EL PAÍS DE MADRID, AP, BLOOMBERG, THE ECONOMIST Y REDACCIÓN
En ocho años, el país ha cambiado. Han aumentado los presupuestos y las ayudas sociales, y el alza incesante del precio del petróleo ha hecho aflorar una nueva clase social, los "boliburgueses", partidarios a muerte del chavismo.
"Boliburguesía" es la expresión que se ha puesto de moda en Venezuela para referirse a la nueva clase emergente entre los partidarios del presidente Hugo Chávez. El término en boga procede de la unión de las palabras bolivariana (icono chavista) y burguesía.
"Boliburgueses" son los nuevos ricos en tiempos de vacas gordas, gracias a la subida del precio del petróleo (59 dólares el barril), principal fuente de riqueza de Venezuela; los bajos tipos de interés, y un gasto público en el nivel más alto en relación al PIB (40%) desde 1974. Estos tres factores han catapultado una nueva elite. El petróleo representa para Venezuela el 80% de las exportaciones y el 50% del presupuesto del Estado.
Los venezolanos gastan como nunca. Los que pueden, claro, y los que se benefician del crecimiento de la economía por encima del 9%, para alegría de los importadores. Las ventas de vehículos aumentaron un 70% en los últimos 12 meses, en un país donde la gasolina es superbarata. Concesionarios de marcas de lujo, como Hummer, Chrysler, Mercedes o Harley Davidson, sonríen felices al comprobar que los clientes se multiplican. Los hábitos consumistas de los venezolanos se ponen a prueba para regocijo de los comerciantes.
El país ya experimentó una prosperidad similar en años pasados, concretamente en los años setenta, cuando se acuñó el término Venezuela Saudita. El ex presidente Carlos Andrés Pérez había nacionalizado la industria petrolera, en un abierto desafío a las compañías estadounidenses y europeas. En aquellos tiempos los venezolanos ricos gastaban de manera extravagante y prodigaban los viajes al extranjero. Era la generación conocida en Miami con el apodo de "dame dos". Podían permitirse todos los lujos, hasta que llegó la crisis de los ochenta, y el desplome de los precios del petróleo.
Los ricos malgastadores aterrizaron de golpe en la dura realidad. Comprobaron que la superdependencia de un único recurso fue el caldo de cultivo para la ineficiencia, el mal manejo y la corrupción hasta provocar el estrangulamiento de la economía. En estas condiciones la crisis estaba servida para cuando se produjera una caída de los precios.
A diferencia de experiencias anteriores, la riqueza petrolera actual ha llegado esta vez con un presidente de retórica revolucionaria, admirador de Fidel Castro y el Che Guevara, y dispuesto, verbalmente, a encabezar una cruzada antiimperialista para liberar a los pueblos latinoamericanos del yugo estadounidense.
Hoy, los "boliburgueses" del siglo XXI no parecen muy preocupados por los efectos de la revolución socialista que pregona Chávez. Sus negocios van viento en popa, y son buenos tiempos para ganar y gastar dinero. Más allá de las peroratas del presidente, los ricos no tienen serios motivos de preocupación. Basta contemplar las operaciones de la Bolsa de Valores de Caracas, que han aumentado en un 70% en lo que va de 2007.
Neoliberalismo revolucionario
La estructura de la economía y el régimen de la propiedad están intactos, para desesperación de los sectores de izquierda más radicales, que abogan por una mayor redistribución de la riqueza. El antiguo dirigente guerrillero Douglas Bravo ha calificado de "neoliberal" el gobierno de Chávez, a la vista de sus resultados.
Los pobres, 7 millones de los 27 millones de venezolanos, han mejorado su situación gracias a los programas sociales. El gobierno destina una parte de los ingresos petroleros a salud, educación, ayuda alimenticia y otras necesidades básicas. El fondo social de PDVSA, la petrolera estatal, que es de donde sale el dinero para el pago de becas y los gastos operativos de los programas sociales, fue en 2005 de 3.500 millones de dólares, de los 33.000 millones de dólares que aporta la petrolera al Estado. Este año serán 6.500 millones.
