La decisión de la asociación de Periodistas de la Televisión y Radiodifusión Argentina (Aptra) de eliminar de sus premios la categoría de cultura y educación para reemplazarla por los reality shows no hace otra cosa que explicitar las prioridades valorativas del televidente medio en la Argentina y en otras partes del mundo, un síntoma de los tiempos que corren en los medios de comunicación.
Pero también está en línea con lo que muchas veces, aun en medios educados, se piensa que es la cultura: un barniz decorativo, un divertimento para ratos de ocio, un adorno para la vida. En definitiva, es el consentimiento de lo que sostenía el marxismo: la cultura no es otra cosa que una superestructura. De este modo, la categoría de cultura se encuentra marginalizada de hecho, mucho antes que se la expurgue formalmente del gremio llamado Aptra.
Otra cosa es la pregunta -casi sin respuesta- de Gran Hermano, programa que en parte vive ya del propio enigma que ha creado. Es la retroalimentación de la nada: se ha logrado crear un agujero negro que a todos absorbe, sea mediante su visión, su comentario o su interrogante.
¿Habría que admitir que hay tres millones de televidentes descerebrados? Es una hipótesis que no cierra, porque hay gente inteligente que -inconcebiblemente- ve el programa. En todo caso, GH revierte el paradigma televisivo: en vez de acercar una realidad, busca alejarla, y es esencialmente el intento de recobrar perspectiva sobre la propia vida, cuyos ángulos de visión se han perdido. Y por otra parte, rompe con la noción de que la televisión es conductora sólo de acontecimientos relevantes: en este caso lo que conduce es la ausencia de acontecimientos. Lo que sí llama la atención es la ambivalencia de quienes lo miran, porque a la vez muchas veces lo desprecian.
Gran Hermano es el grado cero de la insignificancia, y todo aquello que se le compare, incluida la propia vida, saldrá favorecido. Es difícil ser más imbécil o más banal. En este sentido, GH permitiría a la gente descansar de sí misma, y funcionaría como un pararrayos para la carga energética del desprecio, que puede volverse peligrosamente hacia sí.
En los últimos días se logró ver la explosión de una estrella monstruosa y se anunció en televisión: "La explosión de Eta Carinae sería el mejor show espacial de la historia de la civilización moderna". (N de R: Para la astronomía Eta Carinae es una estrella considerada joven, de entre los 2 y los 3 millones de años, situada en NGC 3372, también llamada la Gran Nebulosa de Carina, según Wikipedia).
Tal vez sólo ello logre distraer momentáneamente la pasión escrutadora de los televidentes, y de Aptra, de futuras versiones de este zoológico humano.