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Sobre la ideología en el MEF

JULIO PREVE FOLLE

La semana pasada asistí a la presentación del equipo económico en ACDE, y como tantos de los que estábamos allí, salí con un gran preocupación e incertidumbre; no por lo que se dijo que fue muy claro, sino por lo que se anunció que se hará de aquí en más, que genera enorme inquietud sobre la situación en que el gobierno dejará al país para cuando haya que enfrentar momentos no tan favorables. Debe recordarse a este respecto que Uruguay que crece mucho respecto de su historia, crecerá en el 2008 según el FMI algo menos que América Latina, menos que el promedio mundial, mucho menos que África, que Asia o que Europa Central. Superará sí a Japón, Estados Unidos y Europa.

El foro de ACDE resultó particularmente serio porque el ministro planteó el análisis económico, e invitó a hacerlo a los presentes, desde una perspectiva ideológica. No se puede juzgar la política económica sin tener presente la ideología que la inspira, señaló enfáticamente. Y bien, de eso se trata hoy: de discurrir un poco acerca del trasfondo ideológico del gobierno a partir de la exposición de ACDE.

LÍO FILOSÓFICO. En el momento de recordar la ideología que inspira a la Administración, la definió en primer lugar como un fuerte compromiso ético. Hay aquí un lío filosófico muy serio. La ideología política supone un conjunto más o menos estructurado de ideas acerca del modo de conseguir el bien común, en especial el bien común material, de los ciudadanos. La ética en cambio implica otra cosa: es el obrar humano en orden a un fin que aparece como bueno; más aún, se trata de considerar actos éticamente buenos aquellos que se realizan conforme al bien, a aquello que al sujeto se le aparece como moralmente bueno. Es algo personal, interior, una perspectiva de primera persona, diferente a la del derecho que es exterior al hombre, o si se quiere que posee una perspectiva de tercera persona. Llevar esto a la política es grave porque implica que quienes piensan diferente no son apenas contradictores de ideas, ciudadanos que buscan otros caminos para llegar al bien común, sino gente que hace el mal. Así, el respeto por las ideas ajenas se vuelve mucho más difícil -esto se vio en la charla del ministro al referirse al Economista Talvi- porque los que las sostienen no solo opinan diferente sino que actúan éticamente mal. Es una barbaridad.

el ROBO. El ministro fue más preciso. Definió la ideología del gobierno como el fuerte compromiso ético con los más desfavorecidos. Y aquí creo que hay que señalar dos cosas.

La primera, que estamos frente a un lugar común; no puede haber ningún partido político en el mundo de cualquier momento de la historia que tenga decidido un compromiso ético contra los más pobres. Todos los partidos, usando quizás instrumentos diferentes, se proponen mejorar su suerte.

La segunda consideración es el robo que en nuestro país ha hecho la izquierda de la bandera de los más débiles. Y esto es también una barbaridad. Ni en Uruguay ni en ningún país del mundo la izquierda puede ostentar en propiedad ese compromiso; ningún partido político puede hacerlo. Unos más y otros menos podrán esgrimir sus éxitos. Yo tiendo a pensar que la geografía mundial de la pobreza en la segunda mitad del siglo XX se asocia más con países de gobiernos de izquierda, por decirlo así de este modo simplificado. En definitiva y más allá de categorías poco útiles, al menos en Uruguay debemos rechazar por lo menos como desconocedora de la historia, la afirmación de aquel compromiso de defensa de los pobres como atributo o propiedad de la izquierda.

GASTO Y MÁS GASTO. Estribando en aquel compromiso ético con los más débiles, el ministro justificó el fenomenal crecimiento del gasto que llegará al 47% en el período. De esta forma, al relatar todo el exitoso proceso de renegociación de la deuda externa, el equipo económico explicó que el ahorro de él derivado se utilizaría -compromiso ético mediante- en gastar más a favor de los pobres. Como el crecimiento del producto y el mantenimiento aunque abollado de los equilibrios permite gastar más sin generar vulnerabilidad fiscal, los próximos dos años se gastará mucho más, se llegará al 4,5% del PIB en la enseñanza, se efectivizará el seguro de salud, etc.