El otro frente abierto de la revolución bolivariana es la inflación. El presidente venezolano, Hugo Chávez, anunció una reforma monetaria para reforzar el bolívar y combatir una inflación que alcanza el 17%, la tasa más alta de América Latina. "Vamos a quitarle tres ceros a la unidad monetaria", declaró Chávez en su programa televisado Aló, presidente. Además, el gobierno prepara una bajada progresiva de cinco puntos del IVA, que pasaría del actual 14% al 9% en julio, y una serie de nacionalizaciones en el sector alimentario para intentar frenar la subida de los precios.
La divisa venezolana está sometida a un sistema de control de cambios desde 2003. Su valor oficial -2.150 bolívares por dólar- es mucho menor en el mercado negro, donde el dólar se cambia hasta por 4.000 bolívares. Esta medida facilitará las operaciones comerciales cotidianas que actualmente se hacen bastante complejas. "Espero que el 4 de febrero de 2008, cuando celebremos otro aniversario del Día de la Dignidad (el fallido intento de golpe de Estado que encabezó Chávez en 1992), ya tengamos en circulación nuestro nuevo bolívar, el bolívar fuerte", dijo el jefe de Estado.
Con la rebaja del IVA, que supondrá un enorme sacrificio en la recaudación fiscal, Chávez espera disminuir la inflación. De esta manera, el mandatario esgrimió su más reciente arma contra la amenaza más clara que se cierne sobre su gestión: la ola de aumento de precios y el acaparamiento de alimentos por parte de las clases más pudientes en perjuicio de las familias de menores recursos.
Ante esta situación, Chávez prepara una ley que le permitirá declarar "de utilidad pública" las propiedades y los bienes en la producción de rubros de primera necesidad. La ley, que sería aprobada directamente por Chávez usando las facultades legislativas que la Asamblea Nacional le otorgó por año y medio, contempla la expropiación de tierras, rebaños, granjas, mataderos, frigoríficos y redes de distribución de carne de bovino, cerdo y aves, en caso de que los empresarios privados incumplan sus obligaciones de abastecer a la población y mantener los precios en los niveles regulados.
"No me obliguen a tomar medidas, señores empresarios" advirtió Chávez, tras asegurar que su gobierno no desea entrar en conflicto con el sector privado y que preferiría que las empresas "cumplieran con el pueblo". En todo el circuito cárnico, los menos afectados por las posibles acciones del jefe de Estado son los ganaderos, pues el mismo Chávez señaló que el encarecimiento exagerado del producto comienza luego de la venta de la res en pie. El precio de la carne se multiplica hasta cinco veces en su tránsito entre el campo y el plato del consumidor.
Venezuela tiene además un problema serio con la inserción de los jóvenes. "Somos un país que está dejando de ser infantil para pasar a ser juvenil, con problemas gigantescos para aumentar su nivel de escolaridad por encima de los siete años. La mitad de los niños no van al preescolar, hay un gran déficit de atención materno-infantil, estamos anclados en una tasa de mortalidad infantil de 23 por 1.000 nacimientos, mueren 23 madres por cada 10.000 nacimientos, y el 30% de las víctimas son pobres", dice el sociólogo Luis Pedro España, director del Instituto de Investigaciones Económicas.
En el campo, algunas haciendas y plantaciones de caña de azúcar han sido confiscadas y transformadas en cooperativas. Chávez ha aumentado las pensiones a los jubilados, el salario mínimo, y ha logrado que los bancos concedan créditos hipotecarios a ciudadanos de bajos recursos. Las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) indican que el índice de hogares por debajo de la línea de pobreza descendió del 42,8%, a principios de 1999 (llegada de Chávez a la Presidencia), al 37,9%, a finales de 2005 (último dato disponible).
En contra de la opinión de los economistas que advierten que la bonanza económica puede esfumarse si se produce una caída de los precios del crudo, el chavismo insiste en que el presupuesto del Estado está basado en un precio promedio de 29 dólares el barril, muy por debajo de los 59 dólares actuales. Los 60.000 millones de dólares en reservas internacionales y otros fondos son más que suficientes para afrontar cualquier emergencia, dicen los voceros del chavismo.
