Existe una idea muy extendida en la sociedad uruguaya, sobre todo en los últimos veinte años, de que el agro es básicamente un mundo de productores y empresas rurales. De alguna manera, esta conceptualización va acompañada de una reticencia del propio Estado para producir información sobre la situación social del medio rural. El último estudio sistemático que tenemos al respecto fue realizado en el año 2000 por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y patrocinado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA). Anteriormente sólo se contaba cada diez años con las cifras obtenidas en base a los Censos de Población y Vivienda y un estudio pionero encargado por el Poder Legislativo y dirigido por el arquitecto y sociólogo Juan Pablo Terra en 1963. En cambio, la información económica sobre la producción agropecuaria es abundante, de muy buena calidad y con una excelente periodicidad, pero está orientada sólo a la construcción de indicadores económicos y de rentabilidad de las empresas. Incluso la Encuesta Continua de Hogares del INE, principal fuente de datos para la construcción de indicadores sociales del país, hasta el momento no cubre a las poblaciones de menos de 5.000 habitantes y áreas rurales. Por lo tanto, esto es una gran limitante para tener un diagnóstico de la situación social en el medio rural y una visión efectivamente global de la sociedad uruguaya, dijo el sociólogo Alberto Riella, docente e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, en diálogo con ECONOMIA & MERCADO. A continuación se publica un resumen de la entrevista.
—Desde hace veinte años el sector agropecuario viene creciendo a una tasa levemente superior a la de la economía uruguaya en su conjunto. ¿Ha sido acompañado este crecimiento de la actividad del agro por una mejora de los ingresos de los trabajadores rurales?
—No se ha observado que ese crecimiento haya tenido impactos de importancia en el aumento de los ingresos de los hogares rurales, de acuerdo con los pocos elementos que se disponen. Sólo se han realizado estimaciones sobre la evolución del salario mínimo rural que indican un descenso sistemático en términos reales desde la década de los setenta hasta la fecha, ubicándose actualmente en un 40% de su valor en 1970. Es más, el aumento de la rentabilidad de las empresas agropecuarias y de la productividad del trabajo de los últimos años no se ha reflejado en un cambio relevante en dicha tendencia.
—¿Qué porcentaje de la población de áreas rurales y localidades de menores de 5.000 habitantes vive por debajo de la línea de pobreza?
—La falta de datos recientes sólo permite responder su pregunta haciendo una proyección de las cifras disponibles para el año 2000. En esa fecha la pobreza en esas áreas comprendía al 16.5% de los hogares, mientras que en el interior urbano el 10.8% de hogares vivía por debajo de la línea de pobreza. Esto indica que, aunque ella era relativamente baja comparada con la que se registra hoy, ya era significativamente mayor en las áreas rurales que en las zonas urbanas del interior del país. Entonces, si las cifras para el 2004 indican que la pobreza en el interior urbano alcanzó al 21.9 de los hogares, y asumimos la hipótesis de que el incremento de la misma en el medio rural fue al menos de igual magnitud que en esas localidades, podríamos afirmar en términos primarios que un 32% de los hogares rurales y de las localidades de menos de 5.000 habitantes actualmente están por debajo de la línea de pobreza. Esta misma proyección lineal indicaría, en relación a las personas, que un 40% de la población rural sería pobre. Si bien esta cifra parece muy elevada para la idea que hoy se tiene de la sociedad rural, está en concordancia con varias investigaciones sectoriales realizadas sobre esta temática. En 1993 se realizó un estudio por Equipos Consultores que indicó que la pobreza rural era del 45% entre los asalariados y pequeños productores rurales. También otras investigaciones sectoriales sobre asalariados rurales muestran que más de la mitad de esa población vive en situación de pobreza. Estas cifras aumentan si se mide por Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) ya que algunos de sus indicadores no son muy adecuados para las zonas rurales.
—¿Dónde se encuentra la mayoría de los hogares pobres del medio rural?
