Una tortura llamada apnea

| Roncar puede ser el síntoma de una enfermedad peligrosa, aunque de muy fácil solución. Unos 200.000 uruguayos padecen apnea del sueño y muchos no saben.

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GABRIELA VAZ

Juan ronca. Ana, su concubina, percibe cada noche cómo el sonido se corta abruptamente, "como si dejara de respirar" y lo retoma a los pocos segundos, en una rutina que comenzó hace pocos meses y está terminando con sus nervios. Encima, durante el día, Juan está irritable, deprimido y cansado, como si sus ocho horas de sueño ya no le alcanzaran. Cuando la situación no da para más, consultan al médico. Dictamen: existe un 90% de probabilidades de que Juan sufra de "apnea obstructiva del sueño".

El nombre no resulta familiar, pero se trata de un trastorno muy frecuente. Lo padecen la tercera parte de los hombres mayores de 40 años y la misma proporción de mujeres que ya tuvieron la menopausia -en Uruguay se estima en casi 200.000 personas-, aunque la gran mayoría no lo sabe. Sin embargo, es fácil de solucionar y los pacientes que lo hacen aseguran que la vida les cambia por completo.

MICRODESPERTARES. Ana relata al médico que cuando observa a Juan durmiendo, éste parece no respirar de a ratos. La percepción es correcta. Efectivamente, Juan deja de respirar en lapsos de 10, 12 ó 15 segundos, retoma la respiración (se escucha el ronquido) y continúa ese ciclo toda la noche.

La apnea es un trastorno que se define precisamente como el cese de la respiración debido a que se bloquea el pasaje de aire a través de la garganta. "Cuando nos dormimos, todos los músculos del cuerpo se relajan, se aflojan. Eso ocurre también con la garganta, que queda más estrecha y flácida, por lo que el aire pasa con más dificultad. Pero normalmente pasa", explica el neumólogo Julio Real, especialista en medicina del sueño.

Ese pasaje dificultoso provoca las vibraciones que todos conocemos como el ronquido, un sonido que durante mucho tiempo se consideró algo simplemente molesto, pero que hoy los especialistas asumen como una señal de alarma. "No todos los roncadores tienen apnea, pero es un síntoma. Ellos necesitan hacer más esfuerzo para que el aire pase. Y a veces ese mismo esfuerzo los despierta, lo que se traduce en una mala calidad del sueño. Se discute, y cada vez hay más consenso, que los roncadores tienen con más frecuencia hipertensión arterial, enfermedades cardíacas o cerebrovasculares. Pero mientras haya ronquido, significa que el aire está pasando", dice Real.

Por eso el problema salta con esa interrupción brusca del sonido, que indica que la garganta se cierra y el pasaje de aire cesa. El efecto se asemeja a cuando se succiona líquido a través de una pajita muy fina. Al ser flácida, la estructura se pega y no permite seguir tomando. En este caso, la garganta "se pega" y la persona deja de respirar.

Cuando el cerebro dormido nota que le falta aire, se despierta, aunque el paciente quizá ni se entere. "El despertar puede no ser clínico. Sólo se trata de una activación eléctrica del cerebro. La persona no se da cuenta, pero un observador puede notar que se da vuelta, estira una pierna, cambia de posición. Ese microdespertar permite que la garganta se abra y el paciente vuelva a respirar. Pero entonces se duerme y deja de hacerlo de nuevo. La frecuencia con que se repite el ciclo depende de la severidad del trastorno".

Estos despertares tienen varias consecuencias. Por un lado el sueño se fragmenta y la persona no descansa normalmente. En ocho horas, puede haber 200 ó 300 microdespertares, lo que reduce drásticamente el tiempo real de descanso. Según explica Real, el sueño se divide en cinco etapas. Las más importantes para cumplir con la función reparadora, regenerar la memoria y el sistema nervioso y dar reposo al sistema cardiovascular, son las etapas 3 y 4. "Pero si tengo un trastorno que me despierta en la etapa 1 o 2 todo el tiempo, siempre estoy empezando de cero y no llego a las etapas de sueño profundo. Entonces, por más que duerma 12 o 14 horas, es insuficiente. Al día siguiente la persona está con sueño", indica Real.

Y para completar el cuadro, la somnolencia diurna conlleva otros problemas: mal humor, depresión, cambios bruscos de carácter, pérdida de memoria, dolor de cabeza al despertar, dificultad en la concentración y hasta disminución en la libido, que genera disfunción sexual.

