NAUSÍCAA PALOMEQUE
-¿Se puede hablar de un proyecto latinoamericano?
-Es posible. La heterogeneidad característica de América Latina también se puede verificar en los distintos proyectos latinoamericanos. Siempre hubo varios proyectos latinoamericanos. Hoy no es lo mismo el proyecto de Chávez o el de Lula o el de Alan García, que el de Cristina Kirchner o Fidel Castro. No es lo mismo el proyecto político del dueño del banco Zafra de Brasil que el de los cañeros de Bella Unión. Ahora lo que se está peleando son los proyectos hegemónicos. Eso se concretó en la lucha contra el ALCA y lo que hoy es el ALBA (Alternativa Bolivariana para la América), la unidad sudamericana emprendida por Venezuela.
-La idea de la "patria latinoamericana" aparece mucho en los discursos de las izquierdas regionales, ¿le parece vigente?
-Este año comienzan a cumplirse los bicentenarios de los movimientos emancipatorios y la voluntad de unidad sigue siendo legítima. Sin embargo, tenemos un hueco negro bastante curioso. Nadie habla de Guayana francesa cuando habla de la unidad latinoamericana. No es un país independiente, es un vestigio de la colonia, pero nadie se va a pelear con Francia.
-¿Qué aporta Hugo Chávez a la unidad latinoamericana?
-Chávez confirma lo peor y lo mejor de los estereotipos latinoamericanos. En su discurso y en su figura refuerza el estereotipo del caudillo latinoamericano tradicional, que gesta los procesos en base a características personales y no a los esfuerzos colectivos. También confirma lo mejor del caudillo. Para algunos funciona reforzando el orgullo y la autoestima latinoamericana.
-¿Se puede definir una identidad latinoamericana?
-Sí, depende de quién la cuente. Los grandes medios de prensa internacional la definen como a un niño con la barriga hinchada, los pies descalzos, el narcotráfico, los caudillos y los dictadores. Ésa es una imagen esteroeotípica que apunta a crear un tipo de identidad que nos denigra. Yo pienso en América Latina como un gan país heterogéneo, con diferencias regionales, culturales, étnicas y sociales, que hace que convivan un palestino en el Chuy o una mezquita en Buenos Aires. La heterogeneidad da una riqueza que no está congelada en el tiempo, se sigue construyendo y modificando. América Latina tiene una identidad múltiple con simultaneidad de tiempos. Vivimos los tiempos de las fábricas nucleares o del Instituto Pasteur en Montevideo junto con las tribus que no han tenido contacto con la civilización occidental, sumada a la riqueza de los premios nóbel, por ejemplo. Pero todo eso no puede ser reducido al realismo mágico de Gabriel García Márquez, como muchos hacen.
-¿Cuál sería su imagen de América Latina?
-Alguna vez dije que sería un encuentro entre un judío ortodoxo, un aymara, un japonés y un descendiente de español tocando candombe.
-¿Esa identidad ha cambiado en estos años?
-Los reclamos que en el siglo XVIII y XIX eran revueltas, hoy son reclamos democráticos que van ganado cada año más espacio y reconocimiento. por ejemplo, en el reconocimiento de la heterogeneidad lingüística hay una vocación democrática más afincada. Es un proceso que no está terminado, porque evidentemente sigue habiendo desigualdades y discriminaciones.
-¿Es legítimo hablar de unidad latinoamericano con tanto conflictos internos?
-Es cierto, la unidad es una aspiración que ocupa el discurso oficial y académico. Pero no hay unidad cuando el peruano es humillado en Montevideo ni cuando el nicaragüense es maltratado en Costa Rica, o el hatiano es discriminado en Santo Domingo. La unidad es una aspiración legítima, pero los latinoamericanos nos unimos más cuando estamos afuera de América Latina.
-¿Cómo ve las relaciones culturales de Uruguay con el resto de America Latina?
-No logramos solucionar problemas de difusión y distribución de la producción cultural uruguaya. Exportar un libro uruguayo hacia América Latina es casi un triunfo, hacer una gira de nuestros pintores o de espectáculos como el carnaval o el teatro sigue siendo un esfuerzo titánico con poco apoyo del gobierno. Aún no se entendió que la difusión y la distribución de la producción cultural es una forma de exportar que debe ser tan protegida como la carne o los chips de pasta de papel.
-¿Los latinoamericanos están pensando en América Latina?
-Claro, en México, en Brasil, en Colombia, acá mismo: Alberto Methol Ferré, Manuel Quijano... El problema es que esa gente es más leída afuera del continente que adentro. Y en Uruguay esa situación se acentúa más. Si bien la Universidad de la República está haciendo un gran esfuerzo por incorporar material y experiencias de investigadores, éste es el país que menos lee a los latinoamericanos. No sólo no están instalados en la academia, no están instalado en las librerías ni en las bibliotecas. A Uruguay llega el 10% de los libros que llegan a Buenos Aires y apenas la cuarta parte de lo que se produce y llega a Brasil.