¿Hacia otro default en la Argentina?

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El País

DANIEL ARTANA | DESDE BUENOS AIRES

El riesgo país argentino sugiere que los mercados esperan un default inminente. Computando todos los bonos emitidos (no sólo los que están en el EMBI+ del JP Morgan) el riesgo país superó los 1.000 puntos básicos de spread. En verdad, el bono a mediano plazo comprado recientemente por Venezuela cotiza en el mercado a un rendimiento implícito de 17% anual en dólares, tres veces más alto que el rendimiento de los bonos de Brasil o de Uruguay.

Sin embargo, si se contemplan los vencimientos del gobierno nacional para el año 2009 no debería haber demasiados problemas. Entre intereses, amortizaciones, financiamiento a provincias, recompra de deuda y alguno que otro pago "por debajo de la línea" -gasto que no figura en el presupuesto y que se cancela con deuda- se deben pagar US$ 20.600 millones (alrededor de US$ 5.000 millones más que los vencimientos del año 2008). De ese total, la recompra de deuda se podría cumplir con bonos que ya se encuentran en poder de organismos nacionales -compras del Banco Central, de los bancos públicos y transferencias al sistema de reparto desde las AFJP en los casos de personas que optaron por volver al sistema estatal- y se puede esperar no menos de US$ 500 millones del BID y del Banco Mundial, cifra inferior a lo que vence con esos organismos.

Si las entidades financieras localizadas en el país renuevan los vencimientos que deben cobrar el año próximo, no menos de US$ 1.500 millones y si las AFJP invierten en títulos públicos la mitad de los nuevos aportes, el remanente se reduce a US$ 14.800 millones. Con un superávit primario de US$ 10.000 millones, equivalente al 2,7% del PIB proyectado para el año próximo, restarían US$ 4.800 millones que pueden cubrirse con depósitos por encima de los normales que tienen las entidades públicas y alguno que otro bono colocado a Venezuela.

¿Se equivocan los mercados financieros, entonces? No necesariamente. Si el gobierno argentino utiliza en el 2009 financiamiento no habitual -por ejemplo, "sugerir" que los bancos refinancien lo que les vence o utilizar el colchón de depósitos oficiales- ¿qué puede hacer en los años 2010 y 2011 con vencimientos similares a los de 2009? En suma, el problema de los Kirchner son los US$ 63.000 millones que deben pagar de aquí a finales de su mandato en 2011. Sin acceso al financiamiento voluntario, se necesita mejorar sustancialmente el superávit primario y ello no parece fácil cuando la presión tributaria está en un nivel récord de 33% del producto, los precios de exportación caen y no hay decisión política firme para frenar el gasto público. Incluso, los más pesimistas dudan que en un año electoral se pueda lograr el anunciado superávit primario de 2,7% del PIB, sólo medio punto inferior al que se obtendría en 2008.

La solución al problema es simple. Normalizar el Indec para que refleje la inflación real y comprometer -con apoyo de todo el partido justicialista, y quizás también de la oposición- un programa coherente de política fiscal, monetaria y de ingresos que permita aumentar el resultado primario a alrededor de 3,5% del producto y reducir la inflación a un dígito en un par de años. De esa forma se accedería al mercado voluntario de deuda para refinanciar una parte de los vencimientos de capital de los próximos años.

En cambio, el gobierno insiste en paquetes para fomentar el consumo con alguna pérdida fiscal, en negar que la inflación real es muy superior a la medida por el Indec y en distorsionar cada vez más mercados.

De a poco va quedando claro que el particular "modelo económico argentino" produjo resultados transitoriamente buenos por la confluencia de un punto de partida con altísimo desempleo y capacidad ociosa y la espectacular mejora en los términos del intercambio y de la economía de Brasil medida en dólares. Al agotarse los márgenes de capacidad, la política populista de impulsar la demanda, subsidios generalizados y mayor estatismo llevó a que reapareciera la inflación a tasas primero del 12% anual y ahora del 25% anual al mismo tiempo que se deterioraba el resultado fiscal, aún a pesar de una presión tributaria récord para el mundo emergente.

En suma, si no se recuperan los precios internacionales queda por delante un ajuste con bajo crecimiento para los años 2010 y 2011. Si, en cambio, se insiste con más populismo tarde o temprano se terminará en una nueva crisis.

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