas son tan, pero tan caras, que cualquier candidato, desde edil a presidente, tiene que venderse o alquilarse para poder pagar por el tiempo imprescindible de TV y de espacio en los diarios. Es una mochila más pesada que el arco de Peñarol, como dirían mis colegas de la Sección Deportes.
Todo el mundo lo sabe, pero fingen que está todo bien y que Estados Unidos le puede dictar clases de democracia y de honestidad al resto del planeta.
Es un círculo vicioso, del cual Obama, pobrecito, no tiene la culpa.
Las grandes corporaciones, que son las que compran y alquilan políticos, chochas de la vida.
Las seis cadenas que controlan la TV, la radio y los diarios, chochas de la vida, porque pueden seguir amorralando verdes billetes a cambio de publicidad pagada a precio de oro.
Y los políticos muzzarella, porque necesitan la plata de las donaciones y la atención de los medios.
De modo que, amigo lector, cuando te sientas rechiflado en tu tristeza por Obama o por Hillary, acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo pa`ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión.
Chin, pum.