MIGUEL BARDESIO
Las uruguayas tienen en promedio 2,04 hijos en su vida, lo que no alcanza para reponer a las madres futuras pues nacen más varones que niñas. Esto sumado a la pérdida de 126.000 personas que emigraron en los últimos 10 años, da la población más envejecida de la región, según nuevo estudio. El futuro: en 2040 habrá más mayores de 65 años que menores de 15.
Cada año nacen 47.000 uruguayos y mueren unos 32.000. A mitad de camino, en su edad activa, cerca de 12.500 se van del país. Resultado: Uruguay está en el límite de empezar a perder población, lo que implica permanecer alrededor de los tres millones de habitantes y a futuro, si se mantienen las tendencias, seremos aún menos.
Así lo concluye el libro Demografía de una sociedad en transición: la población uruguaya a inicios del siglo XXI, que se presenta este martes. De varios autores, es un trabajo del Programa de Población de Facultad de Ciencias Sociales y el Fondo de Población de Naciones Unidas y la versión más completa y actualizada del panorama demográfico del país. La conclusión se sostiene en el descenso de la fecundidad de las mujeres (tienen 2,04 hijos cuando en 1975 tenían casi 3 en promedio), el envejecimiento (la edad media es 31 años y en Latinoamérica baja a 26) y el fenómeno emigratorio, que ya es estructural del país.
Así e imaginando a un uruguayo medio tipo, este compatriota tendría solo un hermano, se quedaría en la casa de sus padres hasta los 25 años y en algún momento sentirá la tentación de emigrar. De hacerlo, difícilmente vuelva pues sólo el 25% de los que se van lo hace. Imaginando que se queda, enfrentará la vejez acá. Si es mujer, tiene un riesgo de enviudar en cuanto hay 67 hombres cada 100 mujeres entre los mayores de 65. Sola y vieja, entonces, muere finalmente a los 80 años, la actual expectativa de vida para ellas. En caso de que este uruguayo sea varón, la edad promedio de muerte es de 73.
Para el futuro, se espera un incremento del envejecimiento y más reducción de la natalidad. De hecho, la demógrafa Mariana Paredes, especula que en 2040 habrá más personas mayores de 65 años que menores de 15. Ambos grupos forman parte de lo que se conoce como "población pasiva", es decir que no producen por sí mismos en la economía. Hoy existen 65 pasivos cada 100 activos, una gran "carga" para ellos y también para el Estado. Y más adelante, la balanza será más difícil de equilibrar y habrá que pensar que el 17,5% actual de mayores de 60 años podrá superar el 20 ó 25%. Esto requiere más y mejor atención de salud y sistemas de seguridad social con mayor fortaleza.
"El objetivo de este trabajo es actualizar los datos demográficos a 10 años del último censo (1996) y además, aportar algo para pensar el Uruguay a largo plazo. El estado de la población, cómo se mueve, hacia dónde, todo esto incide en las políticas de salud, económicas, de vivienda que vayan a implementarse" asegura Carmen Varela, demógrafa y coordinadora del libro.
¿Qué tan tétrica es la perspectiva? "No hay que dramatizar. Estamos en etapa de transición, donde baja la natalidad, la mortalidad se mantiene y si a eso se le agrega la emigración, el escenario se vuelve más complejo. Pero todo esto depende también de qué país queremos. ¿Cuál es el óptimo de población? ¿Queremos ser más o menos? Sobre esto hay grandes debates", añade Varela.
El libro, en cambio, no ingresa en esta polémica sino que revela el estado actual articulado en capítulos sobre fecundidad, envejecimiento, migración y tránsito de la vida joven a la adulta basados en los datos del censo 1996 y en la Encuesta de Hogares Ampliada de 2006. Vamos parte por parte.
NACER. En 1975, cada mujer tenía casi tres hijos (2,89); 20 años más tarde baja a 2,45 y hoy continúa su decrecimiento. El 2,04 hijos de la actualidad no alcanza para que las madres se sustituyan a sí mismas, según la demógrafa Varela. El razonamiento es el siguiente: por motivos biológicos, cada 200 nacimientos, 105 son varones y 95 niñas. Por lo tanto, la mayoría de los nacidos son hombres y así, no todas las madres engendran al menos una niña, que será un nuevo vientre futuro. De ahí que en demografía se ha establecido que el país no logra un nivel de "reposición de la población".
A la vez, cerca del 11% de las mujeres llega al final de su vida reproductiva (45 años) sin tener ningún bebé. Este porcentaje creció pues era de 10% en 1996.