Además, el cansancio provoca que la persona se duerma en cualquier lado, "aún manejando", señala la médica en neurofisiología clínica Magdalena Penela, encargada del laboratorio del sueño del Hospital Italiano y destaca que esto aumenta el riesgo de accidentes de tránsito. "En España no dan la libreta de conducir si antes la persona no se realiza una evaluación del sueño", agrega.

La especialista también advierte que los pacientes con apnea obstructiva del sueño tienen más riesgo de sufrir hipertensión arterial, ya que en cada microdespertar los neurotransmisores aumentan la presión momentáneamente. Con la repetición, el problema se vuelve crónico.

DORMIR ENCHUFADO. Cuando Juan relató sus síntomas al médico, éste le indicó que tenía 90% de posibilidades de sufrir de apnea. Para terminar de confirmar el diagnóstico, hace falta someterse a un estudio llamado polisomnografía. Consta de dormir una noche en un laboratorio del sueño, bajo la supervisión de un técnico y con varios sensores en el cuerpo que medirán variables cardíacas, respiratorias y cerebrales. "Es extremadamente útil cuando el diagnóstico es dudoso y no está claro si el paciente tiene apnea o alguna otra cosa, entonces precisamos más información del área neurológica", explica el neumólogo de la Clínica Real.

El arancel para la polisomnografía está pautado en 12.000 pesos, aunque el precio depende de la clínica y algunas cobran menos. Una alternativa, cuando el paciente muestra altas probabilidades de padecer apnea, es realizar una poligrafía respiratoria. También consta de dormir con sensores, pero son menos. Se realiza en el domicilio y sin supervisación médica. Según el lugar, ronda los 5.000 pesos.

La apnea no se cura, pero sí tiene solución (ver recuadro). La más efectiva es un aparato llamado C-PAP, una mascarilla que se aplica sobre la nariz y va unido por una tubuladura a un generador de aire. Sopla aire por la nariz para mantener la garganta abierta. "Es un método intrusivo, pero las personas con apnea se enamoran del C-PAP", asegura Real. Se duerme enchufado, pero se duerme al fin.

Alguien con apnea puede despertar 300 veces durante la noche, y no darse cuenta.

Cirugías, ortodoncia o dietas

Existen personas que por su composición corporal o sus características anatómicas tienen mayor predisposición a padecer apnea obstructiva del sueño.

La mayor población aparece entre los hombres que pasan los 40 años y las mujeres que atravesaron la menopausia, pero no son factores excluyentes. Un gran grupo de riesgo son los obesos, "de cuello corto y grueso", indica la neurofisióloga clínica Magdalena Penela.

También hay diseños de rostro que no ayudan. Por ejemplo, cuando la mandíbula es muy pequeña, el maxilar está hacia atrás, la lengua es grande o el paladar tiene forma ojival. En todos los casos, la respiración puede ser más dificultosa.

Ni siquiera los niños quedan eximidos. Tal como explica el neumólogo Julio Real, en ellos ocurre asociada a trastornos otorrinolaringológicos. "Se ve en los niños con amígdalas enormes y vegetaciones. Son los que roncan de noche, babean al dormir, tienen pesadillas, se revuelven en la cama y tienen trastornos en el desarrollo. Si se operan las amígdalas, mejoran rápidamente. Antes se creía que era porque se les quitaba un factor infeccioso. Hoy se sabe que es porque mejoran su sueño. Es que la hormona del crecimiento se segrega durante la noche, en las etapas de sueño profundo. Y los niños que duermen mal crecen poco".

La cirugía puede solucionar el problema cuando el trastorno está asociado a diseños anatómicos que pueden cambiarse. Existen operaciones complejas para adultos que pueden agrandar la garganta. También hay tratamientos ortodóncicos que ayudan a adelantar el maxilar. Otras veces, basta con adelgazar.

El método más efectivo es el C-PAP, que se consigue por Disse y tiene menos de 10% de rechazo.

Las cifras

30% Proporción de hombres de más de 40 años y mujeres que ya pasaron la menopausia que sufren de apnea obstructiva del sueño.

300 Cantidad de veces que puede despertarse durante la noche un paciente con apnea y no darse cuenta.

10% Porcentaje máximo de rechazo en los pacientes que produce un C-PAP, el aparato que permite mantener la respiración nocturna.

12.000 Pesos que puede llegar a costar una polisomnografía, el estudio que establece si alguien tiene apnea. Algunas clínicas cobran menos.

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