Sábado | 02.12.2006
Montevideo, Uruguay | 10:17
 Que Pasa
Medicinas florales fuertemente controladas
Decile no al tilo
Una "fiesta de paz", un medicamento de venta libre y el malhumor de una coracera. Si toma remedios florales, no salga sin el teléfono de un abogado.

GABRIEL SOSA

Soledad Rojido salió apurada de su trabajo como moza en un restaurante para llegar a tiempo a la Fiesta X, y poder ver a Babasónicos. Alrededor de las 12 y media de la noche llegó a la entrada habilitada por la avenida Soca, y se enfrentó a un muro de oficiales de la Guardia de Coraceros, que controlaban el ingreso. Unos metros más atrás estaba la verdadera puerta, custodiada por personal contratado por la organización de la fiesta.

Los primeros metros transcurrieron sin problemas, hasta que Soledad se topó con una coracera que, amenazador garrote en mano, la encaró mal a primera vista.

-¿Otra vez vos? ¡Bo flaca, te dije que te fueras!- le ladró la funcionaria.

Soledad le aclaró que se equivocaba, que nunca la había visto, que no era la persona que pensaba y (fundamentalmente) que no había motivos para que la tratara así. Siempre de malos modos, la coracera, que estaba con otros cuatro agentes, le acusó de querer "tomarla por boluda". Soledad le dijo que no, que ella recién salía de trabajar y que acababa de llegar a la fiesta.

Lejos de dejarse convencer, la funcionaria la sometió a un cacheo particularmente intenso que incluyó la entrepierna, para asombro de Soledad ("Yo he ido a recitales en el Estadio, por ejemplo, y me han cacheado, pero nunca así. Vos te das cuenta cuando la cosa está mal", dice).

Terminado el cacheo, la funcionaria procedió a revisar su cartera, de donde emergió con una caja de Armonil, un medicamento de venta libre a base de tilo y valeriana. "Ah, tilo con merca", exclamó.

Soledad ya estaba muy nerviosa, y no pudo evitar una risita. "¿Cómo voy a tener merca encapsulada así, no te das cuenta que sería la traficante número uno del Uruguay?", fue la poco feliz explicación que le salió sin pensar. Para tratar de suavizar la impresión le ofreció partir una pastilla, para que viera que eran inofensivas.

La coracera no se inmutó, y le reprochó en rápida sucesión estar de viva, tomarla por boba, y querer dejarla como a una boluda. La apartó de la corriente de gente que entraba (y de los otros oficiales), la llevó a un costado y comenzó a increparla. Le dijo que era "una mongólica ignorante", que "la autoridad soy yo", y se negó varias veces a darle su nombre. Todo este despliegue por un "delito" equivalente a llevar una aspirina en el bolsillo.

El Armonil, del laboratorio Ivax, es de venta libre. Se compra en cualquier farmacia por 146 pesos el envase con 20 comprimidos, y en su composición incluye tilo, valeriana y flor de pasionaria (passiflora incarnata, una planta que se recomienda para el insomnio y con cuya fruta se hace una mermelada al parecer muy sabrosa). Algunos médicos lo recomiendan a las embarazadas nerviosas.

El Inspector Principal Julio Guarteche, jefe de la Dirección Nacional de Represión del Tráfico Ilícito de Drogas, asegura no tener ninguna información respecto al consumo abusivo de Armonil (es de suponer que tampoco de ninguna de las tres plantas que lo componen), ni de su uso para encubrir otras substancias que sí fueran ilícitas. También comentó que ninguna otra dependencia del Ministerio del Interior se ha acercado a pedir asesoramiento o cursos de formación para funcionarios que participen en operativos donde supuestamente sería conveniente saber algo del tema, como por ejemplo el control de la Fiesta X.

Carlos García Rubio, organizador de la fiesta, aclaró que el personal contratado por el evento no interactuaba con el policial. Cuando hay un espectáculo de esas características, se coordina con el Estado Mayor, una oficina asesora del Comando de Jefatura de Policía. En este caso en particular, con el Mayor Luis Mendoza.

A las 23 horas, los Coraceros se hicieron cargo del segundo turno de control (antes estaba a cargo de la Guardia Metropolitana). El capitán Oscar Gabarrot, tercero al mando de la unidad, asegura que antes del evento se hizo hincapié a todos los coraceros que intervinieron en el mismo que se trataba de una fiesta, que iban a verse muchos excesos y que eran necesarias la mesura, la amplitud de criterio y el buen trato. Hubo un par de incidentes aislados, pero en general tanto la policía y la organización están satisfechos con cómo se llevó a cabo el control de acceso y la vigilancia de la fiesta.

Todo salió bien, salvo por la coracera anónima que no prestó mucha atención a las recomendaciones de sus superiores, y que mantuvo a Soledad media hora parada en un rincón, vigilándola y recriminándola periódicamente. Varias veces la quiso llevar a una de las camionetas policiales estacionadas en las cercanías, a lo que Soledad se negó. La coracera la insultó reiteradamente, y siguió negándose a dar su nombre o traer a alguien de más autoridad. "La autoridad soy yo", repetía.

Finalmente, en un descuido de la carcelera, otro oficial que se percató de la situación se acercó a Soledad y le dijo que se fuera: "Andá, entrá y disfrutá de la fiesta ahora o andate para tu casa, porque esta está cruzada contigo, y si no te va a hacer la vida imposible".

Soledad entró, pero estaba tan angustiada y contrariada por el acoso de la coracera que lo único que pudo hacer fue ubicar a las amigas que esperaban adentro, decirles que no estaba bien y salir lo más rápido posible por una puerta diferente. Estuvo más tiempo detenida (e insultada) antes del ingreso que en el interior de la fiesta. Además, Babasónicos ya había tocado.

Soledad lamenta varias cosas. No haber visto a Babasónicos, los 200 pesos de la entrada desperdiciados, el mal momento pasado y que, como dice, "de `Fiesta de Paz`, a mi, nada". Todo por una funcionaria de mal humor, mal entrenada, muy equivocada o simplemente ignorante. Por suerte, al salir le quedaba el Armonil para tranquilizarse.

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