La fuerza de la tribu

FACUNDO PONCE DE LEÓN

Puede parecer una columna de fútbol pero no lo es. Barcelona se convirtió en el primer equipo en la historia de España que logra en la misma temporada las tres copas, las dos que se juegan en su país y la Liga de Campeones de Europa. El plantel que lo consiguió es prácticamente el mismo que el año pasado perdió todo y terminó silbado. El cambio principal fue que asumió como director técnico Josep Guardiola, quien con 37 años, hacía menos de un año que era director técnico oficial. Guardiola, jugador formado en las canteras del Barcelona, comenzó en mayo de 2008 la tarea de recomponer un equipo que venía barranca abajo. Doce meses después, esos mismos jugadores (salvo Ronaldinho, que se fue al Milán, y Deco al Chelsea) entraron en la historia levantando tres copas seguidas. ¿Cómo es posible que se cambie tan radicalmente en tan poco tiempo? Creo que la clave es el sentimiento de pertenencia.

Generar un sentimiento de pertenencia no es lo mismo que ser hincha. Esto último descansa siempre en un elemento irracional, en algo que no podemos explicar, que nos corre por la sangre más allá de victorias y derrotas. El sentimiento de pertenencia, por el contrario, es una actividad basada en la razón y en el trabajo. Sentirse parte de un proyecto, de un grupo, es algo difícil en todos los ámbitos pero en el fútbol particularmente. La razón de ello es que el jugador maneja mucho dinero a edades muy tempranas. Este aspecto, antes que criticarlo desde una supuesta superioridad moral que desacredita el mundo del fútbol, hay que entenderlo psico-socialmente.

Jóvenes que no llegan a los 25 años poseen millones de dólares y saben que los miran millones de ojos. Se genera una presión a la hora de competir que no la tienen la enorme mayoría de los jóvenes y que muchas veces no saben cómo manejar. Guardiola logró neutralizar inmediatamente este triple aspecto de dinero, presión y fama. Se respiraba en las prácticas, durante el partido y en las conferencias de prensa posteriores: los jugadores eran empleados al servicio del fútbol, no eran ni estrellas de rock ni genios de la pelota. Interiorizaron que la magia le pertenece al fútbol y no a ellos. En el mejor de los casos ellos serán sus depositarios por un tiempo.

El sistema de pertenencia es un mecanismo que logra que el jugador se sepa, cada día y en cada jugada, parte de un grupo, de un equipo, de un club, de una historia. No importa si es hincha o no, importa que si acepta jugar, acepta esas reglas. De este modo, aunque parezca una paradoja, Guardiola logró que los jugadores volvieran a tener ganas de jugar. Hay que trabajar y esforzarse mucho, hay que tener mucha disciplina para que el juego sea algo disfrutable y lúdico. Eso es lo que hizo este año el Barcelona en la cancha: jugaba.

Al introducir correctamente el sentido de pertenencia se comprenden aspectos que de otra manera no serían posibles: sabes que dependes del portero, del vestuarista, del chofer, de los compañeros que son siempre suplentes, de los dirigentes. Visualizar esto, repito, es muy difícil en el ambiente del fútbol y en las instituciones en general. Es muy poco común ver a jugadores saludando a funcionarios y muchas veces ni entre ellos se saludan al llegar o al partir.

Guardiola logró revertir esto en el Barcelona, y no lo hizo apelando a una falsa humildad sino al valor de que la institución funciona gracias al trabajo de muchos y no sólo de los once que entran al campo. Ellos entran al campo, porque alguien le dejó doblada la camiseta en el vestuario. Y a ese alguien hay que agradecerle, porque también aportó su grano de arena. Es como en la sociedad, todos dependemos de todos, y el empuje de una comunidad está en ese sentido de pertenencia que te permite, aunque seamos todos distintos, plantearte desafíos comunes.

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