Eloísa Capurro
Sin reuniones, con escasos documentos y con la promesa de análisis en el futuro, dentro del Partido Nacional las causas de la derrota electoral se analizan por lo bajo aunque generan un revuelo mediático. Algunos ya piensan, además, en cómo y hacia dónde construir las bases sobre las que proyectar el partido en los próximos cinco años.
En Alianza Nacional creen que la razón de la derrota está en el candidato elegido, Luis Alberto Lacalle, y una serie de errores de campaña. Y estiman que después de las elecciones municipales, al Herrerismo le espera una gran sacudida por eso. Para el Herrerismo las elecciones no se ganaban "ni jugando con Maradona".
Pero en uno y otro lado se hace hincapié en que el proceso de crecimiento del Frente Amplio fue algo que el Partido Nacional no supo manejar. Por eso, como señaló una alta fuente herrerista, si no se hace una autocrítica profunda el partido "está frito".
Los tiempos electorales todavía dominan la fuerza y por ahora prevalece la visión de que hay que poner la mejor cara hacia las elecciones municipales. Pero muchos esperan que, cuando llegue la hora del análisis, no sólo se repartan culpas sino también se destinen recursos y personas a refundar el pensamiento nacionalista.
De hecho hay toda una generación de dirigentes jóvenes, muchos menores de 40 años, que espera eso. Un eslabón perdido que pensó que su oportunidad estaba con un gobierno blanco que no llegó. Y que ahora estima que, para poder aspirar en el futuro a la Presidencia, hay que renovarlo todo. Renovarlo en serio.
Algunos hasta comienzan a imponerse frente a viejos dirigentes. En la votación para la presidencia nacionalista de la Cámara de Diputados, Luis Lacalle Pou le ganó por dos votos a un dirigente histórico como José Carlos Cardoso. Hay quienes sospechan que sea Lacalle Pou quien suceda a su padre, si es que realmente el ex presidente no se vuelve a presentar a una contienda electoral. Todos los dirigentes consultados para esta nota coinciden en que Lacalle es "un animal político" y que "nunca se sabe".
Para pensar en la renovación, hay que tener ideas. Esa línea comienza a teñir a la dirigencia. Una fuente blanca señaló que Lacalle, quien ahora preside el directorio nacionalista, apostará a darle cuerpo a la Secretaría de Asuntos Sociales y al Centro de Estudios del partido. La idea es rehacer ese think tank a través del financiamiento que se otorga por la nueva ley de partidos. La intención es captar académicos de las universidades privadas.
En el Herrerismo existe la visión de que el Partido Nacional no se preocupó por crear intelectuales orgánicos que otorguen nuevas propuestas y que formen los cuadros militantes. Y por eso, dicen, no se terminó de entender la crisis de 2002 y la popularidad del hoy presidente José Mujica.
Pero por ahora todo es análisis sin firma y discusión de corrillo parlamentario. La crítica institucional, que algunos esperaban llegara durante el verano, vendrá recién después de las elecciones municipales. Y varios anticipan una tormenta.
Mientras no haya reuniones entre Lacalle y Larrañaga -como señalaron fuentes cercanas a ambos- los documentos críticos no aflorarán. De hecho en papel lo único que hay escrito es un análisis hecho hace unas semanas por el senador aliancista Eber da Rosa.
Preocupado, según dice, porque el concepto de unidad, que subyace sobre todo en las filas herreristas del partido, tapara toda discusión sobre lo que pasó durante la campaña, Da Rosa se puso a escribir desde la casa de su cuñado en San Gregorio de Polanco. "Se confunde el concepto de unidad con el de cementerio. Entonces en resguardo de la unidad, no hablamos de nada", critica hoy desde su despacho en el Palacio Legislativo.
En el documento de siete páginas, Da Rosa reseña la buena situación económica que se registró durante el Frente Amplio, en base a lo cual analiza la caída del Partido Nacional. Lo que quedó en la prensa fue una frase donde califica a Lacalle como "un político de la Guerra Fría".
El análisis lo envió a toda la dirigencia de su partido. Larrañaga no le respondió. Lacalle lo llamó, y luego le aclaró personalmente que se quedara tranquilo, que ese pensamiento sería analizado por el directorio pero después de las municipales. Algunos compañeros, de Alianza y del Herrerismo, le han informado que le copiaron la iniciativa y están elaborando sus propios documentos sobre lo que pasó.
Por eso cayó tan de sorpresa el libro del periodista Martín Pintos, La derrota (...). En el libro se narra cómo se procesaron las riñas electorales desde la década de 1990.
Figuras como los senadores Gustavo Penadés (quien fue jefe de campaña de la fórmula blanca) y Francisco Gallinal son citados hablando de errores de soberbia, cálculo y hasta en la elección de equipos por parte de Lacalle.