—El mundo rural ha cambiado mucho en los últimos cuarenta años. Los llamados "rancheríos", que fueron un problema social grave del agro a mediados del siglo XX, no tienen ya la relevancia del pasado debido a diversas acciones y transformaciones que se han dado en la sociedad uruguaya, sobre todo vinculadas al avance de las comunicaciones, de los medios de transporte, la expansión de los servicios públicos y en especial una política pública sostenida de vivienda ejecutada por Mevir (Movimiento para la Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural). Sin embargo, las situaciones de mayor pobreza en el medio rural se siguen registrando en las pequeñas localidades de menos de 900 habitantes, mientras la tasa de pobreza en las áreas rurales dispersas es algo menor que en dichas localidades.
Situación laboral
—¿Cuál es la situación laboral de las personas que viven en la pobreza en las localidades menores de 5.000 habitantes y áreas rurales?
—En general, como comentaba, la población rural tiene menores niveles de desempleo que en las zonas urbanas a causa de la migración, aunque habría que precisar mejor las mediciones sobre este fenómeno en estos territorios. Pero sí es posible afirmar que los mayores grados de pobreza se dan entre aquellos trabajadores que están vinculados a trabajos zafrales que no garantizan la ocupación durante todo el año y que residen en pequeños poblados rurales. A su vez, los asalariados estables cuentan con ingresos muy bajos lo que también los hace un grupo con alta vulnerabilidad a la pobreza y a la indigencia.
Cuando hoy se indican las consecuencias sociales negativas de la flexibilización, precarización y desregulación laboral en el medio urbano, es necesario puntualizar que estas características han existido desde siempre en el medio rural. Esto no ocurrió por casualidad, sino porque ha habido una omisión sistemática del Estado en regular el mercado de trabajo en el agro, incluso en épocas propicias para la regulación como fueron las décadas de los cincuenta y sesenta. En este sentido, es un hecho histórico que el actual gobierno haya convocado a los Consejos de Salarios para los trabajadores rurales porque señala un cambio sustantivo en la materia, que puede tener a mediano plazo efectos positivos en la condición de vida en las zonas rurales y, quizás, mitigar la migración.
—¿Sólo los trabajadores dependientes están en situación de pobreza en el agro?
—Si bien cerca del 60% de los pobres en el agro son asalariados, también hay otros grupos de la sociedad rural que están por debajo de la línea de pobreza. Uno de ellos, que representa entre el 25% y el 30% de los pobres rurales, son los "cuentapropistas", quienes prestan diversos servicios vinculados a la actividad agropecuaria y no agropecuaria. Asimismo, cerca del 15% de los pobres serían pequeños productores. Cabe consignar que estos hogares de los muy pequeños productores, los "cuentapropistas" asalariados, tienen en su mayoría ingresos provenientes de actividades no agropecuarias.
Ruralidad globalizada
—¿Qué nuevas características presenta el mercado laboral rural a partir de la incorporación de explotaciones no tradicionales en el agro?
—En el medio rural se está dando la articulación de dos procesos. Uno es el predominio de la ganadería que ocupa el 90% de la superficie rural y que ha mantenido una estructura relativamente estable durante los últimos cien años. El otro proceso consiste en que alrededor de esa explotación ganadera hay un importante grupo de sectores muy dinámicos que se han ido incorporando a la explotación del agro en los últimos veinte años. Todo eso muestra un panorama rural muy distinto al de los años sesenta. Por lo tanto, ha surgido una nueva problemática rural que ya no puede ser entendida a partir de los viejos esquemas de mediados del siglo XX. El cambio más significativo radica a nuestro juicio en que hoy la sociedad rural uruguaya está globalizada. En efecto, la organización social de todo su territorio rural y de su producción ya no está referida al sistema agroalimentario nacional, sino que está estrechamente vinculada al sistema agroalimentario mundial —antes sólo la producción ganadera tenía parcialmente estas características— lo que ha cambiado radicalmente el marco de referencia en el que se estructuran la sociedad y los territorios rurales.