Hay en este encadenamiento lógico un error sustancial, que es el que supone que la pobreza existente deriva de la falta de gasto público para resolverla lo que es falso, o que incrementando éste las cosas van a andar mejor. Nada prueba estos asertos y más bien diría que es al revés: la forma sostenible en el tiempo de lograr caídas permanentes en la pobreza y la indigencia es la promoción de la actividad económica privada, agraviada hoy por intervenciones también ideológicas.

EL MISMO ORIGEN. ¿Es cumplir con un compromiso ideológico gastar 4,5% no en la enseñanza sino en sueldos de la enseñanza, y hacerlo sin contrapartida alguna de exigencias de calidad? ¿Es atender a la ideología impulsar una reforma tributaria para que los de abajo estén marginalmente mejor, pero solo a expensas de que los del medio estén mucho peor y a los de arriba no les pase nada? ¿Es atender a la ideología la socialización total de la salud que se propone, pasando al Estado absolutamente todas las decisiones en cada mutualista, que ya no podrá resolver cómo atender, que medicar, qué invertir, cuánto cobrar, etc.?

Pero hay mucho más. ¿Es esa ideología de la que nos habla el ministro de economía, la que explica nuestra política comercial de más y mejor Mercosur, más Venezuela y Cuba, y menos de todos los demás, convirtiéndonos así hoy en un país solo, absolutamente solo salvo por México, habiendo dejado pasar varios trenes? Y, ¿es esta política comercial ideologizada, que ve en nuestros socios regionales "compañeros", la que nos lleva al parlamento Mercosur con desmedro de nuestra soberanía?

Sigue siendo una postura ideológica ésta de continuar indexando remuneraciones sin cambios en la productividad, como lo es toda la política de consejos de salarios que reinstala la confrontación y, lo que es peor, hace creer a la gente que la forma de ganar más es negociando mejor, teniendo un buen sindicato, o quizás ganándose el lado del ministerio de trabajo. Y todo lo vinculado a huelgas y ocupaciones, también parte de la ideología que señalaba el equipo económico.

Los agravios permanentes al derecho de propiedad que se ven en el campo; las amenazas a los que ganan plata; la intervención sobre diferentes precios de la economía. Y el decaimiento del estado de derecho, con gobernantes que juzgan a jueces, que pronostican sus decisiones, todo tiene el mismo origen.

LA LIBERTAD ANTE TODO. Es bueno recordar que el mejoramiento de la justicia distributiva, aun realizado con la mejor intención, no puede hacerse avasallando la libertad, dejando hecha pedazos la decisión individual sustituida y promovida desde un Estado infalible, omnipotente, justo, todos atributos que de hecho se autoproclama. Mejorar la enseñanza pública quitando espacios de decisión y actuación a la privada, va contra la libertad. Mejorar la salud decidiendo todo desde el Ministerio de Salud Pública también. Agraviar la formación de los precios, defender monopolios, atacar el derecho de propiedad, quitar espacio a la actividad económica privada, regular el comercio como se lo quiso hacer con la carne, con el trigo y la leche, agravia valores mucho más importantes y preciados.

En definitiva, los empresarios se retiraron preocupados por el nivel de gasto que se viene, muy difícil de revertir luego, a poco que el viento cambie. Y yo además porque entreverar tanto las cosas no le hará nada bien al país: al despilfarro llamarle compromiso ético; señalar que gastar más -no mejor- en enseñanza pública es ideológicamente correcto; estatizar la salud. La libertad así se nos va atenuando, y esto sí que es mucho más que un tema económico, sobre el que volveremos una y otra vez como siempre.



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