Después de ocho años sin oposición capaz de intimidarlo electoralmente, Chávez se da el lujo de viajar por el mundo para intentar convertirse en un líder mundial. Los analistas ya hablan de un "chavismo sin Chávez" en la Venezuela moderna: mientras el supremo reparte dinero por los países pobres, en su país queda el aparato funcionando y su omnipresencia en murales, gigantografías y macaquitos que muestran su alto concepto de sí mismo y su inefable concepción del poder.
Para Chávez todo el que cuestione su discurso no es un interlocutor válido. En la última campaña electoral se negó a debatir con el candidato opositor Manuel Rosales, gobernador del rico estado de Zulia, un bastión petrolero. Su tesis es muy simple: en Venezuela hay dos posiciones, y no hay más que hablar. "La capitalista, que ellos defienden, y la socialista, que nosotros impulsamos. Lo demás son intentos de enmascarar la realidad con propuestas superpopulistas e irresponsables".
El estilo Chávez de comunicación admite pocos matices. En diciembre de 2006 anunció que su gobierno no renovará la concesión del canal privado Radio Caracas Televisión (RCTV), que mantiene una línea crítica en sus espacios informativos. Ese medio deberá cesar en sus operaciones el segundo trimestre de 2007. "Vayan buscando otra cosa que hacer, señores de RCTV", dijo el mandatario durante el acto de saludo de fin de año a una representación de la Fuerza Armada Nacional.
Chávez, que apareció en público, vestido de teniente coronel del ejército, por primera vez después de ser reelecto presidente el 3 de diciembre, terminó así con el suspense que existía respecto al tema de la concesión de RCTV, que expira en marzo de 2007. "Pueden ir apagando los equipos, ya está redactada la medida, no se va a tolerar aquí ningún medio de comunicación que esté al servicio del golpismo y en contra del pueblo, de la nación", expresó el jefe de Estado.
También aplicó sanciones por 50.000 dólares al diario Tal Cual y a uno de sus periodistas por "atacar el honor" de Rosa Inés Chávez, una de sus hijas. Tal Cual es propiedad de uno de los principales contrincantes del comandante. Teodoro Petkoff, comunista y guerrillero en los años sesenta, fue ministro del presidente Rafael Caldera entre 1993 y 1998. El artículo humorístico de Laureano Márquez se llama "Querida Rosinés" y es una falsa carta a la joven. Casualmente Márquez será entrevistado hoy a las 11 horas en el programa Sábado Sarandí, según consignó Búsqueda.
Estos "aprietes" a la prensa son acompañados de interminables soliloquios de Chávez sobre su particular visión del mundo. El comandante ya no hablará ocho horas seguidas cada domingo en radio y televisión. A sugerencia de sus asesores, el presidente venezolano comenzó a dividir la dosis y lo hará durante hora y media diaria. El programa Aló, presidente cambiará radicalmente, a pesar de que propios y extraños lo consideran uno de los aspectos más exitosos de la gestión de Chávez desde que llegó al poder en 1999.
El formato maratoniano de los domingos cederá el paso a un contacto diario. De lunes a viernes, excepto los jueves, el programa será sólo radiofónico y saldrá al aire por la señal de Radio Nacional. Los jueves se transmitirá por televisión, a través del canal oficial VTV.
La libertad y el factor Fidel
"Sabemos que se corre el riesgo de sobresaturación, pero el presidente tiene mucha información que dar y muchos recursos comunicacionales", reconoció el ministro de Comunicación e Información, William Lara, periodista y experto en Ciencias Políticas. Y agrega: "Será un gran reto para su despacho. Producir hora y media de radio cuatro días a la semana y una hora y media semanal de televisión es difícil, sea cual sea el tema. Más si se trata de comunicaciones presidenciales".
Y, aunque no lo dice, es dificilísimo tratándose de Chávez, quien se mantiene en permanente confrontación con los medios privados y suele expresar su inconformidad con la política de comunicación del gobierno, pues, a su juicio, no ha sido suficiente para vencer las tendencias que siembra la prensa opositora.
