El asentamiento Acosta y Lara, en Camino Carrasco junto al Arroyo Carrasco, ya no tiene ratas. Lo asegura el director de la División de Higiene Ambiental de la Intendencia Municipal de Montevideo, Guillermo Castro. Al menos por ahora no tiene ratas. Que se mantenga en esta situación dependerá tanto de la acción de la División como de la colaboración de los vecinos.
Acosta y Lara es la primera muestra de un programa municipal que está tratando de llevarse a la práctica, para combatir la presencia de roedores en los asentamientos. En marzo se comenzó a trabajar con los vecinos, que se mostraron deseosos de deshacerse de las omnipresentes ratas. El programa puesto a prueba incluye, además de la limpieza de los vertederos, la colocación de contenedores con tapa y el compromiso de los clasificadores de efectuar su trabajo directamente en estos recipientes, charlas informativas a los habitantes del asentamiento.
El experimento fue un éxito. Los vecinos están tan compenetrados con el programa que toman los datos de quienes tiran residuos en la zona y quieren convertir la parte limpiada junto al arroyo en un parque. Pero mantener esta porción de terreno sin roedores no será fácil, por más comprometidos que estén los pobladores y por más orgullosas que estén las autoridades. Del otro lado del arroyo, en Canelones, hay basureros en abundancia, criaderos clandestinos de cerdos y otras lindezas. Y las ratas nadan muy bien.
Las intervenciones en Acosta y Lara son sólo unas pocas de las 4.300 que realizó la cuadrilla de la División entre enero y octubre de este año. La misma cuadrilla se ocupa del control de mosquitos, cucarachas, moscas y, sobre todo en primavera y verano, garrapatas. Pero el 90% de estas salidas fueron dedicadas al exterminio de roedores.
La cuadrilla de la División de Higiene ambiental cubre salidas programadas y reclamos particulares. Los inspectores de la División visitan tanto reparticiones municipales como hogares particulares, escuelas, hospitales y oficinas de entes públicos. Todo este trabajo se realiza con una sola cuadrilla de 17 funcionarios, de los cuales varios están en edad de jubilarse. "Espero que se nos permita el reemplazo de los que se vayan", dice Castro, "y que sea con tiempo para que los nuevos funcionarios puedan aprender el trabajo con los que hace años que están".
Otro frente en la estrategia municipal para combatir roedores son las charlas en escuelas, Centros Comunales y asociaciones de vecinos. El mismo Castro o uno de los veterinarios de la división, Juan Marín, son quienes dan estas charlas, que esperan alerten a la gente sobre el problema y cómo combatirlo.
Además, se realizan trabajos específicos en combinación con otros entes del Estado. Con la Facultad de Ciencias va a conducirse un estudio de las ratas del puerto de Montevideo, para medir el número de pulgas por rata. Las pulgas son las que transmiten el virus de la peste bubónica de la rata al hombre.
La cuadrilla de control de plagas tiene varias armas contra los roedores. El primer paso es encontrar el motivo por el que aparecen. "No alcanza con poner cebos con veneno, hay que combatir los vectores que hacen que aparezcan las ratas", dice Marín. Castro muestra una denuncia reciente de una escuela de Punta Gorda. "Encontrar el motivo por el que en esta escuela hay ratas implica investigar toda la Zona", cuenta. "Revisar todas las casas de los alrededores hasta encontrar por dónde aparecen las ratas. Y siempre hay gente que no te deja entrar a su casa".
El más espectacular de los métodos de la cuadrilla para acabar con las ratas es quemarlas con azufre y un lanzallamas: "Se utiliza cuando hay un nido muy grande, en un basural, por ejemplo, que no se puede limpiar porque se desparramarían las ratas por todos lados. Se llenan los túneles de azufre, y de un saque quemás 200 o 300 crías y ratas adultas. Las pocas que se escapan se las mata a golpes", explica Castro.