Esta nueva realidad que presenta el medio rural no es un fenómeno exclusivo de Uruguay, sino de toda América Latina. Ha sido denominada como una "ruralidad globalizada", dando así un cambio al propio concepto de ruralidad que permite dejar atrás la vieja distinción entre lo urbano y lo rural. Esta será seguramente la nueva conceptualización de la ruralidad que nos acompañe durante el siglo XXI.
Como ejemplo de ello hoy el 60% de los trabajadores rurales ya viven en áreas urbanas, o sea en localidades de más de 5.000 habitantes, y van a trabajar en motocicleta o en ómnibus a los establecimientos agrícolas y ganaderos. Otro ejemplo es que la mayoría de los trabajadores del sector citrícola reside en las ciudades de Salto y Paysandú, así como muchas familias de los empleados y jornaleros del sector forestal están radicadas en Tranqueras, Piedras Coloradas y en otros pueblos de las grandes áreas forestales.
—¿Qué particularidades presenta esa "nueva ruralidad"?
—La principal característica de esta nueva ruralidad es que los espacios rurales y sus problemas contemporáneos comienzan a ser observados y valorados desde otro punto de vista. Ya no se ven sólo como espacios de producción de alimentos y materias primas, sino que también son percibidos como patrimonios territoriales comunes que deben ser preservados y cuidados, como espacios de recreación necesarios para los habitantes urbanos y de mantenimiento del paisaje y como base para otras actividades económicas no agropecuarias. A estas características los europeos las conceptualizan como la multifuncionalidad de los territorios rurales.
En esta nueva concepción de lo rural aparecen nuevas prioridades como la de preservar y afirmar la red social que construye esos territorios. El mantenimiento de las personas en el medio rural y su entorno es una discusión estratégica para nuestro país, que está aún pendiente y que sería conveniente saldarla cuanto antes, ya que estamos llegando a un primer equilibrio poblacional que se expresaría en torno al 8% de la población residente en áreas rurales dispersas. Aún se está en condiciones de evitar generar daños que después sean irreparables. Por ejemplo, habría que replantearse cómo se diseñan las redes de los servicios y las políticas públicas de manera que contribuyan a generar las condiciones necesarias para el mantenimiento del tejido social básico que estructura los territorios, para que zonas importantes del país no sean afectadas por la desertización social que ya aqueja a otros países. Para evitar estos problemas ya no son útiles los razonamientos económicos clásicos, que evalúan los costos en función de la cantidad de población.
—¿Se dedica la totalidad de la población rural a las tareas agropecuarias en Uruguay?
—Sólo el 60% de la población rural económicamente activa trabaja en el sector agroganadero. El restante 40% de la población que vive en el medio rural trabaja en sectores distintos al que tradicionalmente se pensaba como única fuente de creación de empleo en el medio rural. En efecto, más de un 11% de la población rural trabajadora se desempeña en pequeñas industrias locales y el 29% lo hace en servicios públicos y privados, según la Encuesta de Hogares Rurales del MGAP realizada en el año 2000. Todo parece indicar que a medida que va descendiendo el peso de la población que trabaja exclusivamente en el sector primario debido al desarrollo de la tecnología, el aumento de la zafralidad y la reducción de los puestos de trabajo permanentes, se genera una visibilidad mayor de una cantidad de ocupaciones que antes permanecían ocultas detrás del gran volumen que tenía la producción agropecuaria.
Pluriactividad
—¿Cuál es el fenómeno más relevante en términos de empleo que ha aparecido con la nueva ruralidad?
—Si bien falta investigar mucho sobre esta temática, uno de los fenómenos que adquiere una creciente importancia es el de la pluriactividad de los hogares rurales. Esto consiste básicamente en la combinación al interior de un hogar de personas ocupadas en actividades agrícolas y no agrícolas. En realidad, estas familias serían como un verdadero eslabón entre lo rural y lo urbano.