De hecho, el viraje de Aló, presidente es producto de esa inconformidad. Semanas atrás se anunció la suspensión de la emisión del domingo. Fue una decisión sorpresiva. El espacio dominical había retornado apenas a finales de enero, tras una larga suspensión producto de la campaña electoral y de la temporada navideña. Se dijo que Chávez había convocado a sus colaboradores inmediatos a reflexionar y ejercer sus "poderes creadores" para replantear el programa.
Lo más probable es que comience a las 20 horas y termine a las 21.30, abarcando una franja horaria en la que una gran porción de los venezolanos se dedican a ver telenovelas y otros programas de entretenimiento en la televisión comercial. "Por supuesto que uno de los cambios será que el presidente tendrá que ceñirse al tiempo, pero lo más importante seguirá siendo el contacto con la gente, que los venezolanos llamen y le planteen sus interrogantes, sus reflexiones", dijo Helena Salcedo, directora del Circuito Radio Nacional.
Venezuela no es una dictadura, pero podría ir camino a serlo. El control ejercido por el gobierno y la mayoría oficialista sobre las instituciones, y la previsible reforma legal que facilitará la reelección indefinida, fueron aprovechados por el candidato opositor Rosales, para afirmar que si el presidente ganaba las elecciones "se terminará la libertad" en Venezuela. "Seremos fichas, personas controladas por el gobierno".
"El llamado socialismo del siglo XXI no es más que un modelo castro-comunista", dijo el candidato Rosales. Pero el gobierno alega que la supremacía política no es sino el resultado de sus sucesivas victorias electorales desde el año 1998, 11 en total, incluyendo los referendos. El movimiento bolivariano controla el Ejecutivo, la Asamblea Nacional, el Poder Ciudadano -Defensor del Pueblo, Fiscalía General y Controlador de la República, Auditor-, el Poder Electoral, el Tribunal Supremo y el Ejército. El margen de acción de Chávez es muy grande: el 4 de diciembre de 2006 el Movimiento Quinta República copó los 169 escaños de la Asamblea Nacional al haberse abstenido de participar la oposición en esas elecciones, arguyendo desconfianza en el sistema automatizado de la votación.
Con apoyo de un estado policial o no, Chávez cuenta con un gran predicamento no sólo en el país sino entre extranjeros que llegan para ver de cerca la experiencia de la Venezuela chavista. Se trata de viajeros alternativos, izquierdistas trashumantes, perseguidores de utopías, hippies, ecologistas y globalifóbicos.
Uno a uno van posando junto a una obra del escultor Carlos Prada, erguida allí en homenaje a las 19 personas que cayeron muertas la tarde del 11 de abril de 2002, el día que el presidente Hugo Chávez fue derrocado por un movimiento que no logró retener el poder ni siquiera por dos días. "Un turista político que se precie no puede decir que vino a Caracas si no se toma una foto aquí y otra en la Esquina Caliente", dice Marlon Acosta, funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores, que tiene frecuentes contactos con los militantes de lo que podría llamarse "la Internacional Chavista".
La Esquina Caliente, una de las de la plaza Bolívar, en el casco histórico de la ciudad, se llama así porque en momentos críticos de la lucha política fue un territorio reservado a chavistas. Si algún opositor la cruzaba, debía atenerse a las consecuencias. Por allí pueden verse militantes de izquierda de Europa y Latinoamérica y rebeldes canadienses, estadounidenses o australianos.
Incluso respaldan a Chávez en sus ideas más totalitarias. Participan en marchas de apoyo a la decisión del presidente de no renovar la concesión a la televisión opositora RCTV. Julius, un noruego sesentón de un metro noventa de estatura, casi no entiende español pero alcanzó a balbucear que el gran Chávez tiene razón.
En la clasificación de los turistas con inquietudes siguen los comprometidos, unos a los que ya ni siquiera se les puede llamar turistas, porque han decidido quedarse para participar en la construcción del "Socialismo del siglo XXI", que proclama el filósofo de cabecera de Chávez, el mexicano alemán Hans Dieterich Steffan.
