Sábado | 19.08.2006
Montevideo, Uruguay | 09:52
 Que Pasa
el revés de la trama
El enigma Fidel y la solitaria vaca

ANTONIO ÁLVAREZ

EN 1965, FIDEL CASTRO, de 39 años, le dijo al periodista de Life Lee Lockwood que el momento ideal para su retiro sería al cumplir 50. Un dialéctico al fin, Fidel acomodó su opinión a los deseos personales o a las inclemencias del tiempo. Citando La República de Platón, reconoció décadas después que la vida pasa incluso para él y sostuvo que los 60 años podía ser una buena edad para dejar el gobierno. Por las dudas aclaró: "me imagino que los 60 años de Platón vienen a ser los 80 de hoy".

El domingo 13, Fidel cumplió 80 años y hace 47 que no abandona el poder. Para muchos la entrada en el quirófano es el principio del fin. Para otros es un ensayo general a efectos de ver cómo se comportan los opositores o, lo que es un tanto más aterrador, preparando purgas antiambiciones en un escenario de sucesión colegiada. El régimen espera continuar con la suma de las partes y con la ayuda de Fidel convertido ya en dios pagano.

En plena convalecencia del líder, los politólogos discuten si algo será igual en la isla y cuál va a ser el futuro de la revolución dado el vasto y complejo legado del proceso comunista. Algunos expertos en "Fidelología" creen que la isla adoptará con Raúl el modelo vietnamita, una mezcla de apertura económica y partido único.

Ya muchos dan a Fidel por muerto por más que sobreviva a este inconveniente. Es difícil saber cuál será la relación de fuerzas adentro y afuera de la isla. El Partido Comunista, el tubo por donde se desliza toda la vida civil de Cuba, asegura tener unos 800.000 afiliados. Basándose en datos oficiales poco comprobables, ocho millones de personas adhirieron en la Plaza de la Revolución a la propuesta de Fidel de "socialismo irreversible" en 2002.

Sin decirlo, Castro estaba dando comienzo así a la llamada "Batalla de las Ideas", una campaña de fidelización a dos bandas para reafirmar los desgastados valores revolucionarios entre los cubanos menores de 40 años, quienes no conocen otro tipo de sistema social pero creen que los logros de la revolución van de suyo.

Cuba venía del "Período Especial" de los 90` tras la caída de la Unión Soviética. El vice Raúl Castro había propiciado una apertura económica comandada por el "Partido Militar" en dos áreas: turismo y producción agropecuaria. La Habana había abierto el juego a los famosos "paladares", mezcla de hoteles y restoranes organizados en fincas particulares para rebusque de los cubanos humildes. Pero la apertura económica trajo turbulencias y creó incipientes nuevos estratos sociales, un nuevo foco de poder alrededor del hermano gris de Fidel, un sector al que irónicamente se denominó la "piñata raulista" en la nomenclatura política cubana.

Por más bloqueo económico que establezca Washington, Cuba vive de buena parte de los 500 millones de dólares anuales que importa en distintos productos desde Estados Unidos y de los más de 1.000 millones de dólares que llegan por remesas de los cubanos radicados en ese país. Ese dinero es imprescindible en Cuba, cuyo Producto Bruto Interno es de 15.000 millones de dólares.

La suerte y el olfato político también le juegan a favor al líder revolucionario. Por pura oposición al presidente venezolano, Rafael Caldera, -había dado asilo a Posada Carriles, el primer terrorista anticastro exitoso- Fidel recibió con honores de estadista en 1994 a un ignoto militar de segunda línea, Hugo Chávez Frías, quien había encabezado un fallido golpe de Estado. Unos años después Chávez se iba a convertir no sólo en su posible sucesor ideológico, sino también en el hijo, el padre y el espíritu santo que Fidel estaba necesitando para sacar adelante a su aislada economía.

Hoy Venezuela abastece el 54% de la energía cubana. Unos 100.000 barriles de petróleo diarios surten a Cuba a un costo de 27 dólares por unidad, cuando el precio internacional del barril oscila en los 70 dólares. Este subsidio representa más de 1.000 millones de dólares anuales que sostienen la reencarnación revolucionaria de Fidel. A cambio, Cuba envía 30.000 médicos y asesores de programas sociales para la construcción de la sociedad bolivariana.

