Delivery de funk y algo más

Ante una sala de teatro Moviecenter casi colmada, Cursi regresó a su público montevideano en un show que levantó sobre el final.

Sebastián Auyanet

Cuando Diego Drexler y Fabián Krut atacaron las primeras notas de Nena no te peines, una de las canciones más populares de su nuevo disco, una pareja sentada en los asientos superiores de la sala se comía a besos y charlaba, aparentemente de cosas que poco tenían que ver con el concierto.

Cosas similares sucedían alrededor. ¿Qué era lo que funcionaba mal? Quizá una de las razones fuera la locación del concierto, aún no asentada como un lugar para espectáculos de rock. Alguien por ahí comentó que si los asistentes estuvieran de pie, el ambiente hubiera sido distinto. Al menos al principio.

Y es que hay a quienes les gusta un Cursi más "fiestero", si cabe el término. Es decir, la banda que hace canciones como la antes mencionada o que repite los viejos hits que la colocaron en los primeros planos de la música vernácula, gracias a una imponente mezcla de funky y disco. Es el caso de canciones como Corazón de Hotel, pero incluso otras que se salen de ese estilo como Cada noche mía, son buenos ejemplos de esto. Lo cierto es que este Delivery es un disco más mesurado, quizá hasta más melancólico desde el aspecto musical y también más trabajado desde otros aspectos, con lo cual quizá resulte más difícil que algunos temas prendan en la gente de la misma forma en que lo hicieron aquellos otros.

Lo cierto es que a Cursi le costó encender las turbinas y conseguir que los asistentes engancharan con el siempre pulido sonido de la banda, pero conforme los temas se fueron sucediendo, la química se fue generando y la propia energía de los miembros de la banda fue contagiando al público, desde los espectadores ubicados adelante hacia la zona más alta y alejada de la sala. Las canciones de Delivery, aunque un poco más desmarcadas de lo que Cursi supo hacer en sus anteriores discos de estudio, no toma distancia por completo de la identidad del grupo. Por eso el proceso de la noche del jueves 7 puede haber sido similar al del propio disco: de a poco, con cada disparo funk del bajo de Drexler, con cada entonación de Krut, con cada punteo del violero invitado Fede Graña (guitarrista de Vieja Historia) y cada palazo del nuevo batero Javier Gardelino (párrafo aparte para el muy buen nivel de su solo), el concierto comenzó a volverse algo más que un show con buen sonido y escenografía. Temas como Se va seba, Contra el pavimento o Jueves 16/11 finalmente fueron calando en el público. La participación de otros músicos invitados como Sebastián Jantos en el teclado y la presencia de Diego Bartaburu, ex batero de la banda y hoy incorporado a No Te Va Gustar, le dio aún más ambiente de fiesta a un concierto que varios hubieran querido disfrutar de pie y más cerca de la banda.

Ya con los ánimos más arriba y el ambiente instalado, cayó Corazón de Hotel y hasta la pareja del principio se levantó a bailar. El remate de La Pachanga Falsa dejó a mucha gente (probablemente a ellos también) con ganas de moverse más al ritmo de una banda que en pocos meses festeja diez años de andadura en nuestra escena local.

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