"Los Kirchner no han sido líderes honestos"

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La cuestión. ¿Por qué los Kirchner pasaron de ser una esperanza a terminar con un poder degradado ?

La respuesta / ¿Qué les pasó?

"Yo los voté" comienza reconociendo el periodista Ernesto Tenembaum en su feroz recopilación de los años de los Kirchner en el gobierno argentino. Ya desde ese ¿Qué les pasó? del título (Sudamericana, 440 pesos) se habla de una decepción: la que llevó a muchos a pensar que esta pareja representaba una renovación en el mapa político y resultaron, según el autor del libro, ser muy parecidos a quienes los precedieron. No hay dudas de que se trata de un libro fervorosamente opositor, escrito en primera persona.

Hay un elemento que a mi entender es el origen de toda degradación: el intento de quedarse para siempre en el poder. Los países son difíciles de gobernar durante ocho años. La Argentina, especialmente, es complicadísima. ¿Qué hubiera pasado si, luego de la impresionante victoria de 2007, los Kirchner anunciaban que ninguno de ellos dos sería presidente en el período siguiente? El sentido común de la dirigencia peronista sostiene que hubiera sido el principio del fin, que de allí en más la fuga de poder hubiera sido terrible y que los Kirchner hubieran terminado muy mal, porque para tener poder, hay que simular que se tiene poder para siempre.

Es posible -en cambio- que hubiera sucedido lo contrario. Que la sociedad viera en Kirchner, otra vez, como al principio, al hombre que desandaba el camino de Carlos Menem, que eso le facilitaría el consenso necesario para ser más fuerte aún, y que, en ese contexto, estuviera en óptimas condiciones para construir la sucesión, un equipo que lo continúe hacia una transición que, tal vez, hubiera sido más serena, más sensata, más constructiva para el país. Quizá, lejos de la ambición de eternidad, de esa ilusión tan infantil, los Kirchner tuvieran más creatividad y energía para liderar planes sociales más eficientes, para conducir una transformación del sistema de salud pública, para volcar su liderazgo a favor de la calidad educativa, otro de los temas pendientes y de los fracasos de esta gestión.

Kirchner no estaba formateado para eso. Su concepción del poder es otra: tiene que ver con el dinero, con la apariencia del poder, con la idea de que el único poder real dura décadas.

Su decisión de quedarse para siempre lo obligó a pactar con las estructuras más conservadoras y oscuras -podría haber pulseado mejor con ellas si no las necesitaba tanto-, a acumular dinero, a evitar que surjan en las filas propias figuras alternativas. Ya no era un líder distinto que quería transformar el país, sino otro, con una escala de valores sesgada por su ambición.

Otra vez: sostener que en los noventa la reelección era mala y ahora, buena, porque Menem era malo y Kirchner, bueno, es sólo un discurso que convence a los propios.

Todos los demás ven los síntomas de la enfermedad.

(...) Hay un segundo elemento que debilitó al Gobierno: cierta concepción del conflicto que se instaló, sobre todo entre los intelectuales que lo rodeaban, luego de la crisis del campo.

(...) La exacerbación del conflicto, por otra parte, desvía energías de la construcción de hechos de gobierno muy necesarios y que, potencialmente, generarían mucho consenso: la transformación de una villa, la reconstrucción de un sistema ferroviario, la lucha contra la inseguridad, el fortalecimiento de la salud pública son los más difíciles de realizar cuando hay tanto ruido.

En algún momento, las sociedades se cansan de tanto ruido, sobre todo cuando les cuesta entender sus razones. Y en el caso de la sociedad argentina, ya hay mucho ejercicio para percibir la repetición de los mismos vicios.

El tercer elemento que explica la distancia que creció entre el Gobierno y la sociedad fue la corrupción, esa símbolo inesperado de la década de 1990. Los Kirchner no han sido líderes honestos. Ha habido en ellos un apetito voraz por el dinero, y la aplicación de los métodos más degradantes para conseguirlos, desde la ejecución de deudores moroso durante la dictadura hasta la apropiación a precio vil de un terreno en El Calafate. Es difícil ser creíble en este contexto. En algún momento, las personas se preguntan si está bien apoyar a un multimillonario que hizo su fortuna en tiempo record y con métodos de dudosa moral.

Periodista estrella

Como muchos periodistas argentinos, Ernesto Tenembaum está en todos lados: es columnista de la revista Veintitrés, tiene un programa propio en radio Mitre y uno en la señal de cable Todo Noticias. Es un invitado habitual en TVR.

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