Con ese apoyo, Fidel pudo desandar el camino de la apertura económica y solucionar en parte la grave problemática energética que atraviesa Cuba, que llevó al régimen a rocambolescos planteos como la importación de tres millones de ollas arroceras eléctricas chinas. El asunto causó molestia incluso en los fidelistas de la primera hora, ya que en un principio las ollas de ahorro energético serían distribuidas en forma gratuita y ahora cada cubano deberá pagarlas a 6 dólares en un país cuyo salario mínimo vale 9 dólares.

Con un sistema fuerte en salud y educación, el gobierno tuvo que enfrentar nuevos desafíos como un aumento de los delitos, el cual fue atribuido oficialmente a la apertura económica de los 90`. En Cuba creció el tráfico de drogas, la prostitución y apareció la minorización de la delincuencia. No hay cifras oficiales, pero el régimen tomó algunas decisiones claras: aumentó el reclutamiento de policías y equiparó los salarios de la fuerza con el de los médicos. También aumentó las penas para los delitos mencionados.

El reportaje central de esta edición fue escrito por el periodista uruguayo y corresponsal en La Habana de la BBC, Fernando Ravsberg. Allí se muestra la inmensa gama de matices en la vida cotidiana de los cubanos. Y cómo por encima de la pequeña corrupción generalizada los cubanos temen y al mismo tiempo veneran a Fidel.

Ravsberg cuenta que no hay niños abandonados en la calle y explica por qué pese a los poblemas económicos en Cuba se desconoce la desnutrición. También es notorio, como contrapartida, que existe un fuerte control de la libertad de pensamiento. Fidel cuenta con una red de sondeos de 5.000 "opiniones" diarias recogidas por agentes de las juventudes comunistas en todo el país, además de otras estrategias de espionaje político, según un reciente reportaje publicado por Jon Lee Anderson en la revista The New Yorker.

Más allá del joven Fidel que pronunció la célebre frase "la historia me absolverá", su obra ya comienza a juzgarlo antes de cualquiera de sus muertes, la real o la del régimen que construye desde 1959. Cuesta diferenciar al Fidel noctámbulo y lector de los clásicos griegos del Fidel que asesinó a su amigo, el condecorado militar revolucionario Arnaldo Ochoa acusado de narcotráfico. Es imposible separar al encarcelador de poetas, al ídolo de García Márquez y al bravo estadista que mantuvo a raya a nueve presidentes consecutivos de Estados Unidos, un país 84 veces más grande.

Cuba aún sigue siendo un gran misterio universal. En este número de Qué Pasa se publica el reportaje de 1959 del enviado de El País, Carlos María Gutiérrez, el primer periodista latinoamericano en subir a Sierra Maestra a hablar con Fidel. Vale la pena leerlo para valorar el episodio y comparar el rumbo que ha tomado la revolución.

Medio siglo después, Fidel es el único gobernante del mundo en su especie. Celoso de su leyenda, él se ha encargado de dar a conocer sus odios en discursos que juntos duran millones de años luz. Pero muy poco se sabe de los sueños que quedaron por el camino. Algunos biógrafos revelan que fue un atleta de élite a los 20 años y que en Nueva York estuvo a punto de enrolarse en equipos de béisbol. Que es capaz de dormir sólo tres horas y que lee 50 documentos diarios. Se conoce su inquebrantable debilidad por las rubias de ojos verdes y ha trascendido que tiene una distante relación con sus ocho hijos reconocidos, que ahora parecen ganar de a poco la escena pública cubana con el permiso feudal.

Ya sin Guerra Fría y lejos de aquel 1962 en el que estuvo a punto de hacer estallar la bomba atómica, Fidel dejó de ser el animador del mundo y la vereda de enfrente la ocupan otros como Bin Laden o Nasrallah. Para muchos es el creador de la sociedad ideal jamás conocida. Para otros es el dictador decrépito cuya fortuna Forbes estimó en 900 millones de dólares o el delirante megalómano que quiso cruzar búfalos para crear una "supervaca" en los 80`. Desde el más allá, su cara seguirá adornando remeras de verano. La muerte lo absolverá o lo mandará al calabozo de la historia. O como dijo Perón, otro personaje controvertido: "otros vendrán, bueno me harán".

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