No seremos nosotros los que atentemos contra las excusas que pongan los uruguayos para divertirse. Sin embargo, no deja de llamar la atención que la única vez que los uruguayos participamos de un festejo nacional es en nombre de la nostalgia. Uno quiere creer que no se sale esa noche a escuchar la música porque en este país la oferta de canciones en la radio se limita mayormente a pasar las canciones que se conocen como old hits. Y es difícil imaginar que alguien sienta nostalgia por un país oscuro y mucho más aislado del mundo como era el Uruguay de la década de 1970. Entonces, la nostalgia es un asunto individual que refiere a mejores tiempos personales, algo que tampoco necesariamente se aplica a toda la juventud que sale también a festejar esa noche. La nostalgia por algo que no queda bien claro qué es sigue ahí y sale ilesa de cualquier intento de actualizar el discurso. Una consecuencia del papel uruguayo en el Mundial podría ser herir un poco esa nostalgia que nos dejó tantos años anclados en Maracaná. Pero no va a ser fácil.