El comandante está firme en su discurso y dice que quiere quedarse hasta el año 2021 y hasta el 2030. Y, si los venezolanos lo dejan, tener opción de ser reelecto indefinidamente. Su modelo es Fidel Castro, a quien llama "padre" en todos los foros mundiales.
Cuba es el principal aliado y un modelo social que seduce a Chávez. Una nueva Cuba, con petróleo y lejos del embargo, causa desvelos al presidente Bush y sus analistas. Cuba y Venezuela avanzan en una alianza estratégica que cada vez tiene más ceros. Quedó demostrado durante la VII Comisión Mixta Cuba-Venezuela, que culminó el 28 de febrero en La Habana con un acto solemne en el que se anunció que ambos países realizarán en 2007 más de 350 proyectos conjuntos, por valor de 1.500 millones de dólares.
En presencia de 438 funcionarios de ambos países, el presidente interino de Cuba, Raúl Castro, bendijo los convenios, que incluyen un acuerdo para construir 11 plantas de producción de etanol y desarrollar con ese fin la producción cañera en Venezuela. El incremento de la cooperación entre los dos países desde la primera reunión de la comisión mixta, en diciembre de 2000, impresiona. Aquel año se aprobaron 31 proyectos, con un presupuesto de 28,5 millones de dólares. Siete años después, la cifra es 60 veces superior. En cuanto al comercio bilateral, pasó de 300 millones de dólares a finales de los años noventa a 2.640 millones el año pasado. La cifra presupuestada en la anterior comisión mixta para el periodo de abril de 2006 a marzo de 2007 ascendía a 719,9 millones de dólares.
Cuba recibe diariamente de Venezuela 98.000 barriles de petróleo a precios preferenciales, y cerca de 30.000 médicos y profesionales cubanos de la salud se encuentran trabajando en diversos programas sociales de la revolución bolivariana. Un cardiólogo designado por Fidel acompaña a sol y sombra a Hugo de los Reyes Chávez, de 76 años, padre del líder bolivariano. Además, 20.000 estudiantes venezolanos son formados como médicos en su país por profesores cubanos, mientras que otros 2.400 jóvenes estudian medicina en la isla. La salud y el petróleo son la piedra angular de la colaboración entre Caracas y La Habana, pero ésta cada vez se extiende a más sectores. En el marco del ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), ambos países han creado nueve empresas mixtas en los sectores de construcción civil, naval, transporte, cultura y banca.
¿Hasta dónde llega la dependencia de Cuba? El sociólogo Luis España observa que el Gobierno se siente muy cómodo con la asesoría cubana. Explica que "hay muy buenas relaciones personales", al referir el caso del ex ministro de Asuntos Exteriores, Alí Rodríguez: "Cuba salvó a una hija suya que estaba desahuciada. Camina gracias a los médicos cubanos. Tenía una rodilla destrozada. Y estas relaciones personales se revierten. Si el Gobierno cubano se cayera sería un golpe muy fuerte".
Una de las paradojas de la situación venezolana es que buena parte de la liquidez para los programas sociales procede de Estados Unidos, que compra a Venezuela más de 1,1 millones de barriles de petróleo al día, a pesar de que la "administración Bush" presenta en sus declaraciones públicas al gobierno de Chávez como uno de los menos confiables del mundo. Pues bien, a pesar de las listas negras y los recelos aparentes del Departamento de Estado y de la Casa Blanca, Venezuela ocupa el cuarto lugar en la lista de principales suministradores de crudo a Estados Unidos, detrás de Canadá, México y Arabia Saudita. Y no sólo eso, el comercio bilateral entre los dos países aumentó significativamente el año pasado, en los sectores de petróleo, automóvil y servicios financieros.
El incesante gasto público pone los pelos de punta a los economistas venezolanos, que se preguntan si el petróleo durará para siempre. La nacionalización de empresas de los sectores petrolero, eléctrico y de telecomunicaciones, y las medidas tomadas por el gobierno de Hugo Chávez para frenar la inflación significarán para las finanzas públicas venezolanas un gran esfuerzo, y será Petróleos de Venezuela (PDVSA) la que pague la factura. El plan desató una fuerte polémica entre opositores y analistas económicos que calculan que la nacionalización puede costar al Estado hasta 26.000 millones de dólares, cifra equivalente a la actual deuda externa.
