JULIO PREVE FOLLE
La licencia del ministro de Ganadería nos posibilita conocer ideas sueltas del subsecretario de la cartera y candidato a su sucesión. En menos de una semana sus opiniones fueron recogidas por Búsqueda y, en días sucesivos, por este diario.
El denominador común de sus intervenciones refiere a la voluntad de "conducir" todos los procesos económicos a partir de la voluntad oficial. Es así que señala la necesidad de que las inversiones obedezcan a un plan estratégico, que vayan para allí y no para acullá, que se asignen recursos para agregar valor y no para hacer dinero simplemente -el capitalismo salvaje otra vez- que los extranjeros no vengan a competir con los locales, y una larga lista de viejos lugares comunes.
INVERSIONES CONDUCIDAS. Sobre esta idea de conducir las inversiones hay algo que se debe señalar previamente. Se trata de la pregunta obvia, que es de dónde cree el MGAP que le viene la ciencia para saber qué es lo mejor para el país y cómo alcanzarlo. Está claro que esa ciencia no está disponible en esa cartera, para lo que vale la pena recordar algunos botones de muestra.
Un ejemplo es la producción azucarera, que el MGAP considera el buque insignia del país productivo y no es otra cosa que una inversión de recursos públicos conducida hacia un agujero negro.
Otro ejemplo de conducción es la insistencia en sostener, con cargo al consumidor, la producción de pollos en base a acuerdos "voluntarios", exoneración de IVA, y trabas sanitarias al comercio, para llegar sin embargo a una producción similar a la de unas décadas atrás.
La lista sigue con el planteo de cambiar la política forestal, para llenarla de una zarabanda "social", en tanto se siguen concediendo zonas francas a las grandes inversiones.
O los cambios en la lechería, que terminan en la confesión poco tiempo después como lo hizo valientemente José Mujica, que el ministerio fracasó en su intento de política lechera: la de más transferencias de la sociedad y una horrible ley ya comentada, llena de lugares comunes y facultades liberticidas entregadas a una creación institucional corporativa, a expensas de las decisiones empresariales. Quedaba como novedad en todo caso el deseo de hacer más tambos como objetivo social a fuerza de voluntarismo y a contramano de las relaciones de precios; esto también fracasó y es lógico porque hubiera significado intentar que la gente que opina que tiene un negocio mejor, lo cambiara por otro tipo de objetivos.
O aquel propósito de estimular la cría -con el ternero a valores récord- o de vender asados; y más recientemente, la suspensión de exportaciones un día, para rehabilitarla una semana después.
O la eliminación de las sociedades anónimas por acciones al portador en función de objetivos nacionales que hasta ahora no conocemos y con excepciones a dedo caso a caso.
Todos ellos son elementos que quedarán para el anecdotario, pero que en cualquier caso demuestran que la capacidad técnica de conducir procesos económicos complejos es inexistente en el MGAP.
LA POLÍTICA. En ausencia de capacidad para generar medidas que conduzcan inversiones, queda no obstante la posibilidad de formular declaraciones políticas que son más bien amenazas veladas que, aun en la certeza de la imposibilidad práctica de convertirse en políticas públicas, configuran un ataque a la libertad y sobre ellas hay que empezar a hablar y escribir.
Una primera consideración es que los gobiernos no tienen derecho -tampoco tienen capacidad sus gobernantes en general- de determinar qué es lo que el país debe producir. Esto se logra solo haciendo añicos la libertad individual, a la vez que constituye un reflejo totalitario propio del socialismo salvaje al que algunos pre Gorbachov siguen afiliados. Dice el subsecretario que cuando "el mercado era libre nos pasó lo que nos pasó." Propongo en cambio acordarnos de lo que pasaba en los países del socialismo salvaje con su producción planificada de alimentos y ver allí lo que nos pasó. O en todo caso, menos patético, analizar cuáles son los rubros de producción que crecen en Uruguay desde hace muchos años y cuáles no; y verificar con números en la mano que solo crecen los libres si los precios así lo indican, y caen siempre o vegetan aquellos otros sujetos a intervenciones -conducciones- estratégicas.
