OPINIÓN
POR GONZALO SOBRAL
La entrega número 50 de los premios Grammy será más recordada por la ausencia de la gran ganadora de la noche, la británica Amy Winehouse, que por la sensibilidad de los miembros de la industria para darle el premio mayor al veterano Herbie Hancock.
Es que desde que el gobierno norteamericano le negara la visa a la rebelde cantante de soul, la polémica estaba servida. Los cinco premios durante la noche y el festejo al otro lado del Atlántico hicieron el resto para poner en el centro de la atención a esta chica más famosa por haber reconocido su adicción a drogas varias que por sus notorias virtudes vocales.
Más allá de los escándalos, los premios a Winehouse confirman una tendencia de los Grammy en la última década a premiar mujeres que no llegan de la mano de los géneros más populares.
Así la lista pasa por Paula Cole, Lauryn Hill, Alicia Keys, Norah Jones, Beyoncé y las Dixie Chics. En esos mismos años, sólo U2, Eminem y Carlos Santana lograron meterse entre los más premiados.
Si los Grammy reflejan como funciona la industria del disco en los Estados Unidos, alguien puede preguntarse dónde están los hombres.
Sentados en los sillones ejecutivos. Haciendo que ellas vendan.