—¿Es esa pluriactividad un fenómeno nuevo o siempre ha acompañado al mundo rural?
—Es una discusión que está presente en la academia. Como sostienen muchos investigadores en la temática, la pluriactividad siempre fue parte de la sociedad rural; pero la verdad es que nadie le había prestado la atención debida porque se miraba al mundo rural de los productores o los trabajadores rurales y se consideraba que el resto de la población vivía en el país urbano.
—¿Qué efectos tiene la pluriactividad en los hogares rurales?
—En un estudio realizado por el equipo de investigación del Departamento de Sociología, en las poblaciones menores de 5.000 habitantes, encontramos que el 33% de los hogares que tienen más de un miembro activo son pluriactivos. Es decir que un tercio de esas familias rurales cuenta, por lo menos, con un integrante que trabaja en tareas agropecuarias y otro que se dedica a otro tipo de actividades no agropecuarias. En estos hogares se combinan las actividades rurales, ya sea de productor, "cuentapropista" o asalariado rural, con otras no rurales. Es un tipo de hogares que no es ni puramente urbano ni puramente rural. La nueva ruralidad está cada vez más imponiendo esta combinación entre el mundo urbano y el mundo rural.
—¿Está la pluriactividad extendida uniformemente en todo el país?
—Este nuevo panorama está muy vinculado al dinamismo económico y tecnológico que han incorporado en el sector rural los cultivos más extendidos y la forestación, así como la combinación de la agricultura con formas de ganadería más desarrolladas tecnológicamente. Por esta razón, los efectos de la pluriactividad se ven mucho más nítidamente en el sur y en el litoral que en el centro-norte y norte, en donde predomina la explotación ganadera relativamente más tradicional.
—¿Es la pluriactividad un fenómeno que contribuye a disminuir las posibilidades de pobreza en los hogares rurales?
—Una particularidad que presenta el fenómeno de la pluriactividad es que atraviesa por igual a toda la estructura social del medio rural. Hay pluriactividad en los hogares de los patrones de las estancias que también pueden ser profesionales o tener actividades comerciales, en los hogares de los pequeños productores en las que otros miembros del hogar y, en particular las mujeres, pueden dedicarse a actividades de servicios sociales y en los hogares de los asalariados permanentes y eventuales, en donde suelen trabajar en servicios personales y en otras actividades del sector terciario. Por lo tanto, la pluriactividad no determina muchas características específicas, más allá de las que determina la estructura social. No necesariamente por ser pluriactivo un hogar va a ser más o menos pobre porque los pobres están representados de la misma manera en ese conjunto. Si bien los ingresos no agropecuarios de los hogares pluriactivos son muy importantes ya que, en promedio, superan el 50% del total del ingreso familiar, no encontramos diferencias sustantivas entre las condiciones de vida de los hogares pluriactivos y de los no pluriactivos. En general, sin ser una tendencia clara, los hogares pluriactivos se ubican en una instancia intermedia entre las condiciones de vida del medio rural y del medio urbano, siendo sus condiciones de vida algo inferiores a las de los hogares con todos sus miembros en actividades no-agrícolas y algo superior a los hogares que tienen todos sus integrantes vinculados a la agricultura. Este es otro indicador de que la pluriactividad es una categoría de enlace entre el mundo urbano y el mundo rural.
—¿Cómo podría contribuir la nueva distribución del trabajo en el medio rural a evitar la despoblación de la campaña?
—En las regiones rurales donde predominan las actividades no agrarias y la pluriactividad, existiría una dinámica territorial que tiende a retener a las mujeres y a los hombres jóvenes y adultos; mientras que en las zonas dedicadas mayoritariamente a las explotaciones agropecuarias, las mujeres tienden a ser expulsadas y la composición por edades tiene una sobrerrepresentación de ancianos y niños. Por lo tanto, en estos territorios el problema futuro no es la migración sino el envejecimiento, lo cual va a generar dificultades en la implementación de las políticas públicas.
