FACUNDO PONCE DE LEÓN
Llamé rápido porque necesitaba un logo para una empresa lo antes posible. Me contestaron que harían el intento pero que yo debía entender que hacer un logo es algo extremadamente difícil, se necesita inspiración para transmitir gráficamente un concepto, se deben manejar detalles de diseño, herramientas complejas, mezclar los colores justos, saber si agregar una imagen o jugar sólo con las letras, elegir la tipografía y un largo etcétera de complicaciones.
"No es algo que se puede hacer de un día para otro; el logo será la imagen de la empresa", me explicaban para que le quitara urgencia al pedido y comprendiera la dificultad del trabajo. Yo seguí pidiendo celeridad.
La pregunta es relevante: ¿cómo definimos que algo es difícil o fácil? ¿Es difícil diseñar un logo? ¿Es fácil enseñarle a un niño? ¿Y a una adolescente? ¿Es más difícil que enseñarle a un adulto? ¿Sacar un tumor es difícil para un oncólogo? ¿Escribir una columna periodística es tarea fácil? ¿Lustrar un mueble? ¿Llevar adelante una estancia? ¿Gerenciar un hotel? ¿Ganar un juicio? ¿Filmar una película?
Hay algunas tareas que requieren la adquisición de un saber específico para poder llevarlas a cabo: en los juicios trabajan abogados, en la compra-venta contadores y escribanos, en los planos y la construcción ingenieros civiles, arquitectos, carpinteros, albañiles y plomeros. Para poder realizar sus tareas, todos ellos adquirieron un saber. La pregunta en este caso sería, ¿es un saber fácil o difícil el que adquirieron? Respuesta: debe ser fácil.
Uruguay es un país que siempre tuvo en su imaginario popular la dificultad que implicaba el saber de las carreras clásicas, "M´hijo el dotor". Reverencia a médicos y abogados y un leve desprecio por los oficios, vistos como menos meritorios y más fáciles que el resto de las actividades.
Este prejuicio muestra señas de cambio con el auge de propuestas de educación terciaria de todo tipo (entra ellas el diseño gráfico). Ahora que se avecina el momento del comienzo de las clases, es bueno que aquellos que deben optar por un estudio tengan la mentalidad amplia para elegir.
El error que se debe evitar es creer que se debe competir en grados de dificultad con las clásicas carreras y que estudiantes y docentes de nuevos estudios se encarguen de justificar una supuesta dificultad de sus tareas.
El objetivo debe ser siempre la facilidad. La única dificultad de la vida adulta es hacer las cosas fáciles, lograr que las cosas fluyan quitándole todos los palos a las ruedas y buscando la energía que hace todo más simple.
Equivocados aquellos que creen que son los únicos que tienen un trabajo contrarreloj y complejo. Se encienden las rotativas, el cliente pide el servicio, el paciente espera la cura, las partes aguardan el veredicto, se debe cumplir el plan de estudios, la novia quiere el vestido y el comprador espera el ganado que pagó.
Todo funciona contrarreloj y todos, cada cual desde su actividad, luchamos contra las agujas.
Cualquier trabajo es difícil pero puede volverse fácil si cambia la actitud para encararlo. La definición de lo fácil y lo complejo es arbitraria y tramposa porque depende siempre de un talante mental. Es tan difícil (y fácil) escribir una poesía como realizar los planos de un puente.
El hecho de que el plano sólo lo haga un ingeniero y los versos podamos escribirlo todos no debe confundirse con la complejidad de ambas tareas. Mejor no perder tiempo en justificar o explicar una dificultad, es más valioso tratar de hacerla fácil. Ganarle a las agujas.