M.I.L
En Nueva York y ciudades de Latinoamérica y Europa el diseño uruguayo marca tendencia. Sweaters, bufandas, gorros y hasta carteras en lana gruesa, fina y de los más variados colores se exhiben en las vitrinas de las marcas más prestigiosas del mundo. De hecho, por lo menos tres textiles nacionales venden por año más de 180.000 prendas a firmas como Ralph Lauren, Banana Republic, Victoria`s Secret, Elizabeth Gillet, Donna Karan New York (DKNY), Diesel, Jazmín Chebar y Eileen Fisher, más un largo etcétera.
"Los motivos por los que desde el exterior suelen escoger prendas nacionales se deben a la buena calidad de los tejidos con los que se trabaja así como a la originalidad de las confecciones", señala Cecilia Lalanne, diseñadora de Manos del Uruguay, casa que exporta unas 40.000 prendas al año, cifra que constituye el 50% de su producción total. La otra mitad se comercializa en el país.
Otra cosa que atrae a los norteamericanos y europeos es la manera en la que se trabaja en Uruguay, indica Jorge Rey Raggio, director de Filaner S.A.
"Las industrias textiles realizan una labor intensa de visita a los clientes, donde el trato es exclusivamente personal. No se deja que ellos vengan sino que viajamos nosotros, y más de dos veces al año", cuenta.
En esas idas y vueltas se presenta a los diseñadores de allá los modelos de prendas pensados para cada temporada así como lo último en cuanto a las variedades de mezcla de hilados. Así es que se intercambian ideas y luego, en base a éstas, se realizan los atuendos, detallan desde Manos del Uruguay y Filaner S.A.
Pero las marcas internacionales también toman en cuenta el contexto social y económico a la hora de invertir por estos lares. "Saben que en el país no hay explotación de menores, que las jornadas laborales son las correspondientes y que se pagan las horas extras. Y eso es algo que les importa mucho porque hay sitios en donde se trabaja de manera ilegal, lo que sería publicidad negativa para una marca mundialmente reconocida", informa Rey Raggio.
A eso se le debe agregar que Uruguay es un mercado bastante accesible desde el punto de vista económico, explica Lalanne. Aunque agrega que también lo hacen por estrategia, para no limitarse a comprar vestimentas solamente a China o Italia.
Otro aspecto que pesa, y mucho, según la experiencia de Filaner, es mantener una relación más "amistosa" con los clientes, como invitarlos tomar un café a la casa cuando vienen. "Aunque parezca raro les agrada mucho eso a la hora de establecer negocios", asegura Jorge Rey.
piden, pero es positivo. Por supuesto que nada es fácil. El 100% de las veces los cánones de calidad que exigen las firmas internacionales son "súper altos", afirma Lalanne.
"Los talles, por ejemplo, se ajustan a una determinada medida estudiada minuciosamente por ellos y siempre tiene que ser esa. Respecto al ancho de los buzos, se maneja una tolerancia de entre dos y tres puntos más o menos de costura, pero jamás se puede salir de eso", revela la diseñadora.
Incluso es común que vengan al menos una vez al año personas de las empresas a controlar el trabajo de diseño y revisar el funcionamiento de las fábricas de producción. "Polo Ralph Lauren y Banana Republic, por ejemplo, envían cada tanto personal especializado para darnos su propia habilitación", comenta Valentina Macchó, esposa de Rey e integrante también de Filaner, textil que exporta más de 5.000 prendas por mes, entre sweaters, polleras, toreritas y tapados. El 100% de la producción va siempre para el extranjero, ya que la empresa se dedicada solo al mercado externo.
Tanto para ella como para su marido, trabajar con marcas tan prestigiosas es sumamente gratificante. "Muchas veces no tomamos conciencia pero cuando vemos nuestras prendas en revistas importantes de moda nos sentimos contentos y orgullosos", confiesan.
"También suelen aparecer nuestros diseños en las seriales norteamericanas o comedias argentinas de televisión, y, aunque quizá suene un poco cholulo, nos gusta", coinciden. "Es más, cuando viajamos y nos reciben los propios diseñadores o dueños de las firmas porque quieren conocernos, uno se da cuenta que realmente vale la pena todo el esfuerzo que hacemos", reflexiona Valentina.
Es que el proceso de realización de las prendas es más complejo de lo que comúnmente se piensa. La empresaria cuenta que una de las cosas más difíciles es poder interpretar los modelos que los distintos diseñadores envían.
"Ellos vuelan mucho con su imaginación y nosotros tenemos que plasmar sus ideas en una prenda, para la cual a veces no tenemos ningún boceto", detalla.
Es un labor que requiere tiempo, dedicación y muchas ganas, coinciden desde ambas empresas nacionales.
Para Lalanne, de Manos del Uruguay, diseñar prendas para Latinoamérica y Europa es una experiencia "más que alucinante", no sólo desde lo personal sino también desde lo profesional, porque uno tiene la posibilidad de ser lo más creativo posible. Además, es una actividad que "te mantiene permanentemente en contacto con la vanguardia y al mismo tiempo te divertís", admite.
"Por un lado está la parte de desarrollo donde se pueden intercambiar ideas con diseñadores de alto nivel, y por el otro, también se aprende pila sobre cómo realizar tejidos de punto y cómo innovar. Es un ida y vuelta intransferible", asegura.
El dato
50% y 100% Una firma exporta la mitad de su producción y otra su totalidad a las firmas más prestigiosas de EE.UU, Latinoamérica y Europa.