XIMENA AGUIAR
Playa Pascual parece un poblado tranquilo. Unas chicas pasean en bici por el centro y un muchacho alardea con su moto en la playa. Un muro pintado por el Movimiento 609 promete cambios para el año pasado. Ubicar la única panadería de la calle principal, tomar a la izquierda por un camino de tierra, seguir hasta encontrar el camping. El cartel en la entrada no dice "Bienvenidos". Dice: "Fuera Bush de Uruguay". Es el campamento de jóvenes antiimperialistas, organizado por la Juventud del Movimiento 26 de Marzo, miembro rebelde del Frente Amplio.
Hace más de diez años que el 26 de Marzo realiza un campamento de jóvenes en su camping de Playa Pascual bajo diversas consignas. Pero esta vez es en un momento especial: se realiza el fin de semana anterior a la llegada del presidente George Bush a Uruguay.
Son las cuatro de la tarde del sábado. Unos 35 jóvenes, de entre 12 y 29 años, están sentados en ronda, escuchando la exposición de dos colombianos sobre la situación de los derechos humanos en su país. Algunos de los participantes fueron invitados por padres o amigos militantes. Otros sienten afinidad por las ideas del movimiento y se acercaron por primera vez a este campamento, para conocer más. Otros son militantes que llevan más tiempo en la organización. Se espera que todos sigan conectados después de la experiencia.
Si alguno no tiene carpa o sobre de dormir, le prestan. La idea es hablar de política, pero también convivir y acompañar las ideas con el ejemplo. El viernes de noche se formaron grupos de trabajo para buscar leña y cocinar, separando a los grupos de amigos para integrar a los nuevos. El sábado de mañana jugaron al fútbol en la playa. De tarde habrá dos charlas, la primera de los invitados colombianos Miguel Castro y Javier Jaramillo. Varios toman mate, casi todos escuchan en silencio. Uno de los menores está medio dormido, con la cabeza entre las rodillas. Luego se despierta y empieza a hacer un pozo en la arena.
Colombia es uno de los países de Latinoamérica en el que la intervención de Estados Unidos es más clara, mediante el apoyo económico y militar del Plan Colombia de lucha contra el narcotráfico y la guerrilla. Es un país altamente militarizado, con entre tres y cinco millones de desplazados, y cuyos políticos están acusados de vínculos con los paramilitares (como en el reciente escándalo que provocó la renuncia de la ministra María Consuelo Araújo) y con el narcotráfico (la revista Newsweek afirmó en 1991 que el actual presidente Álvaro Uribe había estado incluido en una lista de narcotraficantes buscados por Estados Unidos). "¿El imperialismo, y el antiimperialismo, son iguales en Colombia y en Uruguay?", pregunto. "El antiimperialismo es igual en todos lados, porque el imperialismo quiere siempre lo mismo", responde el colombiano Castro.
El día está nublado. Hora y media de charla. Algunas preguntas sobre la estrategia de la lucha en Colombia. Cuando hablan de las FARC, nadie pregunta detalles acerca del vínculo con el narcotráfico. Cuando repiten que su objetivo es tomar el poder, nadie replica. Alguien pregunta: "¿Qué futuro se le ve a la lucha armada, después de tantos años? Porque corre mucha sangre, genera sufrimiento, desgasta al pueblo. Hay algunos movimientos que han dejado las armas". "¡Dios no lo quiera!", fue la respuesta, y el tema de fondo no se discutió.
Sebastián García (23) y Claudio Torres (29) son dos de los organizadores del campamento, y de los que están vinculados hace más tiempo al 26 de Marzo. Para ellos el imperialismo es "ese sistema económico y político que nos condiciona la vida todos los días". Los grandes capitales, la gran explotación de las multinacionales, la extranjerización de la tierra, la educación enfocada a los servicios más que a la producción, los organismos internacionales de crédito, y también algunos valores, como el consumismo y el individualismo. Es la causa de la falta de trabajo, de los sueldos bajos, de la falta de perspectivas de los jóvenes, y también el causante de que mataran con 14 tiros al estudiante Ibero Gutiérrez en 1972. Así, nadie quiere ser otra cosa que antiimperialista, incluido el gobierno.
De las definiciones de la Real Academia Española, quizás la que más se ajuste a esta concepción de "imperio" sea la de "acción de imperar, (mandar)". Porque el imperio es lo que hace que quien toma decisiones no priorice lo que ellos desearían: dinero para cooperativas de trabajo en vez de pagar al FMI; tierra para los pequeños productores en vez de para los eucaliptos de las multinacionales. García pone ejemplos sencillos: "si uno tiene que decidir entre pagar la tarjeta y darle de comer al hijo, seguramente le dé de comer al hijo, y la tarjeta se irá al Clearing, después se verá". Si no se le da de comer, el hijo seguramente llore.
