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"La tragedia se convertía rápidamente en farsa"
Galeano en honduras en Honduras
El escritor fue condecorado en Honduras, donde admitió un pequeño error en Las venas abiertas de América Latina.

EFE, ANSA

Eduardo Galeano rectificó un viejo error que hace muchos años plasmó en una de su obras, en la que indicó que una estatua que los hondureños tienen en su capital no era la del general Francisco Morazán, héroe nacional del país. La rectificación la hizo durante una visita a Tegucigalpa, durante la cual fue condecorado por la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán.

La estatua, según Galeano, era la de un mariscal francés, y fue comprada en un "mercado de pulgas" parisino, porque quienes fueron encargados para la compra de la estatua se gastaron el dinero en "parrandas".

La rectificación pública de Galeano ha coincidido con el 213 aniversario del nacimiento de Morazán, quien vino al mundo en Tegucigalpa el 3 de octubre de 1792 y murió fusilado en Costa Rica el 15 de setiembre de 1842, cuando luchaba por la unión de Centroamérica.

En honor al prócer hondureño, la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán fue fundada hace 50 años. La misma casa de estudios condecoró a Galeano en una solemne ceremonia, en la que el intelectual admitió que lo que escribió sobre Morazán en Las venas abiertas de América Latina lo tomó de varios escritos que cayeron en sus manos.

La obra dice: "En la plaza de Tegucigalpa, la banda toca música ligera todos los domingos por la noche al pie de la estatua de bronce de Morazán. Pero la inscripción está equivocada: ésta no es la estampa ecuestre del campeón de la unidad centroamericana. Los hondureños que habían viajado a París, tiempo después del fusilamiento, para contratar un escultor por encargo del gobierno, se gastaron el dinero en parrandas y terminaron comprando una estatua del Mariscal Ney en el mercado de la pulgas. La tragedia de Centroamérica se convertía rápidamente en farsa".

Conceptos similares sobre la misma estatua también fueron expresados en el pasado por el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, a quien varios hondureños le han aclarado que la estatua que se levanta en pleno centro de Tegucigalpa es efectivamente del general Morazán.

En su discurso Galeano recordó otros elogiosos conceptos sobre Morazán y dijo que le asombraba por qué se había hecho "tanto lío" por un error.

El escritor manifestó que el pensamiento unionista de Morazán vive y nace cada día, y que la unidad por la que luchó el prócer es una "tarea pendiente" de los países latinoamericanos.

Al reiterar su admiración por Morazán, Galeano enfatizó que los verdaderos próceres como él "no están vivos en el mármol y el bronce, sino en su tierra y en su gente".

La rectificación de Galeano satisfizo a los múltiples asistentes a la ceremonia, principalmente a los miembros del Instituto Morazánico, quienes en un diario de Tegucigalpa habían pedido, por medio de uno de sus dirigentes, que se retractara el escritor uruguayo.

En su discurso, Galeano dijo que los gobiernos de izquierda de América Latina pueden hacer que los jóvenes retomen la confianza en la democracia, siempre y cuando cumplan con sus promesas de campaña. "La izquierda tiene esa tremenda responsabilidad: si promete algo, que lo haga. Que no nos venga después con el cuento que la realidad lo prohíbe, que una cosa son las intenciones y otra las posibilidades", advirtió. "Ya sabemos que es siempre hondo el abismo entre el deseo y el mundo, entre el quiero y el puedo".

Según Galeano, los gobiernos de izquierda de la región están obligados a "promover cambios profundos para que los muchachos empiecen a creer que la democracia vale la pena, que no es una ceremonia vacía, que no es un ritual mentiroso".

"Los jóvenes tienen toda la razón del mundo en no creer en la democracia, si hasta ahora han asistido a una suerte de espectáculo de circo donde los políticos profesionales se han especializado en saltos prodigiosos que les han permitido, después, hacer desde los gobiernos todo lo contrario a lo que habían promovido desde el llano", explicó el escritor.

"Ante ese espectáculo lamentable, ¿podemos acusarlos? ¿Qué mundo les estamos dejando? Vamos a cambiarlo y a cambiarlo de verdad, empezando por ser responsables de nuestras propias palabras", concluyó.



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