Sin embargo lo que motivó una respuesta del directorio del partido, fue el dato de que luego de aceptar la vicepresidencia de la fórmula electoral, Larrañaga habría pedido 400.000 dólares para pagar deudas contraídas por publicidad durante la campaña hacia las internas. Los protagonistas lo niegan. El directorio emitió una declaración de solidaridad con sus dirigentes y no se habló de autocríticas por la derrota. Se siguió hacia las municipales.
Nuevos blancos. Mientras el análisis de la derrota electoral se posterga, lo que comienzan a delinearse son las figuras de la renovación. Porque, como señala el politólogo Adolfo Garcé, hay un desgaste en los liderazgos actuales. "Larrañaga salió golpeado de la primaria, al ser claramente derrotado por Lacalle", opinó. "A su vez, Lacalle salió muy mal parado del enfrentamiento con Mujica. Percibo un desgaste en ambos. Sin embargo, no está muy claro quiénes podrían desafiarlos exitosamente en sus respectivos sectores".
Desde el partido se habla de tres escalones internos. El primero compuesto por Lacalle y Larrañaga. El segundo por los dirigentes más reconocidos del partido (figuras como Francisco Gallinal, Luis Alberto Heber, Gustavo Penadés) que tienen el factor común de haberse forjado en el wilsonismo y en la lucha contra la dictadura. Y hay una tercera línea de jóvenes que hicieron sus primeras armas en la política en plena democracia. Una generación que hace una apuesta por renovar al partido en sus caras y en sus discursos.
Muchos de ellos están hoy en carrera por las intendencias. Especialmente en el interior, donde existe una real chance de que el Partido Nacional mantenga las comunas que tiene y recupere algunas de las más tradicionalmente blancas. Pero si no llegan al Ejecutivo departamental, por lo menos aspiran a alcaldías que los potencien. Y que les den el perfil alto que aporta un cargo ministerial o en algún ente.
Lo importante es tener una visibilidad mayor que la que da el Parlamento. "Si no se sale del tupper de mármol del Palacio Legislativo no se va a poder representar la antinomia a la izquierda", opinó Sebastián da Silva, ex legislador e integrante de la nueva generación de líderes blancos.
Más allá del caso de los diputados Luis Lacalle Pou o Verónica Alonso, que tuvieron visibilidad durante la campaña electoral, la mayoría tiene o tuvo actividad parlamentaria. Tales son los casos de Daniel Peña, Álvaro Delgado, Carlos Camy o Álvaro Perdomo. Aunque hay figuras como Hernán Bonilla que se mantienen en el nivel técnico, más que político.
También en la contienda electoral montevideana, Javier de Haedo comienza a perfilarse como un candidato de renovación. "Una buena campaña electoral y una muy buena votación en la elección departamental de Montevideo podrían ponerlo en carrera como eventual presidenciable", afirmó Garcé.
Altas fuentes de Alianza señalaron que el liderazgo de Larrañaga no se cuestiona, pero que la apuesta es a ganar esa interna no declarada que es la contienda entre De Haedo (Alianza) y Ana Lía Piñeyrúa (Herrerismo) en las municipales montevideanas. Especialmente después de haber perdido la elección interna en junio.
"El partido empezará a renovarse por esta generación. Porque la de Vidalín y Heber probó no ser fructífera", confió Daniel Peña, candidato a la intendencia de Canelones por Alianza. Su rival herrerista será Lacalle Pou, convirtiendo Canelones en el lugar donde las más jóvenes promociones nacionalistas se van a enfrentar más directamente.
Es que esta generación considera que no puede seguir repitiéndose el mismo discurso y que hay que cambiar a propuestas más modernas. Algo que parece reclamarle también la militancia. Una fuente herrerista recordó que, tras una conferencia sobre el aborto entre militantes blancos, se realizó una votación que terminó con una visión mayoritaria a favor de la despenalización de un delito. Algo sobre lo que la dirigencia nacionalista, notoriamente, se mantiene en contra.
"Hay que repensar la estrategia de acción política del partido y su vínculo con la sociedad", opinó el diputado reelecto Álvaro Delgado. Para él, como muchos de su generación, hay que trabajar con un equipo profesional que construya propuestas durante los próximos cinco años. De esta manera la campaña no los agarraría desprevenidos. Fuentes aliancistas señalaron que este "nuevo partido nacional" debe demostrar cero cuestionamiento ético y moral y tener personas eficientes para poner en un futuro gobierno.
Pero es una generación que todavía tiene que ganarse su lugar. Hay líderes con más tiempo y más años en política que no cederán su lugar fácilmente. Ellos igual se tienen fe. "Somos un grupo de jóvenes que estamos pensando en ser gobierno", agrega Delgado. El futuro lo dirá.