Marche uno de orillo

Desde 1915 que los uruguayos se deleitan con fainá gracias a los hermanos Guido

Con pimienta, solo, con mostaza, a caballo, de orillo, de centro, con muzzarella o como sea, el fainá se ganó a los uruguayos hace ya 92 años, cuando fue introducido al país por los hermanos italianos Guido, hijo de la inmigración, como tantos otros platos que hoy forman parte de las tradiciones gastronómicas locales.

En agosto de 1915, estos pioneros crearon el primer molino para la producción de harina de fainá en Uruguay, cuando la industria era incipiente y el producto, cuyo origen viene de la "farinata piamontesa", no se conocía en el medio. Los Guido no sólo se dedicaron al fainá, sino que procesaron también arvejas, lentejas, arroz y garbanzos para papilla de bebés. Los productos ganaron reputación rápidamente y el molino comenzó a abastecer almacenes minoristas, restaurantes, pizzerías y colegios de pupilos.

En 1949 Molino Guido es adquirido por Manuel Cercido y Félix López; desde entonces, generación tras generación, se continuó con genuina fórmula original, celosamente reservada, y se aportaron innovaciones tecnológicas como el primer molino neumático exclusivamente diseñado para producir harina para fainá.

Para distinguir un buen fainá, éste tiene que estar recién salido del horno, con la superficie tostada, crocante de un lado y que al cortarse se mantenga firme y sin dobleces.

La Picada, el Tasende, Chez Piñeyro, El Trébol o Costa Azul (de Scoseria y Tomás Diago), entre tantos otros bares y pizzerías, son muy buenas opciones para pedir una porción y brindar por los hermanos Guido.

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