Prototipo 100% uruguayo

| Importar un jeep con similares características costaría 60 mil dólares; por ese motivo el Ejército creó su propio todo terreno para varios usos por US$ 4.500.

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L.G.

El primer vistazo puede resultar engañoso. ¿Es un arenero? ¿Es una de esas "cachilas" que corren en el Interior? Podría ser, si no fuera por la ametralladora 7.62 del lado del acompañante y un lanzagranadas de 40 milímetros en la parte superior. Así, parece más un vehículo salido de una escena de Mad Max; solo que de fondo no hay un escenario de devastación, ni el desierto australiano, ni Mel Gibson.

En realidad, se trata del Apereá. Es un vehículo multipropósito made in el Ejército de Uruguay, único en su tipo en el país. Los dos existentes, todavía considerados prototipos, construidos en 2005 y 2007, se encuentran en el Regimiento de Caballería Mecanizada IV.

Sus ideólogos lo consideran apto tanto para las misiones "principales" o "subsidiarias" del Ejército. Entre las primeras, además del mantenimiento del orden interno y la defensa de la seguridad nacional, se incluyen las tareas de reconocimiento, enlace, comunicación y transporte de personal o equipos. Entre las otras, se cuentan el control y vigilancia de fronteras terrestres, e incluso el combate al abigeato. En todo caso, señala el teniente coronel José Gentini, jefe del Regimiento, para cualquiera de esas misiones es necesaria la autorización del Poder Ejecutivo.

"El Apereá es una iniciativa de esta unidad en relación a los ajustes presupuestales comunes a todas las Fuerzas Armadas del mundo", dice Gentini. "Se procuró desarrollar una alternativa económica con componentes que se consiguen en el mercado, fácil de operar y de conducir". Muy alejado de las tecnologías de punta de la industria militar, está compuesto por el chasis de una Brasilia y el motor de un Volkswagen. Su estructura tubular está conformada por chapa y caños, sin protección blindada. Dicen sus responsables que es tan fácil de manejar como un Fiat Uno o un Fusca.

La facilidad de uso y construcción alimenta una de las aspiraciones de los responsables de este regimiento: que el Apereá pase de ser un prototipo a ser producido en serie. Actualmente está siendo probado en actividades en el terreno, consignándose los beneficios y los aspectos a mejorar. De hecho, tiene las "nanas" de un auto liviano: no es raro que se "ahogue" o se ponga remolón a la hora de arrancar. A fin de año, señala Gentini, se presentará un informe táctico a la Comisión de Ciencia y Tecnología del Ejército, que será la que decida si amerita o no el desarrollo.

El factor económico cuenta para ser optimistas. El primer Apereá, de 2005, costó US$ 4.500; el segundo, de 2007, mejorado y desarrollado por el Servicio de Material y Armamento del Ejército, algo más de 10.000 dólares. En el regimiento aseguran que importar un vehículo de funciones similares, un jeep adaptado militarmente, ronda los US$ 60.000.

El "ensayo y error" a la hora de terminar los prototipos, sumado a una idiosincrasia bien uruguaya, también juegan a favor de una eventual producción en serie del Apereá, señala Gentini. Apelar a elementos locales o fáciles de conseguir en el mercado para eventuales repuestos no sólo abarata los costos, sino que evita estar atado a "cadenas logísticas" propias de la industria bélica. El entrenamiento del personal también se reduce al mínimo indispensable.

"Todo nuestro personal ya anda en moto o en vehículos muy ligeros. Entonces, prácticamente no hay que hacer adiestramiento. El Apereá cumple el mismo rol que unidades de mayor porte que requieren más costos y más tiempo de entrenamiento. Entonces, hay más personal militar disponible para ser empleado", afirma el jefe del Regimiento.

Ahora bien, si las tareas esenciales incluyen reconocimiento o comunicaciones, ¿para qué la ametralladora y el lanzagranadas? Gentini explica que, más allá que el Apereá pueda utilizarse en misiones que nada tengan que ver con entrada en combate (realidad que afortunadamente Uruguay parece estar lejos de vivir), no deja de ser un vehículo militar. "En cualquier caso, el uso de armamento debe ser aprobado por el Poder Ejecutivo". Y, más allá de que resultaría mucho más barato que importar vehículos, ¿ameritaría una producción en serie, cuando la fuerza de tierra debió suprimir en un 50% la alimentación de sus soldados por carencias presupuestarias? "La seguridad es un bien intangible y solo se siente el día que falta", afirma el teniente coronel. "Y a la luz de las restricciones que hay en Defensa, esta es una alternativa económica y viable".

El Dato

72 Este sería el número que se considera "óptimo" de Apereás necesario para un control de los 985 kilómetros de frontera con Brasil.

Datos técnicos

Multiuso de 630 kilos de peso

El Apereá I cuenta con una tripulación de tres hombres; su chasis es una estructura tubular de 2 pulgadas de espesor y un motor a nafta de 1.600 cc y 80 HP.

Mide 3,6 metros de largo, 1,75 de ancho y 2 de alto.

Su peso, vacío, es de 630 kg. Con personal y armamento, 1.140 kg.

Tiene una velocidad máxima de 140 km/h, una capacidad de combustible de 60 litros y una autonomía de 720 km.

El armamento utilizado es una ametralladora calibre 7.62 y una lanzagranadas de 40 mm.

Entre las mejoras que se le hicieron al Apereá II, se incluye una suspensión reforzada, más compartimentos para equipos, capacidad de carga aumentada y mejoras en los paneles de carrocería para protección. El nuevo motor es de 1.800 cc y 92 HP. El segundo prototipo alcanza una velocidad máxima de 160 km/h.

Un vehículo con efecto disuasorio

Debido a que Uruguay no es un país con grandes accidentes geográficos ni temperaturas extremas, el Apereá es considerado ideal para atravesar cañadas, caminos pedregosos, praderas y montes. Las ruedas tienen una tracción de dos por cuatro, lo que permite pasar sin mayores dificultades barro y arenales, así como llevar tres hombres y equipamiento a una velocidad sostenida de entre 50 y 60 kilómetros en la hora a campo traviesa, "lo que es más que adecuado", señala el teniente coronel José Gentini.

Otros de los elementos que destaca el militar son, en apariencia, contradictorios. Por un lado, señala el efecto disuasorio que tendría en la frontera la continua circulación de estos vehículos, sobre todo pensando en contrabandistas o ladrones de ganado. Sin embargo, en otro tipo de misiones -como apoyo en caso de desastres naturales- asegura que la llegada del Apereá, que no está blindado y su estructura es tubular, "genera (en los eventuales damnificados) una impresión más amigable, el efecto psicológico es otro". Eso, a pesar de la ametralladora y el lanzagranadas.

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