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El padre Mateo, ex director del Interj, dijo que su gestión no fue un fracaso pero que sus propuestas chocaron contra una estructura que desvió el eje del problema.
L.G.
El tono distendido y afable del sacerdote salesiano Mateo Méndez (64) contrasta hoy con la expresión abatida que tenía el 26 de febrero pasado, cuando anunciaba su renuncia como director del Interj, tras una gestión de seis meses y nueve días al frente del hierro más caliente del universo INAU, el de los menores infractores privados o semiprivados de libertad.
El padre Mateo había sido elegido por su conocimiento de causa. Decimoprimer hijo, de un total de doce, de una familia humilde de San Gregorio de Polanco, sabe en carne propia lo que es la pobreza. "Pero no era una pobreza denigrante, sino honrosa, digna. A nivel familiar había otro espíritu, otra consistencia". Tuvo su ordenación sacerdotal a los 34 años, lo que le dio tiempo para aprender lo necesario de la vida y la calle. "Yo viví cosas, supe de novias, el respaldo que uno tiene no viene sólo de los libros". Forma parte de la Congregación Salesiana, la iniciada por Don Bosco, aquel de la frase "me basta que sean jóvenes para que los ame". Entre 1988 y 1999 formó parte del Movimiento Tacurú de esa comunidad, que trata con niños y jóvenes de zonas carenciadas de Montevideo como Casavalle, Borro, Marconi y 40 Semanas. Ya era otro tiempo; otra pobreza. "Eso que dijo Don Bosco es el detonante de nuestro trabajo. Si uno está ahí es porque cree que puede haber un cambio para los adolescentes. Yo pude verlos salir adelante, en el trabajo, en el estudio, en sus vínculos familiares".
Pero todo ese currículum no pareció ser suficiente para cambiar la situación del Interj. ¿Se puede hablar de fracaso? El padre Mateo se resiste a verlo así.
"Hubiésemos fracasado si no hubiéramos tenido propuestas para los adolescentes. Como crear centros terapéuticos, otros para tratar las adicciones, talleres de capacitación en serio, hogares regionales al norte del país, crear hogares para que no haya más de doce chicos en cada uno, el pedido de cien funcionarios nuevos, con vocación, para trabajar con los gurises. Todo trabajo con adolescentes está embarcado en la idea del respeto, del amor y de la firmeza. Si no pasa por ahí, no hay proceso de cambio posible. Si no se valora al adolescente no se dan los cambios. Ellos no sólo necesitan cosas materiales, sino afecto, tiempo de encontrarse, de evaluar, de planificar, sacar lo que tienen adentro. Si no se le dan sus espacios, no pueden salir adelante".
-Pero usted no pudo plasmar esos espacios y propuestas en el Interj. ¿Por qué?
-Por la estructura que no permite avanzar en propuestas nuevas. Si a un barril viejo le ponés un vino nuevo revienta, al menos eso dicen.
-¿Pero eso es culpa de la estructura, de la gente, o de ambas?
-Las estructuras solas no existen. Si hay gente que las mantiene y sostiene, y bueno... la estructura se queda contenta como está.
adultos. El padre Mateo es amable. Algunas de sus respuestas están entre lo tajante y lo ambiguo. -¿Nunca le planteó un dilema ético aceptar un cargo de gobierno siendo sacerdote? "Cuando uno tiene las cosas claras, no". ¿Usted es frenteamplista? "Progresista, desde que era chico"-. En otras, la contestación está más en lo que calla que en lo que dice. "El día en que renuncié, para algunos habría sido un motivo de festejo. ¿Si conozco a quienes? A algunos sí. ¿Quiénes son? No, hasta acá". Pero una de sus evaluaciones sobre sus seis meses en el Interj no dejan lugar a dudas: "Lo que a uno más le duele es que los gurises, que eran la razón nuestra, no fueron el centro de las preocupaciones. Nos llevó más tiempo el tema de los adultos".
-Cuando renunció habló de corrupción, de organismo enfermo y perverso. ¿Usted puede decir, hoy, a qué se refería?
-A veces, cuando pensamos en la corrupción creemos que son cosas grandiosas. Pero son cosas de todos los días. El no cumplimiento de mi tarea como tiene que ser, una actitud a desgano, genera un ambiente, una actitud de vida, llegar a final de mes y cobrar igual, aunque no haga ni la mitad de las cosas que debería hacer.
-Para dejarlo bien claro, estamos hablando de funcionarios técnicos, profesionales…
-Todos aquellos que no han cumplido con su tarea como corresponde.
-Ahora, se carga las tintas sobre los funcionarios, pero es sumamente complejo el trato con los menores infractores.
