Una herencia de gasto y deuda

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El País

JORGE CAUMONT

El Ministro de Economía, que asumiera en marzo de 2005, deja su cargo para dedicarse a actividades políticas. Iniciará el camino para lograr la candidatura presidencial de la coalición electoral para las elecciones de 2009. Considera que los resultados de su gestión de tres años y medio han sido muy buenos y no parece reconocer que deja serios problemas a quienes conduzcan al país desde ahora en adelante.

LOS RESULTADOS. En los dos años siguientes a la crisis de 2002, la economía creció a un ritmo anual de 6,9% y continuó a ritmo aún mayor, 7,8% anual, desde marzo de 2005. El empuje se ha debido tanto a la expansión de la demanda interna -consumo, inversión (que sigue por debajo de los guarismos de 1998) y gasto público primario- y externa -exportaciones de bienes y servicios-. La respuesta a ambas ha provenido de todos los sectores productivos: agro, industria manufacturera, construcción y actividades productoras de servicios. En el período, la baja tasa de interés en dólares en el mundo transmitida a nuestro país e incluso incorporada en una también baja tasa de interés en pesos; el fuerte y extenso crecimiento de la economía mundial y regional; los altísimos precios mundiales de los commodities que exportamos -más del doble de los históricos- y la depreciación del dólar en el mundo, son razones principales de la expansión uruguaya durante un período que ha coincidido milimétricamente con el de la gestión del ministro saliente. Una suerte sin parangón, aún considerando un precio del barril de petróleo que ha estado en promedio, al doble de su valor histórico en términos reales.

Desde el punto de vista del crecimiento no hemos sido, sin embargo, la excepción. En los últimos cuatro años no ha habido nación alguna entre las emergentes, que no haya tenido una expansión de su producción superior al potencial de crecimiento de su economía. El denominador común a todas ellas ha sido el escenario mundial y no una determinada política macroeconómica. Nuestra conducción macroeconómica en el lapso considerado ha sido notablemente diferente a la argentina, por ejemplo, y no obstante el vecino país ha crecido a un ritmo aún mayor (8,4% anual) en los últimos tres años y medio.

Acompaña a la expansión económica una notoria baja de la tasa de desempleo, hoy ubicada en torno a 7,5%, que no se registraba desde 1995. La reducción del desempleo y el aumento del empleo, coinciden sin embargo, con un universo de personas que buscan trabajo, afectado por la emigración incesante desde 2002. Es difícil calificar definitivamente el comportamiento del desempleo y el del empleo a la luz de ese fenómeno que muestra fuertes contingentes de personas en edad de trabajar que se alejan del país y, adicionalmente, del también fuerte incremento del subempleo.

El alza de la producción se ha visto acompañado asimismo, por una tasa de inflación relativamente baja en relación con los promedios históricos. Aunque el Ministro no ha podido lograr que la inflación real se ajuste a las sucesivas metas inflacionarias -aún cuando éstas han sido rangos y no un número específico- y ha estirado sistemáticamente el plazo de convergencia entre la inflación real y la programada como meta, los registros han sido de un dígito. A nivel mundial también la inflación ha sido baja a pesar de los distintos instrumentos empleados para su abatimiento, de los aumentos significativos de los precios internacionales de los productos relevantes y del pasado reciente de naciones con inflaciones muy superiores.

Desde el punto de vista externo ha habido una recuperación muy fuerte de las reservas internacionales del Banco Central. Ello no se ha debido a excedentes comerciales de mercaderías y servicios con el resto del mundo -de hecho hay déficit- sino a movimientos de capitales hacia el país provenientes de inversión extranjera directa que compensa al déficit corriente anotado y de inversiones de portafolio. La inversión extranjera directa se debe asociar con Botnia y con la inversión extranjera en la construcción y en el agro. Mientras en el caso de la papelera el mérito de la inversión es de anteriores administraciones -ley forestal y autorización de la inversión- en el caso de la construcción se debe vincular con las bajas tasas de interés internacionales y en el del agro a los precios internacionales y al "derrame" de los impuestos sobre exportaciones agrícolas en Argentina. Finalmente, una razón fundamental del aumento de las reservas han sido las inversiones de cartera, tanto de residentes que "desdolarizaron" sus portafolios, como de inversores no residentes atraídos por el gran estímulo de tasas de rendimiento sensiblemente superiores aunque mucho más riesgosos que los de otros activos financieros del exterior.

LO QUE SE DEJA. La política fiscal reciente del ministro saliente compromete seriamente a la actividad económica de los próximos tiempos. El gasto público primario ha crecido a un ritmo impresionante y ha contribuido al crecimiento económico pero no para hacerlo sostenible. En los doce meses hasta julio por ejemplo, el gasto público primario ha aumentado 12,4% en términos reales o US$ 1.497 millones y 3,8% y US$ 876 millones en enero-julio. Para el año 2009, la nueva administración económica enfrentará un gasto adicional no menor a US$ 495 millones por lo que, en caso que la economía uruguaya enfrente problemas por la situación mundial, el déficit probablemente sea superior al actual, del orden del 1,1% del PIB y con tendencia creciente. A ese problema fiscal se agrega el considerable incremento que ha tenido la deuda pública en los doce meses hasta marzo -tal vez el más alto en nuestra historia- por US$ 2.864 millones y de 26,5% en los últimos quince meses.

La reciente devaluación del peso, súbita y alta por decisión del mercado, que no debería ser tal si la economía mostrara la fortaleza que se presume a partir de los resultados promocionados por la administración saliente y que corrige una notoria declinación, aunque más no sea transitoria, de la competitividad de la producción de transables uruguayos, agregará problemas en el futuro. La "desdolarización" recibe una puñalada directa en el corazón. La devaluación del peso ha deteriorado considerablemente la confianza en la moneda local y en consecuencia, el atractivo que tenía el cambio de portafolio de dólares a pesos se revertirá rápidamente a pesar de los probables aumentos de los rendimientos que se ofrezcan. Ello compromete seriamente a las carteras en moneda nacional en general y a las de las AFAP en particular, pues la baja de la confianza en el peso -al que a pesar de su función el Banco Central no parece tener intenciones de defender- hará declinar el precio de esos activos en moneda nacional en sus carteras.

EL BALANCE. Al poner en una balanza los resultados alcanzados hasta ahora y las perspectivas que se presentan a la luz de las políticas que se emplean para lograrlos, no parecen presentar un equilibrio. Las condiciones internacionales cambian, los ciclos todavía existen y no nos hemos preparado para sus momentos de baja. La política fiscal no ha previsto la posibilidad de un deterioro de las condiciones internacionales, de la confianza en la moneda uruguaya, de la confianza en los riesgos de los países emergentes -en particular de los crecientemente endeudados-, de los precios internacionales, de la situación de nuestros vecinos -fundamentalmente de Argentina pero también de incipientes problemas en Brasil- y de otras cosas por el estilo. Todo lo que se ha recaudado se ha empleado en aumentos del gasto primario, el gasto por intereses de deuda trepará por un dólar más alto y se piensa seguir gastando lo que podría tenerse si la economía siguiera en expansión en 2009 a un ritmo difícil de concebir. En definitiva, estuvimos bien pero, lamentablemente, no vamos bien.

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