ÁNGELES ESPINOSA, EL PAÍS DE MADRID
No hay motivo para tener miedo de los muertos", sonríe Fathiya. Ella, su marido y sus seis hijos viven en el panteón de la familia Zaruq, un notable de la época otomana cuyos descendientes siguen siendo enterrados bajo las losas sobre las que tiende la ropa y corretean los pequeños. El mausoleo, cuyo pórtico testimonia un pasado mejor, se halla en la calle Al Hasan al Malakia de Qarafa, el conjunto de cementerios de El Cairo conocido como Ciudad de los Muertos. La escasez de viviendas confina a 15 millones de egipcios a vivir en barcas de pesca en el Nilo o en panteones de cementerios.
Las construcciones funerarias dan fe de la tradición egipcia de sepultar a los muertos en habitaciones que permitieran a sus familiares pasar con ellos el duelo de 40 días. "Llevamos 27 años viviendo aquí" cuenta. No tiene agua corriente ni electricidad, pero no se queja. Sin duda le hubiera gustado tener una casa más convencional. "Imposible al precio que están los alquileres", se resigna.
No es anecdótico. El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU ha mostrado su preocupación por el fenómeno: entre medio millón y un millón de egipcios residen entre los muertos, según estadísticas extraoficiales. La prensa local eleva esa cifra a dos millones.
Unos 50.000 viven en tumbas propiamente dichas. El resto se apretuja en infraviviendas construidas sobre antiguos sepulcros. La necrópolis se ha convertido en metrópolis. Aun así, muchos de sus habitantes no están dispuestos a marcharse a cualquier lado. Cuando en febrero de 2001 el gobernador de El Cairo lanzó la idea de trasladar 110.000 tumbas del cementerio de Bab el Náser, uno de los cinco que conforman la necrópolis, encontró gran oposición.
Calidad de muerte
"Los apartamentos que ofrece el Ministerio de la Vivienda no tienen ni agua ni electricidad, y hay que pagar 260 euros", se queja Omar, un padre de familia con cuatro hijos y sin trabajo regular. "Incluso si encontrara un empleo fijo no ganaría más de 26 euros al mes; aquí le doy 18 al guardián y estamos seguros. Vivir con los muertos es la única solución", asegura.
Según el Centro Egipcio de los Derechos Individuales, un 30% de las familias vive en casas de una sola habitación. Casi la mitad de la población urbana habita en asentamientos informales.
Egipto tiene un déficit de entre 1,6 y 1,7 millones de viviendas. Es decir, que entre ocho y 8,5 millones de egipcios carecen en la actualidad de una casa decente, más de un 10% de la población. Se necesitarían 14 millones de residencias, pero el Ministerio de Planificación sólo tiene censadas 12,3 millones de casas ocupadas. Hay 1,8 millones de pisos vacíos.
Egipto vive una explosión demográfica. Ha pasado de 24 millones de habitantes en 1952 a los 76,5 que según el último censo tiene hoy. Con un crecimiento estimado de 1,3 millones al año, rondarán los 95 millones en 2017. El gobierno estima que necesita construir 5,3 millones de viviendas.
Y eso en un espacio limitado. A pesar de que el país se extiende sobre un millón de kilómetros cuadrados, el 98% de la población se concentra en apenas un 5% del territorio. El resto es desierto. El gobierno se propone arreglar todo antes de 2017 ampliando la zona habitada de Egipto al 25% del país . El objetivo es levantar 44 nuevas ciudades. En las últimas elecciones, el presidente Hosni Mubarak prometió medio millón de nuevas viviendas anuales.
Sería bueno que el gobernante cumpla antes de que los inquilinos de tumbas dejen el mundo de los vivos. La inepcia igual tendría algunas ventajas incuestionables: seguirán siendo ocupantes precarios, pero al menos no tendrán que pagar alquiler.