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 Lunes 07.12.2009, 15:10 hs l Montevideo, Uruguay
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Economía y Mercado

Cuál calentamiento global

JULIO PREVE FOLLE

La XV Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático se celebrará en Copenhague del 7 al 18 de diciembre de 2009. Esta conferencia es organizada por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que organiza conferencias anuales desde 1995. La meta es preparar futuros objetivos para reemplazar los del Protocolo de Kioto, que termina en 2012. El objetivo de la conferencia según los organizadores es "la conclusión de un acuerdo jurídicamente vinculante sobre el clima, válido en todo el mundo, que se aplicará a partir de 2012". Se trata de obligar, en especial a las potencias y muy concretamente a Estados Unidos, a suscribir compromisos de reducción de emisión de gases de efecto invernadero, responsables según se cree del calentamiento global.

AGNOSTICISMO CLIMÁTICO. He leído mucho sobre el tema del cambio climático y he asistido a unas cuantas ponencias en el país, en general presentadas con un estilo catastrofista sobre el futuro del planeta, algo parecido a un anuncio de un predicador protestante sobre el fin del mundo. Y hasta ahora me defino como un agnóstico climático, tomando como referencia a esta corriente de pensamiento respecto de la existencia de Dios. El agnosticismo en serio postula que el hombre no puede conocer con los elementos de que dispone incluida su razón, si Dios existe o no. También tenemos el agnosticismo a la uruguaya, que supone una versión intelectualmente menos rigurosa, que se puede resumir en: a lo mejor existe, a lo mejor no, a mí me da igual lo uno o lo otro; este agnosticismo a la uruguaya es más bien un escepticismo confortable. Con estas analogías me declaro agnóstico climático y todavía agrego una más. Hay una forma de entender la fe, que deriva de la calidad de la persona que propone creer; esto para los cristianos es crucial. Respecto del cambio climático, las señales que recibo de quienes más frecuentemente las emiten, que me dan un cierto alineamiento de este tema con algunas posturas políticas, todas ellas incrementan mi escepticismo.

LA CIENCIA. A los hombres de a pie nos dicen todos los días que aumenta la temperatura de la Tierra, que eso trae terribles problemas de sequías e inundaciones, que se derrite el polo, que ello depende de las emisiones de carbono, y que hay que hacer algo para pararlas, en especial en los países industrializados que son los que más contaminan. Hay abundantes trabajos científicos que parecen demostrar estas afirmaciones, y de hecho si se ingresa al sitio web de la conferencia de Copenague se podrán encontrar unos cuantos.

Pero a mí desde la filosofía, que es también una ciencia, quizás la más relevante, me vienen siempre enormes dudas que cada vez se me vuelven menos descartables. Todas ellas tienen que ver con el rigor que parece no existir en las causalidades que se establecen. Una primera es sobre el número de observaciones científicas. Es obvio que el hombre, para poder concluir sobre la normalidad del clima, dispone de pocas observaciones: quizás las registradas en los últimos cien años y en pocos lugares. Quizás el aumento de la temperatura de la Tierra tiene que ver con ciclos largos jamás estudiados y forma parte de la normalidad. Por otra parte si bien parece ser cierto que las emisiones de carbono pueden ayudar a su calentamiento, nada nos dice que esa sea su única causa, es decir el obrar humano. Ya más curioso me resulta asociar todo cambio en las costas o en los polos al carbono, o mejor dicho sólo al carbono. Y finalmente no me parece fácil de aceptar hoy que todo cambio en la naturaleza, aún el calentamiento, suponga necesariamente un planeta peor. Más aún, el concepto mismo de mejor o peor en términos filosóficos se maneja muy mal. En efecto, no puede afirmarse ligeramente que el hecho de llover más o llover menos sea perjudicial, y no desarrolle por ejemplo otras capacidades que mejoren el conocimiento, o incluso la economía. En definitiva no se puede aceptar que el mundo estará mejor cuanto más se parezca a lo que era hace cien años. Filosóficamente es una afirmación sin rigor; el estatismo en la naturaleza no representa nada. Solo el sentido del cambio, si se pudiera predecir y valorar con criterios éticos vinculados a la conducta humana, no al paisaje, justifica detenerse a pensar. Porque no es mejor para el mundo conservar algunas colinas en el Lacio, que construir sobre ellas Roma. La abundante literatura sobre el tema nos advierte que el futuro del planeta se juega en Copenague, y eso es puro terrorismo de bases científicas aún dudosas. El futuro del planeta se juega mucho más en el combate al relativismo filosófico que en la lucha contra las emisiones de carbono. Sin duda.

OTRAS OPINIONES. Durante treinta años, desde los años setenta hasta finales de los noventa, la temperatura de la Tierra creció una media de 0,7 grados centígrados. En los noventa hubo unas temperaturas inusualmente cálidas, con un máximo en 1998, lo que desató todas las alarmas. Pero desde 1999, la temperatura media mundial ha subido apenas 0,006 grados en toda la década. Por otra parte hay diferencias considerables entre las distintas zonas del mundo. Es indudable que la elevación de las temperaturas en el Ártico en casi tres grados ha provocado una importante reducción del mar de hielo. Pero, al mismo tiempo, las temperaturas han bajado en grandes extensiones de Norteamérica, en el Pacífico occidental y en la Península Arábiga. Mientras, en Europa la temperatura ha aumentado ligeramente. Como lo que se esperaba era un crecimiento sostenido, la estabilización de la temperatura mundial ha despertado dudas sobre el valor predictivo de los modelos climáticos. En un artículo publicado en The Wall Street Journal, Jeffrey Ball, director de la sección de medio ambiente, recuerda que los modelos actuales hacen previsiones de temperatura a partir de "docenas de ecuaciones que reflejan cómo se mueven los gases y los líquidos sobre el planeta", a las que se les añade la influencia de más factores, como las corrientes oceánicas, la salinidad, la luz solar, las nubes y la lluvia. Pero, aunque sean una maravilla tecnológica, la calidad de los modelos depende totalmente de los datos que se les aportan y éstos están todavía llenos de "incertidumbres".

Así que hay amplio espacio para la discusión científica sobre por qué la temperatura de la Tierra ha dejado de subir. Algunos aseguran que eso no desmiente el calentamiento a largo plazo producido por las emisiones de gases de efecto invernadero. Otros…

Los climatólogos predecían que la temperatura de la Tierra crecería entre 2,5 y 3 grados centígrados a lo largo del siglo, si no se reducían drásticamente las emisiones de efectos invernadero. Sin embargo, nadie sabe las oscilaciones que puede haber en las temperaturas en ese período, porque, junto a la actividad humana, en el clima influyen factores naturales cuyo control se nos escapa, y que a lo mejor generan cambios, aun siendo naturales, por ejemplo una menor actividad solar. "No se puede negar que esta es una de las cuestiones más controvertidas en la comunidad científica. Realmente no sabemos por qué está ocurriendo ahora", reconoce Jochem Marotzke, director del Max Planck Institut de Meteorología de Hamburgo.

Si a estas dudas y causalidades débiles les sumamos el género de demandas que pretenden obligar a los países grandes, las discusiones se parecen a veces a las de la responsabilidades de la deuda externa de América Latina.

En definitiva hay que cuidar el medio ambiente, es cierto que se deben limitar las emisiones de carbono, quizás hay una oportunidad de hacer dinero con los certificados de carbono. Pero de ahí a aceptar como necesarias todas las predicciones de catástrofe media un abismo, que me convierte por ahora en un militante agnóstico climático. Mañana quién sabe.

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