ANTONIO ALVAREZ
El SINDICALISMO URUGUAYO vive un momento de auge en tiempos de protectorado progresista. La lista de afiliados, en especial en el sector privado, creció al doble después de muchos años de regresión. Los consejos de salarios y los fueros sindicales favorecieron al PIT-CNT. Los trabajadores se sienten protegidos bajo un paraguas de moda y comprenden que sindicalizados pueden acceder a más beneficios.
Fortalecer este tipo de instituciones es bueno para la democracia. A diferencia de sus colegas argentinos, el sindicalismo local es austero, aceptablemente responsable y consecuente con sus dichos. No es una rosca empresarial, ni una mafia enquistada en un partido, ni una patota expropiadora al servicio del gobierno. Es evidente que el PIT-CNT tiene profundos lazos con el Frente Amplio y viceversa. Sus principales dirigentes son actores de primera línea en la interna frenteamplista. Juan Castillo, por ejemplo, es el número uno indiscutido del Partido Comunista.
Con este viento a favor que le viene de sus influencias en el oficialismo, la central obrera tiene por delante el duro trabajo de diferenciarse del gobierno. Eso no pasa únicamente por confrontar. De hecho, en los primeros nueve meses de 2006 el PIT apadrinó más de 130 conflictos. Diferenciarse de las políticas económicas socialdemócratas del gobierno de Tabaré Vázquez sería sencillo, si no fuera porque hay una historia en común y la real convicción de sus líderes de que las otras alternativas serían mucho peores.
Salvo en algunos gremios con alto poder de fidelización como el bancario, la cantidad de afiliados se redujo sensiblemente. La baja adhesión ha sido un buen argumento para cambiar el discurso sindical. El otro, hacer coincidir los plataforma de reivindicaciones con la realidad. En 1985, la principal bandera del PIT-CNT era no pagar la deuda externa. En 2006, es la conservación de las fuentes de empleo.
El sindicalismo uruguayo tiene otros desafíos, además de revisar su agenda de lucha de clases. Mientras los gremios piensan en la futura negociación colectiva, ya están pasando otras cosas en el mundo.
Lo fascinante de la globalización es que pone los bienes y servicios en la mano de enormes mayorías. En el mundo el avance es incontrolable. Motorola acaba de lanzar un plan en Africa y Asia para vender 12 millones de celulares en un año. "Conectar a los desconectados" es un plan basado en los grandes volúmenes. Conectarán a 31.000 personas por día.
En Uruguay el fenómeno ya nos toca por las estrategias de las multinacionales para toda la región. El celular que hace un año costaba 4.000 pesos, hoy vale menos de 1.000. El país llegará pronto al millón de celulares y esta semana se anunció que ya hay 100.000 usuarios de banda ancha en el país.
La moda de low cost revolucionó el mercado de los viajes, pero ya funciona a plenitud en la tecnología. El "teólogo digital" Nicholas Negroponte lanzará en marzo de 2007 un ordenador portátil que costará 130 dólares y un año después no alcanzará los 100.
¿Cómo se consiguen estos precios? Las líneas aéreas ahorran comidas. Las telefónicas hacen aparatos con prestaciones básicas. Pero sobre todas las cosas se consigue con políticas de bajos salarios, cuando no de atropello a los derechos laborales.
El Phd Raúl Lagomarsino afirma que para el empresariado moderno el salario ya no es moneda de cambio, que el sueldo lejos de ser un motivador, no fideliza el talento y retiene a los empleados en forma espuria. Tener el aumento de sueldo como única estrategia es una mala señal porque el trabajador llega a la conclusión que de la empresa sólo podrá esperar dinero, según nota publicada esta semana en Sócrates, la revista virtual de la Universidad de Montevideo.
Hay que reconocer que es un concepto que va contra la corriente del sentido uruguayo del trabajo, lleno de absurdas certezas e inamovilidades. La globalización llega además con pérdida de puestos industriales, tercerización del trabajo, aumento de la mano de obra infantil, precarización, etcétera.
Suponiendo que el objetivo del PIT-CNT sea la defensa del salario y del trabajo, estas son buenas razones para reflexionar sobre el futuro y dejarse de amargas consignas prehistóricas. Los trabajadores tienen mucho para decir y por hacer en este proceso de cambios. Ojalá que el paro de brazos caídos no sea la única herramienta disponible.