El proceso de nacionalización de empresas que habían sido privatizadas en los noventa ya está en marcha y ha significado hasta ahora un gasto de 1.400 millones de dólares para comprar parcialmente las empresas Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV), Electricidad de Caracas y Servicio Eléctrico de Nueva Esparta (Seneca).
Para tener efectivamente el control accionario de CANTV, el Estado tendrá que sacar más dinero de la billetera. Según los cálculos del ministro de Telecomunicaciones e Informática, Jesse Chacón, el gobierno está dispuesto a colocar unos mil millones más -ya pagó 500 millones- en la mesa cuando se abra la oferta pública de adquisición prevista para marzo.
También se espera una licitación pública para el resto de los activos de Electricidad de Caracas y la compra de las acciones que posee la compañía estadounidense AES en las filiales del interior del país. Otras corporaciones del sector eléctrico también están en los planes: las que suministran a ciudades tan importantes como Maracay, Valencia y Ciudad Bolívar, y a extensas zonas de Miranda y Vargas, dos estados vecinos de Caracas.
Millones en nacionalizar
El otro gasto que tiene en la agenda el gobierno venezolano es el relativo a la toma del control accionario de las empresas que explotan crudos extrapesados en la Faja del Orinoco. Para conformar las empresas mixtas con mayoría estatal tendrá que llegar a acuerdos con las empresas BP (del Reino Unido); Statoil (de Noruega); Total (de Francia), y ExxonMobil, ChevronTexaco y Conoco-Philips (de Estados Unidos).
"La estatización de CANTV, Electricidad de Caracas y otros proyectos petroleros es una de las peores decisiones de política que pudo haber tomado. Además de ser mala, será muy pobremente implementada. Es una pésima asignación de recursos que son escasos y están siendo necesitados en otras áreas", aseguró el economista Gerver Torres, ex ministro del gobierno de Carlos Andrés Pérez, quien tuvo a su cargo la privatización de CANTV en 1991. "La política económica es un completo fracaso. Si el país no se ha hundido aún es por el inmenso caudal que ingresa por ventas petroleras", declaró el líder opositor Rosales.
Al Estado también le costará mucho librar la batalla contra la inflación. Después de que el índice de precios al consumidor registrara un salto de 2% en enero, comprometiendo gravemente la meta de 12% para todo 2007, el gobierno anunció la exención del IVA para las industrias cárnicas, del pollo, los huevos y la leche. La medida se reveló insuficiente tempranamente. Y por eso Chávez procedió a anunciar la aún más drástica reducción del IVA en cinco puntos porcentuales para todos los productos. En total, se calcula que el Estado dejará de percibir unos 6.500 millones de dólares.
Chávez aseguró que esta cantidad se compensará con mejoras en la recaudación del impuesto a la renta, y de las rentas de la industria petrolera, que traspasará fondos que tiene ahorrados.
Se estima que el plan de nacionalizaciones llevará una inversión de entre 15.000 y 26.000 millones de dólares, según diversas fuentes, entre ellas un artículo publicado en el diario El Nacional. Todo eso sin contar los ingresos que el Estado dejará de percibir para frenar la espiral inflacionista. La cuenta se eleva a 22.000 millones en un escenario moderado.
Esta danza de millones puede entenderse mejor si se toma en cuenta que las reservas internacionales de Venezuela, que viven un momento estelar, alcanzan un monto de 34.000 millones de dólares y su deuda externa es de 26.000 millones.
El plan nacionalizador, más el de la lucha contra la inflación, costará un 15% del Producto Bruto Interno (PBI) venezolano, que supera los 173.500 millones de dólares, según datos de The Economist.
Por el momento todo está en calma para el comandante Chávez, que insiste en que sólo un magnicidio -ejecutado por John Negroponte, por la extrema derecha colombiana, por el espía "antifidel" Posadas Carriles o por cualquier otro enemigo real o imaginario- podrá detener su infatigable y heterodoxa revolución.