LA POLICÍA. Este gobierno se caracteriza por la intensificación de los mecanismos policíacos: más controles impositivos, creación de más registros inútiles, menos intimidad, menos anonimato, menos imperio impersonal de la ley pero más intervenciones a partir de declaraciones de ministros. La opinión del jerarca en este sentido es que las nuevas inversiones no deben venir a molestar a las ya existentes. Como es imposible jurídicamente obligar a una empresa a ubicarse donde la manden, en realidad lo que funciona es la advertencia velada, policíaca, ajena al derecho. Los inversores grandes deben pasar por la aprobación moral oficial, ya que no hay norma alguna que se pueda invocar para conseguir el "placet" del MGAP. Es así que según parece, para poner una industria no vale competir con las instaladas y hay que retirarse a zonas donde no haya nada. Esto viene a cuento especialmente de la lechería y algo del arroz Las industrias nuestras, empezando por la lechera mayor, le tienen miedo a la competencia y el gobierno parece ampararlas. Y sin esta competencia potencial perdemos todos. Pierden los productores, que podrían acceder a mejores precios si hubiera disputa legítima por su materia prima; pierde la industria instalada, ya que se esfuma el potencial de crecimiento a que la competencia obliga; y pierde el país el dinamismo de ambos.
VALOR AGREGADO. Hay aquí otra tontería. Todos los sectores políticos del mundo coinciden en desear que en el país se agregue valor a las materias primas dado que en ese valor agregado hay trabajo nacional. Decir que agregar valor constituye un proyecto estratégico es igual a señalar que es estratégico el voto secreto. No hay pues una división entre partidarios de una y otra opción. Eso es apenas una tontería de más o menos efecto, equivalente a hablar de la leche de los niños en uno de los países de mayor consumo per cápita del mundo. Lo importante sí es establecer qué se está dispuesto a hacer para que ocurra ese agregado de valor. El subsecretario señala como ejemplo Argentina, donde se grava con detracciones diferenciales la exportación de materias primas y productos industrializados. Pero el intento de agregar valor no puede venir de recursos que provee el productor de materia prima, como ocurre con las detracciones argentinas que parecen gustar al subsecretario, y que tienen efectos notorios en la inversión en el sector primario, como trágicamente se demuestra en la propia Argentina de hoy. Si el gobierno tiene un objetivo estratégico en bien de la sociedad, deberá ser con cargo a ésta que se lo lleve adelante. En realidad, si agregar valor es negocio, a nadie se le ocurre no hacerlo si sabe cómo. De manera que a lo mejor los gobiernos pueden ayudar en este sentido con políticas educativas de largo plazo, pero sobre todo no castigando el agregado de valor con su política salarial, o con su política monetaria, o su régimen tributario. He allí tres áreas para que el subsecretario trabaje en favor del agregado de valor, en momentos en que cuanto más se lo hace más se pierde competitividad. No va a ser gravando las materias primas. Le propongo a cambio desgravar el agregado de valor, no propiciar políticas salariales alejadas de la productividad, cambiar la política monetaria que agrava el problema internacional del valor del dólar, achicar tarifas monopólicas. Todo esto es hacer política genuina de agregar valor. He aquí un proyecto estratégico. Lo demás no es otra cosa que dirigismo, afectación a la libertad, transferencias entre sectores de suma cero, voluntarismo, nada.
Hay una cosa peor en esto de conducir inversiones. Como en la práctica es imposible definir objetivos estratégicos nacionales como no sea lugares comunes, esa conducción estratégica se convierte en la práctica en más trámites. Ahora hay que buscar el certificado de cumplimiento de cuidado ambiental, de acuerdo con la política forestal, o de acuerdo con la ley de lechería, o de registro de movimientos, o de vacuna tal o cual, o de la habilitación aquélla, o de la prueba de no contaminación, o de respeto de las curvas de nivel, o de más y más burocracia. Es la caricatura de la conducción de inversiones. Así termina: en sortear el poder pequeño de cada funcionario para poder trabajar.
También hubo referencias -otra vez- a la existencia de tierras improductivas -cuando la hectárea vale lo que vale y hay impuestos a la tierra- de las sanciones según la ley de suelos, o de ocuparse del abastecimiento de alimentos en un país en el que no falta ninguno. Pero de todo esto habrá tiempo de volver más adelante.