PEDRO BARRENECHEA
En estos primeros meses del año 2008 ha adquirido un notorio protagonismo la crisis de la economía estadounidense, que se ha extendido al resto del mundo desarrollado, con efectos aún menores sobre los países en desarrollo.
En este sentido, los analistas y jerarcas de los organismos internacionales avizoran importantes impactos sobre los países emergentes, como producto de los fuertes cambios ocurridos en los mercados de capitales y la consecuente inestabilidad financiera.
LA CRISIS. La falta de certeza sobre las medidas adoptadas para frenar la crisis por las autoridades norteamericanas, en primera instancia, y del resto de la comunidad internacional luego, hace que aún no puedan evaluarse sus resultados. Sin embargo, hay indicios de que las menores tasas de interés impulsadas por la Reserva Federal y la inyección de capitales por parte del gobierno de Estados Unidos podrían contribuir a aminorar los impactos y con ello posibilitar que, en lugar de la inicialmente esperada fuerte recesión, ocurra una desaceleración más suave de la economía estadounidense, aunque de todas maneras muy preocupante para el resto de los países. En los últimos días, la revalorización del euro, que venía ocurriendo desde que se desató la crisis, también se vio afectada y retrocedió, a la vez que, por ejemplo, también se retraían los mercados financieros en China, mostrando la generalización de la crisis.
NOSOTROS. En este marco, Uruguay ha sido uno de los países poco afectados por el momento. Sin embargo, es previsible que a corto plazo empecemos a recibir shocks negativos, aún cuando sean exitosas las intervenciones realizadas y anunciadas por los gobiernos de los países desarrollados.
Por tanto, es dable esperar para el año 2008 una desaceleración de la demanda internacional de nuestros principales productos, junto a posibles reducciones de los precios de las commodities, por ejemplo de los agrícolas y aún la carne, ante la retracción de los países desarrollados, más los posibles retrocesos de grandes países en desarrollo, de los cuales China podría ser uno de los primeros ejemplos, dependiendo de las decisiones que aplique y por ende de su performance futura.
A esto se agrega que el dólar continúa depreciándose a nivel mundial y ello se traslada a nuestra economía, con una caída prácticamente continua de su cotización interna, que parece no frenarse por el momento. Esto está afectando la competitividad de nuestras exportaciones, algunas aún sostenidas por los altos precios internacionales de las commodities. Además, hay serias dudas sobre el mantenimiento de algunos de éstos, previéndose al menos que no crezcan significativamente en lo que resta del año 2008.
Este panorama probablemente desaceleraría el ritmo de crecimiento de las ventas al exterior en el correr del año, lo que había empezado a reflejarse ya en los últimos meses del 2007. En efecto, el crecimiento industrial había empezado a ser sostenido por actividades más dirigidas a atender el mercado interno, impulsadas por el menor desempleo, la recuperación del poder adquisitivo de los salarios (aunque a menor ritmo que la actividad en su conjunto) y en general de los ingresos de la población, a partir de la performance exitosa de la economía uruguaya en los últimos años, con tasas de crecimiento importantes para nuestra historia económica, a influjos de la excepcional situación internacional que hoy comienza a revertirse.
LA INDUSTRIA. Los resultados publicados por el INE sobre la evolución del Índice de Volumen Físico de la Industria Manufacturera para el total del año 2007 podrían indicar que el problema de la desaceleración económica se manifestaba a fines de dicho año. Efectivamente, el Índice se incrementaba, sin considerar a la refinería, en sólo 3,4% en noviembre y 7,5% en diciembre respecto a iguales meses del año anterior, lo que claramente contrastaba con las evoluciones superiores al 10% anual que se habían observado en el segundo semestre del 2007.
De todas maneras, para el total del año, el Índice sin refinería se incrementó en 9,6% respecto al 2006, que es ligeramente inferior a los resultados del resto del año y en especial del tercer trimestre, donde su variación todavía superaba al 10% anual. Por tanto, estos resultados ameritaban suponer una desaceleración de la actividad industrial ante los cambios en las condiciones internacionales, que ya se manifestaban en la retracción del tipo de cambio y algunas primeras dificultades en el mercado norteamericano, con aún escasas repercusiones internacionales.
Sin embargo, estos resultados obedecían más a una situación coyuntural que podría sobrellevarse, si los problemas internacionales no se agravaban y generalizaban, como ocurre en la actualidad, pudiendo desembocar en una crisis internacional.
En este sentido, el análisis de los sectores que componen el Índice, que son 36 a tres dígitos de la Clasificación Industrial Internacional Uniforme (CIIU), confirmaba la conclusión, ya obtenida en mi nota anterior, que una gran parte de los sectores presentaba tasas de crecimiento superiores al 10% anual.
En diciembre, diecisiete sectores (casi la mitad) presentaban este resultado, a los que se agregaban otras siete con tasas superiores al 5%, mientras que dieciséis superaban a dicho 10% anual y seis al 5% en el total del año 2007, sobre el total de los 36 sectores del Índice.
Por tanto, estos resultados muestran claramente que la industria se encontraba fortalecida en esos últimos meses del 2007, creciendo en términos generales al 10% anual, lo que hacía prever una performance prácticamente similar para el 2008, como concluí en mi nota anterior. Ello se basaba en que dichos sectores eran en primer lugar exportadores tradicionales como lácteos, vestimenta y curtiembres, mientras los frigoríficos mantenían su retracción con expectativas de revertirla ante cambios recientes en la demanda europea de carnes. A ellos se agregaban exportadores más nuevos tanto al mercado regional como internacional, con sostenido crecimiento desde la crisis del 2002 prácticamente, como Otros alimentos (centrado en el concentrado de Pepsi), químicos, caucho y plásticos.
Por último y de reciente incorporación, se encuentran sectores vinculados básicamente a la demanda local con exportaciones a la región, tales como papel e imprentas, minerales no metálicos, maquinarias, equipos y motores. Un caso especial es la industria automotriz, que sólo exporta a la región. Estas performances se basan en la recuperación del poder adquisitivo de los salarios, la reducción del desempleo en forma continua en los últimos meses para ubicarse en el orden del 8% de la Población Económicamente Activa, producto de la buena situación económica que, a su vez, impulsa la mayor actividad de estos sectores y los que completan sus cadenas de valor.
DUDAS ANTE LA CRISIS. Sin embargo, hay algunas circunstancias a considerar hoy respecto a la evolución de los sectores industriales. Debe tenerse en cuenta, en primer lugar, que la crisis internacional y sus efectos sobre la economía uruguaya están retrayendo el tipo de cambio, revalorizando el peso de forma continua, al menos en estos dos primeros meses del año 2008.
Las perspectivas internacionales más posibles y las políticas monetarias y comerciales aplicadas en Uruguay no frenarían esta caída en el corto plazo, pudiendo acentuarla. Esto implicaría una mejora del poder de compra de la población en términos de bienes y servicios expresados en dólares, lo que mejoraría su calidad de vida. Sin embargo, el problema es que los bienes y servicios producidos localmente, cuyos costos internos en pesos no se modifican en igual forma, deben competir con importaciones que ven reducidos sus precios en moneda nacional, por lo que se prevén problemas de demanda para la producción local hoy dinámica, fenómeno que comienza ya a visualizarse. Por ello, las perspectivas de un crecimiento del 10% anual de la industria en el 2008 está siendo condicionado por la pérdida de competitividad ante la retracción del tipo de cambio y expectativas de menores demandas y precios internacionales de nuestros principales productos de exportación.