CARLOS STENERI | DESDE WASHINGTON DC
Casi como con rubor, Brasil anunció recientemente que sus reservas petrolíferas probadas aumentaron en casi cincuenta por ciento, gracias al hallazgo de un yacimiento a gran profundidad en su plataforma continental marítima al sur de Santos, en el estado de San Pablo.
Su envergadura lo pondrá dentro de la nómina selecta de los exportadores netos de petróleo más importantes del mundo. Si algo le faltaba, era convertirse en proveedor neto de una fuente energética escasa y con demanda creciente. En consecuencia, se ha reforzado su estatura política y económica entre la comunidad de las grandes potencias, yendo de suyo la consolidación indiscutible de su liderazgo regional.
A su condición de primer exportador mundial en rubros de diversa naturaleza tales como carne vacuna, soja, café, azúcar, jugo de naranja, mineral de hierro y aviones para tráfico regional de pasajeros agrega una matriz energética diversificada, con capacidad exportadora que incluye también su liderazgo indiscutido en la producción de alcohol y biodiesel.
La consolidación de todos esos pasos no es obra exclusiva de la suerte apoyada en actos de la naturaleza, sino que son el resultado de políticas adecuadas, a pesar de algunos traspiés que de tanto en tanto sobrellevan. Lo que importa es la dirección y los avances, y menos los desvíos temporales en el camino.
Solo como mención, Brasil ya ha pedido su inclusión en la Organización de Países Exportadores de Petróleo a lo que agrega su aspiración de integrar en forma permanente el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. También lidera las negociaciones en el marco de la Organización Mundial del Comercio, junto a China e India, en representación de los países en desarrollo.
Esta nueva realidad impactará a la región en una gama variada de temas, de los que sería temerario escabullirse.
INTEGRACIÓN REGIONAL. El petróleo ha sido uno de los movilizadores de la política internacional de la última centuria. También de alguna manera lo ha sido para la región, pero en sentidos dispares. Su potencial petrolero lucía concentrado en pocas naciones, con todo lo que ello implica.
Su nueva regionalización también distribuye la fuerza que otorga el poder monopólico de la fuente energética concentrado en pocos países. Sin duda es el momento de comenzar a pensar el tema en términos regionales, para que este insumo estratégico deje de ser una restricción al crecimiento y no se convierta en otra fuente de asimetrías. Si tomamos a la Unión Europea como el ejemplo más cercano y exitoso de integración económica, debemos recordar que sus cimientos se apoyaron en un acuerdo energético. Se empezó por lo básico, buscando disipar vulnerabilidades, sin recurrir a dádivas de ninguno de los socios, ni planteando quimeras faraónicas, sino con la seriedad necesaria para lograr el objetivo. Recién desde ahí se pasó al armado de la infraestructura básica que posibilitó construir una institucionalidad de integración más compleja en otras áreas. El buen suceso de Brasil tiene que actuar como despertador en la materia.
Hoy mirando al Mercosur, con un potencial energético indudable, en su dominio permanece esta asignatura pendiente. La naturaleza le dio una oferta de energía pródiga, pero padece de carencias endémicas a nivel de consumidor industrial y doméstico. No hemos podido lograr una interconexión energética abundante o confiable por causas diversas, olvidando que todo producto contiene un alto porcentaje de energía.
UN NUEVO MERCOSUR. Quizás sea un desliz imprudente señalar que este acontecimiento también impactará al Mercosur. Pero vale la pena el riesgo. Lo que acaba de acontecer, confirma que su socio mayoritario es prácticamente autosuficiente en todo lo que produce la región, y en muchos rubros, incluyendo ahora el petróleo pasa a ser exportador neto.
Con objetividad debe reconocerse que eso lo coloca en una posición única con el resto de sus asociados. Hoy más que antes Brasil puede prescindir de la región como mercado, aunque esta no puede darse el lujo de desdeñar un mercado que será más rico gracias a la bonanza petrolera.
En esta conjugación de nuevas fuerzas adquiere relevancia el tema de las asimetrías, y quien lidera las negociaciones del bloque con otros países u otros conglomerados. Es así que la carta del petróleo actuará en el caso de Brasil como la tarjeta de presentación para otorgarle el liderazgo natural del bloque. Si ese fuera el caso, pues no tiene sentido luchar contra lo irreversible, sería conveniente ir pensando bajo qué reglas. Máxime cuando se trata de efectos sobre los países chicos. También es adecuado en estas circunstancias, ir buscando los perfiles propios que mejor se adaptan para sacarle provecho a la situación. Dubai, casi sin recursos energéticos propios, encontró con éxito el camino para usufructuar la bonanza regional.
Un tema colateral, pero que atañe a los efectos de un auge exportador de esa índole, es que la región empezará a recibir impulsos de apreciación en su tipo de cambio real. La "enfermedad holandesa" será un desafío para las conducciones económicas de los países, en particular los más pequeños, pues aplicará presión a la baja sobre el resto de la matriz exportadora y de la industria local.
EL EJEMPLO DE PETROBRAS. El hallazgo de petróleo a gran profundidad es un hito de envergadura para cualquier empresa líder en el ramo. Pero más importante es que fue logrado con tecnología desarrollada por una compañía cuyo socio mayoritario es la sociedad brasileña, junto a una masa ignota de accionistas privados. El ejemplo tiene varias aristas a modo de lecciones que conviene destacar.
En primer lugar, la dicotomía entre lo totalmente público y lo privado para encontrar eficiencia desaparece. Lo que importa es con qué reglas se opera.
Petrobras es una empresa expuesta a la competencia. Esa fue una de las batallas más duras que libró el Presidente Cardoso, al tener que enfrentar una dura oposición gremial en su esfuerzo para modernizar la operativa de las empresas públicas.
Las nuevas reglas de juego obligaron a la selección de cuadros directrices desligados del ciclo político. Los cuadros técnicos, y la investigación operan bajo reglas de remuneración e incentivos similares a los de la actividad privada.
Al flotar parte de su capital de manera activa en las bolsas de San Pablo y New York, Petrobras publica balances trimestrales y coeficientes de gestión bajo normas prudenciales estrictas. Es aleccionador observar el ritmo ascendente de la producción en barriles, el aumento de sus reservas probadas y la expansión de actividades de prospección en aguas profundas de otros países. Eso la coloca hoy con coeficientes de gestión muy superiores a los de Pemex y Pedevesa.
CONCLUSIÓN. Los chisporroteos regionales de los últimos días que nos tocaron de cerca, impidieron visualizar la verdadera magnitud del anuncio. Quizás sea prematuro intentar ahora extraer más conclusiones. Pero lo que sí es seguro, es que ha marcado un punto de inflexión importante en el devenir de los acontecimientos regionales. Se requiere mirar el horizonte para que todos los países de la región se posicionen adecuadamente ante el nuevo escenario. La energía dejará de ser una limitante para su crecimiento si se entiende dónde operan las restricciones y se encuentran los caminos para superarlas.
Mientras tanto, los países a los deberes. Petrobras es un ejemplo de lo que se puede lograr mediante la modernización de una empresa pública. Y en este caso se lleva la gloria, aunque no debemos olvidar que otras como Vale do Rio Doce y Embraer, que también fueron modernizadas y operan bajo competencia, son líderes mundiales en sus respectivas actividades.