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Se fue el ministro, se queda Mujica

JULIO PREVE FOLLE

No es la primera vez que me toca comentar este tipo de circunstancia: un ministro que se va. Pero debo confesar que evaluar el accionar de este ministro saliente me resulta particularmente difícil porque en él convergieron dos personajes: Mujica y el ministro de ganadería. Mujica es el político que desde el micrófono de su secretaría de estado habló de todos los asuntos, con ocasión o sin ella, conociendo o ignorando por completo los temas, políticos tanto como técnicos, partidarios o no, recomendaciones empresariales y hasta consejos del Viejo Vizcacha. Candidaturas políticas, universidad, derechos humanos, talleres para zapateros, maquinaria para siembra con ruedas de bicicleta, razas lanares, gas oil productivo, precio de la leche o del trigo, del ternero o del asado, retraso cambiario ("si el dólar baja de $2.. me voy"), TLC con Estados Unidos o con China, reforma tributaria, gestión bancaria, riego, recomendaciones de austeridad personal, de policía administrativa, de casinos para ricos, etc. etc. Su chistoso y desenfadado modo de hablar fue buscado por los periodistas, pero esto lo obligó seguramente a declarar de más temas que los prudentes, y a afirmar que "como digo una cosa digo la otra". Sobre este Mujica ocurrente, chispeante, que me acusó públicamente de no haber plantado ni un cantero de perejil, no quiero opinar. Además, este decidor de ocurrencias hasta simpáticas no se va, solo cambia de micrófono.

Es sobre el accionar del otro personaje, el ministro de ganadería, que voy a opinar; y ser como corresponde en el balance, muy duro.

BENEVOLENCIA INICIAL. El ex ministro disfrutó de una especie de benevolencia inicial, la mía también, en quienes lo veían actuar. Creo que esto respondió a dos razones. La primera el respeto por un hombre que mucho ha sufrido, y que de algún modo encarna él mismo el dolor de un país que desgraciadamente no es solo pasado. Pero además aquella benevolencia deriva de lo que se esperaba de él. Muchos aguardábamos todo tipo de atropellos a la libertad económica, al derecho de propiedad, a las políticas exitosas de los noventa -carne, granos-, un retorno a viejos modelos tributarios enterrados, detracciones, más controles, más intervencionismo, más Estado, y en general, junto a diversos atropellos y revanchas, un entrevero de precios relativos total. De todo esto ha habido, pero no todavía en dosis letales, algo que quizás pueda ocurrir con su sucesor. Veremos.

POLÍTICAS. Entendiendo por tales el planteo de nuevos objetivos junto a la puesta en práctica de instrumentos para alcanzarlos, encabeza la lista de nuevas políticas la azucarera, sobre la que recientemente escribí y califiqué con números no cuestionados como de agujero negro, algo que precisamente el ex ministro nos invitó a considerar como el buque insignia del país productivo.

Sigue la lista la política lechera de la que conservó todo lo malo y agregó cosas peores. En efecto insistió sobre las transferencias de la sociedad que son los Fondos Lecheros, no se animó a desregular nada, manteniendo la cuota en perjuicio de los productores chicos, e implementó una ley espantosa ya comentada. En ella no solo se inventa una nueva persona pública -luego de decir que todas estaban bajo su mira- sino que se la dotó de las más amplias facultades para intervenir en cualquier cosa. Por ejemplo en nuevas inversiones, en los precios internos, en el control de exportaciones, etc. Es como una ametralladora cargada que no ha disparado aún y que queda en manos de su sucesor.

Le cerró el paso a la ciencia, prohibiendo hasta la investigación en materiales transgénicos, comprando así los nuevos panfletos ambientalistas, así como los viejos más conocidos de las multinacionales y la dependencia.

Propició el cambio en las reglas de juego en la forestación eliminando beneficios -esto no es lo malo- pero lo hizo de un modo selectivo, excluyendo a las plantaciones de las fábricas de celulosa, al mismo tiempo que el gobierno las defiende hasta en La Haya.

Creó un arma poderosa que es un lanzamisiles hasta ahora no activado, que es el registro de operaciones de granos, que da la posibilidad de administrar el comercio exterior a la vez que contribuye a esta política general de agravio a la reserva, que es un derecho atropellado en esta administración de todas las formas posibles.