La leche no da para todos, y deciden rápidamente que se destine para que tomen los menores de 15. Colocar la parrilla, con siete personas opinando cómo poner las piedras, demoró un poco más, pero también se resolvió. En el camping del movimiento hay unas diez carpas bajo los eucaliptos, dos baños (sin inodoro), y un salón común amplio cuyo techo de portland se rompió con la caída de un árbol, pero donde todavía resiste la mesada donde se amasan tortas fritas para la tarde.
También para García y Torres el imperialismo es el mismo en Colombia y en Uruguay, en los sesenta y ahora. Aunque cambia sus formas y estrategias, porque cambian las condiciones. Y si no usa formas más violentas en la actualidad uruguaya, es porque no las necesita.
Pero el antiimperialismo también tiene sus estrategias. Tras una hora de descanso, empieza la segunda charla de la tarde, de los dirigentes del 26 de Marzo, entre ellos Eduardo Rubio. Se va a tratar el tema de la visita de Bush, y me piden amablemente que no asista. Pueden ir chicos de 12 años, o personas que se acercan por primera vez al movimiento, pero no los medios.
Cuando terminan, se oyen aplausos.
Radicales orgullosos
"¿Qué pensás del gobierno?", "¿Qué pensás de la política económica?" me preguntan. Cuando alguno de ellos opina de política, el que está al lado escucha y asiente.
El domingo exponen unos "compañeros de Gualeguaychú" que, según García, "se han dado una forma de lucha muy justa. Si ellos no hubieran cortado los puentes, el tema no estaba instalado en la sociedad".
Pueden faltar informes técnicos o sobrar imágenes rimbombantes para opinar sobre las plantas de celulosa. Pero, en realidad, el discurso llena de palabras lo que se decidió a través de la experiencia: "Para nosotros es distinto, porque uno de los integrantes de la juventud trabaja en la forestal", explica uno de los jóvenes.
"Lo que nos une es que todos somos trabajadores, hijos de trabajadores", dice García. Buscando con la mirada entre los acampantes, intenta resumir en pocas palabras su situación: "Acá hay jóvenes que vivían en el interior, se quedaron sin trabajo, tuvieron que venir a Montevideo y viven en un asentamiento. Hay otros que en tercero de liceo abandonaron el estudio, porque se preguntaban de qué les iba a servir. Hay uno que vive en la costa, el padre vende inciensos en la feria, y si viven así es porque no tienen un trabajo normal como tendría que tener todo el mundo, tienen 45 o 50 años, el trabajo cerró y no tienen posibilidades. También hay gurises que los dos primeros días les faltó el playstation y están medio desubicados, pero de a poco se van integrando. Hay jóvenes, como `El Cara`, que dentro de diez días se va para Estados Unidos, y nos da pila de pena, pero nos alegra que este acá con nosotros los últimos días; y otros que su proyecto principal es terminar el liceo y ver si pueden conseguir una buena educación en Cuba".
Para ellos no es ningún desprestigio que se relacione su discurso con el de los años 60. "Respetamos totalmente las formas que nuestro pueblo se dio en aquel momento para luchar contra el imperialismo, nos parece que fueron justas y muy valientes, poniendo en juego su vida. Lo vemos con mucha admiración. Esperamos ser dignos continuadores de esa lucha", dice García.
También el adjetivo "radical" es para ellos un orgullo. "Decía Martí, `que no se llame ni radical ni hombre el que no trate de, en cualquier asunto, llegar al fondo de las cosas`. Es como que mañana viniera mi hermana con un ojo negro y yo no tratara de llegar hasta el fondo, de por qué sucedió, quién es el responsable y qué hacemos para cambiar eso", dice García.
La visita de Bush marca las diferencias entre las izquierdas latinoamericanas, entre países, y al interior de éstos. Y los diferenciados lo aceptan gustosos. Se preparan dos marchas en contra de la visita de Bush. Una es convocada por el Pit-Cnt, y otra por la Coordinadora Antiimperialista, en la que participa el 26 de Marzo. La segunda critica también al gobierno uruguayo.
"¿A cuál vas a ir?", me preguntan. Dicen que el Pit- Cnt intentará que parezcan una sola, aunque ellos harán lo posible por mantener la distancia.