Uruguay no es homogéneamente urbano
—¿Cuál es el peso de la población rural en Uruguay?
—Si bien la distinción entre lo urbano y lo rural ha perdido vigencia para entender los procesos sociales, hay una sobrevaloración del peso de lo urbano en Uruguay. En general, se tiene la idea de que nuestro país tuvo una temprana urbanización, pero es un concepto que se debe relativizar porque Uruguay no es homogéneamente urbano. Hay una cierta diversidad en esa urbanidad.
La situación en los diferentes departamentos del país es muy distinta, tenemos departamentos que tienen un porcentaje de población rural que casi triplica el promedio del país. Además, el peso de la sociedad rural trasciende el porcentaje del 8% que figura en el Censo Fase I de 2004 ya que sólo hace referencia a la población dispersa en el medio rural. En este sentido, si no se considera el departamento de Montevideo, que constituye algo menos de la mitad de la población del país, los habitantes del medio rural disperso representan el 13% de la población no capitalina. Si, además, se suma a esta cifra las personas que viven en localidades de menos de 900 habitantes, que son localidades indiscutiblemente rurales, ya nos aproximamos al 19% de la población del Interior; y si se le agrega la gente que reside en villas de menos de 2.000 habitantes, cuya actividad está estrechamente articulada con el mundo rural, llegamos entonces a un 23% de la población no montevideana. Finalmente, si consideramos también a quienes viven en pueblos de menos de 5.000 habitantes, el guarismo asciende al 30% del total del Interior.
Por esta razón debemos ser más cuidadosos cuando desde Montevideo hablamos del poco peso de la población rural en el país. Esto se reconoce diariamente sin dificultad si analizamos los discursos de la mayoría de los intendentes municipales del Interior, que siempre ponen mucho énfasis en los problemas de la población rural y de la ruralidad en general ya que para ellos el fenómeno no es cuantitativamente menor y los afecta de manera directa.
Los uruguayos no perciben la gravedad de los problemas sociales del agro
—¿Cómo describiría el perfil de la pobreza en el medio rural?
—Las características de la pobreza en el agro son algo distintas a las del país urbano. Básicamente, las carencias generales de la pobreza rural no están tan asociadas a la desvinculación con el mercado de trabajo y los problemas de alimentación como sí ocurre en las ciudades. Hay algunos estudios que indican que la población rural pobre tiene mayor acceso a los alimentos y calorías básicas que en los centros urbanos mayores.
La otra característica importante de la pobreza rural es que está más vinculada al mercado de empleo, ya que el desempleo abierto y crónico no es tan común en ese medio donde predomina la subocupación y el empleo eventual, incluso porque los desempleados crónicos optan en general por emigrar. Dichas características hacen que los pobres tengan mayores grados de integración social que los que encontramos en el medio urbano, donde las formas de desigualdad ya se expresan en fenómenos de segmentación y fragmentación social aún no alcanzadas en los territorios rurales del país. En otras palabras, en el mundo urbano los pobres y los no pobres están cada vez más lejos material y simbólicamente, siendo ya muy frágiles sus lazos de unión como parte de una misma sociedad. En cambio, si bien tenemos una magnitud muy importante de pobres en el medio rural, dicha sociedad en su conjunto aparece menos segmentada. Existe una mayor articulación entre los pobres y los no pobres en esas áreas dado que los distintos grupos y clases sociales comparten ciertas costumbres, comportamientos y valores que le dan un mayor grado de identidad común.
En resumen, aunque existen altos índices de pobreza en el medio rural, no necesariamente tienen una expresión de fragmentación como en el país urbano, donde los pobres explícitamente se separan de los otros grupos sociales. Además, por el propio efecto de la migración hacia la ciudad de los que no tienen posibilidades de conseguir empleo así como la residencia urbana de buena parte de los integrantes de las clases más altas, la sociedad rural tiende a ser más homogénea, lo que incide de alguna manera, para que los uruguayos no perciban la gravedad de los problemas sociales del agro.