Eliminó por razones ideológicas las sociedades anónimas del campo, pero manteniendo a dedo algunas, anunciando cambios en el régimen de propiedad de la tierra en la frontera, en el régimen de arrendamientos rurales, en la legislación de colonización, siempre en el sentido de atacar el derecho de propiedad, como lo hizo apoyando a los ocupantes de tierras que persisten aún hoy en Bella Unión.

Dio apoyo a la reforma tributaria en su capítulo agropecuario, atrasándonos así más de diez años, volviendo a una discusión superada como era la de la renta potencial frente a la renta real. Y apoyó hasta la penúltima demanda de refinanciaciones de endeudamiento.

Hizo aplaudir el éxito de desgravar la carne ovina cuando esa medida venía de hace veinte años, y mantuvo y profundizó todas las malas políticas de encierro económico a dedo, caso a caso, en las frutas y verduras, al tiempo que mantuvo las trabas sanitarias en la carne de pollo y cerdo.

Su ministerio fue un ausente absoluto de la negociación agrícola externa, pero en eso hay que ser benevolente ya que estos años fueron de poco movimiento integracionista, no por culpa solo del gobierno.

Fue decisivo en enterrar el TLC con Estados Unidos, quiso manejar precios a pura presión personal, es decir fuera del derecho, y casi nos convenció a todos que lo peor que le puede pasar al país es que suban los precios de exportación.

Fue un comisario de precios pero siempre reaccionado al grito y por tanto sin tener el menor efecto sobre ellos. A este respecto y solo como ejemplo recordemos sus recientes reacciones sobre el precio de la carne y de la leche. Cualquiera puede consultar la web del INE y verificar cómo evolucionaron los precios en el período que se quiera. Tomando por ejemplo desde marzo del 2005 hasta la actualidad se verá que la carne en todos sus cortes ha evolucionado de modo análogo a la inflación (23,8 contra 21,05). Y que la leche lo hizo 20%. Es decir que se trata de reacciones sin sustento en la realidad. Más aún, como era de esperar y lo confirma INAC, manteniéndose los precios y subiendo el salario, todo lo demás constante uno debería esperar como efectivamente ocurrió, aumentos en el consumo de carne. En definitiva puras declaraciones para la prensa y poco asesoramiento técnico.

A esto último se refiere uno de los peores cargos que le hago a su gestión, poco conocido por el público: la fenomenal destrucción de capital humano técnico profesional llevada a cabo por una administración, sepultando o sustituyendo técnicos de prestigio por ciudadanos tan ideologizados como poco preparados.

Sin capacidad de maniobra sobre los precios se irritó con las subas de algunos -carne, lácteos- sin referirse a otros que son altos por su responsabilidad directa o indirecta: frutas y verduras, azúcar, pollo, vino, telefonía, gas oil, ropa, zapatos, aceite, automóviles.

Deja montada una máquina capaz de interferir en muchos precios salvo hasta ahora en la carne, rubro en el que hizo intentos varios pero no concretó por suerte ninguna intervención. Aún me acuerdo de su voluntad de subsidiar la cría -con el ternero a valores récord históricos- pero en esta cadena todo queda por suerte en anécdotas.

Utilizó al comienzo -creo que al final se moderó- toda aquella jerga cansadora y hueca de contenido, que otros cultores de lugares comunes siguen utilizando: país productivo, gas oil productivo, productor familiar. Esta última categoría, aún mágica, es el paraguas para justificar cualquier cosa en su nombre, sobre la que escribiré muy pronto dado el mamarracho de considerar por ejemplo familiares a productores con un capital de más de un millón de dólares, y así poder afirmar que nuestro campo se compone esencialmente de productores familiares.

No molestó mucho a los inversores de otras latitudes, y atemorizó sobre el final de su gestión más con la palabra que con los hechos, al anunciar controles de todos los colores en el comercio de trigo, leche, carne, etc.

Su salida aumenta el riesgo político de cualquier inversión, porque además de sus palabras dejó armado un aparato legal como para intervenir en todo. El nuevo ministro tiene ahora la palabra.



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