-Pero cuando tú aceptás el trabajo, sabés lo que hay. Uno debe preguntarse si acepta el trabajo porque vocacionalmente es lo que quiere para él, y que este trabajo puede generar un proceso de cambio en el adolescente y por eso se involucra. Ese es el personal que precisamos para trabajar con el adolescente: el vocacional y el que está convencido que lo que hará le cambiará la vida al adolescente. El personal actual está envejecido y cansado. Porque los trabajadores que ya están ahí están sufriendo un desgaste y es bueno que se repongan. Hay que pensar que un trabajador no puede estar ocho o diez años, doce horas por día, permanentemente en contacto con los menores infractores. Es insalubre para la propia persona y para su familia.
-Además, el problema de la minoridad era otro cuando esa población "envejecida" comenzó a trabajar. Por ejemplo, no estaba difundida la pasta base.
-Por eso pedimos los cien funcionarios nuevos, que sean vocacionales y que crean que pueden cambiar la situación.
-Pero ante un agravamiento del tejido social en el entorno de estos menores, ¿no se explica de alguna manera el desgano de los funcionarios que entraron a trabajar cuando la realidad era otra?
-Perdón, si donde yo estoy trabajando no estoy cómodo ni bien, pido que me cambien. Voy a la plaza de mi barrio, paso seis horas tomando mate, cuidando los arbolitos y regando las flores. Me parece mucho más sano eso que estar donde no quiero estar. Buscamos, además de que el trabajador esté bien, que el adolescente esté bien. Porque al final, parecería que peleamos por los adultos. ¿Cuándo vamos a hacer algo con los gurises?
sociedad. Méndez rechaza que se considere irrecuperable a un menor "hasta que esté muy bien fundamentado por varios profesionales". Y aún así, asegura, hay que seguir buscándole una salida. "Siempre es más fácil decir que un gurí no tiene remedio, así nos sacamos de encima la responsabilidad". Pero, la sociedad, asustada por la temperatura de la inseguridad, relacionada con el aumento de la criminalidad entre los menores, no debería ser un actor ajeno, sugiere el sacerdote.
Al poco tiempo de asumir, varios internos relataron que "se habían acabado las palizas" en las colonias del Interj. Pero la luna de miel, si la hubo, duró poco.
-El diputado Doreen Ibarra (FA) dijo en marzo que durante su gestión se duplicaron las fugas. ¿Qué tiene que decir?
-Que entre un motín y una fuga prefiero una fuga.
-Hay que ver qué opina la sociedad de esto.
-Si la población supiera lo que es un motín, donde está en riesgo la vida de los gurises y los funcionarios, opinaría como nosotros. En la fuga no, el gurí se escapó y ya está. Está bien, luego vienen las suposiciones del tipo "salió y mató a uno".
-No tiene porqué ser un asesinato, puede solo robar. Y eso, en una sociedad muy sensible por el tema de la inseguridad.
-Si yo hubiera tenido los recursos y medios para evitar las fugas, y aún así pasan, yo sería el responsable de las mismas.
-¿Y tenía esos recursos y medios?
- ... (Méndez mira fijo en silencio, vuelve a ser tan expresivo en lo que calla como en lo que dice). La sociedad está preocupada por lo que pasa, y la respuesta habitual es "al fin los agarraron". Pero, ¿cómo ayudamos a que no se quede tranquila sólo porque los menores están encerrados? ¿Qué va a pasar cuando salgan? ¿Cómo van a volver al barrio y a sus familias, que muchas veces ya no son factores de contención? No se puede trabajar con el menor si no se hace lo mismo con sus familias, con su barrio, con su entramado social. Si no, no hay recuperación posible. Y eso no se estaba haciendo.
-De nuevo, los problemas estructurales. ¿No cambiarlos no puede verse como un fracaso?
-Más que un fracaso, parecía que hablábamos lenguajes diferentes con todos los actores que tenían arte y parte en el asunto.
- ¿Y cómo quedó usted?
-Pronto para otra propuesta social y educativa, pero no en el INAU. Esa no era mi cancha.
Mateo Méndez dice que fue una sumatoria de factores lo que lo llevó a renunciar a la dirección del Instituto Técnico de Rehabilitación Juvenil (Interj). "Pero lo que desbordó el vaso fue cuando se tuvo que enviar `órdenes de servicio` (para intimar el ingreso de menores o la presencia de trabajadores en el lugar de tareas). Eso quiere decir que todo era desprolijo, que el educador o el funcionario no entendía lo que debía hacer". También cree que el día de su dimisión fue el peor de toda su gestión.
¿Y el mejor? "Los desafíos eran a diario. Cada jornada tenía una cuestión diferente. No había rutina. Uno fue cuando reinauguramos el hogar abierto `El Hornero`, antes `El Rincón` (el 22 de noviembre de 2008), con actividades de murga, de teatro, de fútbol. Fue una fiesta que dio mucha satisfacción".
Al asumir Méndez, la ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi, dijo que de él no cabía esperar milagros. No los hubo. "Pero creo que sí sembramos semillas", concluye el sacerdote.
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