Cinco entradas, Cinco flashes

| Pequeñas pero buenas, varias producciones locales predominan en una escena que en el ítem "visitas del exterior" se sigue viviendo casi exclusivamente de refritos.

Bajofondo

Plaza Arte y Eventos - 11 de diciembre

Lo primero que demostró el show que Santaolalla, Campodónico, Supervielle y compañía dieron en el Plaza es que, a nivel sonido, ese lugar no es ningún reducto inexpugnable. Con un buen trabajo de equipos y ecualización adecuada, cada instrumento sonó como tenía que sonar y con la contundencia obligada para la ocasión. Montevideo era, para ellos, una de las plazas más complicadas, probablemente por aquello de que nadie es profeta en su tierra. El público reaccionó a los primeros temas con prolongados aplausos y ovaciones, pero sin despegarse del asiento. Por el contrario, los músicos saltaban sobre sus lugares y se arengaban a sí mismos. Santaolalla pegando alaridos e intentando recordar de la mejor forma a los invitados de Mar Dulce que no estuvieron presentes, Campodónico moviendo sus manos en plan director de orquesta del siglo XXI frente a su laptop y detrás del grupo, Verónica Loza aportando imágenes y alguna voz, y Casalla (violín), Ferrés (bandoneón) y Casacuberta (bajo) a los saltos. Sobre el final, la mecha prendió y uno se levantó. Luego dos. Luego la platea y, finalmente, las 2.000 personas que colmaron el Plaza. Hicieron falta dos bises para calmar los ánimos de una noche con un show tan local como primermundista, y tan climático como enérgico.

Buenos Muchachos

Teatro Metro - 22 de mayo

Mil personas. Esa es la capacidad que tiene la sala principal del Teatro Metro y que estuvo cubierta casi en su totalidad a partir de las 21 horas de la fecha mencionada líneas arriba. Y eso que el Metro fue solamente el comienzo del gran año de los Buenos Muchachos sobre los escenarios. Gracias a un poderoso sonido, los Buenos sacaron todo lo suyo en un show que, en principio, no prometía tanto. En cuanto a lo musical, ya se ha escrito demasiado sobre por qué ahora la música de los Buenos alcanza a más gente, de si la voz de Pedro Dalton suena bien o mal en vivo, y un larguísimo etcétera que suele acompañar a cada comentario de alguna presentación de la banda. Buenos Muchachos es una banda que se ama o se odia. Si sucede lo primero, el hechizo se traslada del disco al escenario, o viceversa. Será en algunos casos la suciedad que proponen la música y los alaridos de Pedro o en otros los climas que genera la musicalidad de la banda. Lo cierto es que rara vez ese hechizo se rompe.

Serrat y Sabina

Estadio Centenario - 2 de diciembre

Alguien se animó a declarar que el show que dieron Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina en el Estadio Centenario fue el más importante de los últimos años en un escenario nacional. Pese a la exageración, que más de 40.000 personas paguen una entrada para ir al Estadio Centenario a ver un show es un hecho verdaderamente significativo. Por ejemplo, que parte de la cancha estuviese habilitada para el público era algo inédito desde los conciertos de Rod Stewart o Sting, allá por los años noventa. En ese sentido, es obligatorio mencionar al show de los dos españoles como uno de los conciertos del año. Como valores agregados están el despliegue del escenario y, por supuesto, el carisma de ambos cantautores, más allá de su profeso amor por la ciudad, el cual reafirman insistentemente visita a visita. No importaban tanto ni las canciones ni el sonido, sino más bien el poder de convocatoria de dos figuras adoradas por los montevideanos.

Martín Buscaglia

Central - 4 de agosto

Buscaglia puede invitarte y acaparar el escenario. Llenarlo de sus juguetes y samplear todos sus temas -incluso alguno de Mike Oldfield versionado por los Ace of Base- y tocada en una ridícula guitarrita de plástico. Siempre pasa lo mismo: empezás riéndote del chiste y luego entrás en el juego: todos los juguetes son instrumentos. Puede darte un show en un lugar como el Espacio Guambia y hacerte cantar un gospel junto a otros cien que pagaron la entrada. O te puede hacer cantar el mismo gospel de pie, en un lugar como Central. Ahí llama a los Bochamakers, un dream team musical conformado por Martín y Nicolás Ibarburu, y el ex No Te Va Gustar, Mateo Moreno, y te hace bailar hasta que digas basta, si es que decís. Uno empieza por la parte más "tranqui", diría Martín, y luego termina bien arriba, moviendo al menos una pierna al compás del bajo funky mientras canta "Gracias cerebro por dejarme en paz...". Sinceramente ¿cuántos artistas locales pueden ofrecer tanto por tan poco?

José González - Juan Molina

Sala Zitarrosa - 16 de julio

Pocos artistas del mundo de la música rock anglosajona visitan Montevideo en su mejor momento a nivel de repercusión. La rara excepción del año fue la visita de José Gonzalez, cantautor neo-folk nacido en Suecia e hijo de argentinos que, en su momento más dulce (es una de las personalidades del mundo de la música indie e integra las grillas de los festivales más importantes de los Estados Unidos e Inglaterra), fue arrimado por Juana Molina hacia la Sala Zitarrosa para acercar las canciones de su disco Veneer y su EP Stay in the shade. Valiéndose de su voz, sus manos y su pie derecho (que golpeaba contra el piso), González tejió unas quince melodías, agradeció tímidamente y se fue bañado en aplausos. Después le tocó el turno a Juana, pero eso era algo que muchos asistentes ya conocían e iban a buscar. Aunque algo más desganado, lo de Juana volvió a ser una hipnosis de voz y cuerdas que mantuvo en el aire a la Zitarrosa durante hora y media.

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