Pero tal vez lo más revelador del estudio de Varela, Raquel Pollero y Ana Fostik, es que la reducción de nacimientos se da también entre las mujeres de estratos más bajos. Ellas, que a lo largo de la década del `90 aportaron la mayor parte de los niños del país, han comenzado a reducir su número de bebés. Los datos: en 1996, las jóvenes con primaria incompleta entre 15 y 19 años tenían 0,5 hijos mientras que 10 años más tarde, el guarismo baja a 0,3. En chicas de 20 a 24 la bajada fue de 1,5 a 1 en 2006. La menor educación, más que la pobreza, han explicado el mayor número de hijos.
Las políticas de salud sexual y reproductiva, mejor acceso a la educación de las mujeres pobres y la reciente disminución de la pobreza, son los responsables del descenso, según Varela. "La mujer con más educación y con acceso a anticonceptivos reduce su fecundidad".
Con todo, las madres de estratos bajos siguen siendo quienes aportan más nacimientos y de hecho, más de la mitad de los menores de 15 años vive hoy en condiciones de pobreza. Al final de su vida reproductiva, las madres de esos estratos tienen más de tres hijos mientras que en capas medias y altas, esto desciende a menos de dos. "Unas tienen más que los que quieren y las otras menos, porque evalúan que no están las condiciones de tiempo de crianza y económicas", dice Varela. Todas ellas imaginan, si uno pregunta en encuesta, que dos hijos es lo ideal. El modelo a seguir, no sólo aquí, sino en el mundo.
La edad de la madre a la hora de tener su primer hijo también se retrasa. Del total de madres, el 25% dio a luz por primera vez a los 20 años en promedio. La mitad lo hizo a los 24 y el restante 25% a los 30 años; es decir, cuando quedan unos diez años, más o menos, de vida reproductiva.
¿Y el futuro? Probablemente, las tasas de fecundidad sigan bajando en la medida que se mejore la inclusión social de las mujeres. ¿Qué hacer, entonces? "Como política de población, creo que lo mejor que puede hacer el Estado, que no debería interferir en las decisiones libres de las parejas, es asegurar las condiciones para que cada una tenga los hijos que quiera. No más ni menos. ¿Cómo hacer esto? Algunas cosas se pueden emprender, hoy por ejemplo, el único beneficio que se da a la madre es la asignación familiar (o nada si nace en los estratos medios) y una licencia de tres meses. Punto, como si con tres meses el hijo estuviera criado", opina Varela.
Pasando raya, entonces, nuestro imaginario uruguayo medio ha sido un bebé en condiciones complicadas al nacer. Su madre anda por los 30 años y tal vez trabaje. Se cría con un hermano hasta que se enfrente en la juventud con el primer gran desafío de su vida: ¿cuándo y cómo se transformará en un adulto?
CRECER. El libro de Facultad de Ciencias Sociales y el Fondo de Población de Naciones Unidas dedica un capítulo a cómo y cuándo los jóvenes pasan a ser adultos. Esto es: hogar propio, formación de una nueva familia e independencia económica. La conclusión: el 50% de los muchachos entre 23 y 30 no cumple con las tres condiciones a 2006.
El retraso de la "emancipación" se pronuncia en los sectores medios y altos. Ellos, según los datos analizados por el sociólogo Daniel Ciganda, la posponen por continuar en los estudios y ganar más preparación para enfrentar un trabajo ulterior. Así, el 83% de los jóvenes pobres entre 18 y 23 años están insertos en el mercado laboral, aunque a menudo en malas condiciones. Entre sus pares no pobres, la ocupación baja al 10%.
Nuestro uruguayo medio, entonces, pasa larga temporada en la casa paterna, demora su primer hijo y no cuenta, posiblemente, con los medios para construir un hogar propio. Aquí es donde las cosas se hace circulares y esta demora explica en parte la baja fecundidad. Y a la vez, la maternidad se hace más trabajosa porque el crío pasa más años en casa y ¿a quién se le ocurre traer al mundo a más de dos?
La otra vuelta de tuerca es que la demora puede tentar al uruguayo medio a emigrar, lo que es el camino de muchos (ver nota aparte) y significa salirse de la estadística nacional. Por eso, sigamos imaginando que no. Que este uruguayo persevera y se queda. ¿Cómo envejecerá aquí?
ENVEJECER. Uruguay tiene, junto con Cuba, la población más envejecida de América Latina. El promedio de edad se centra en 31 años, según la demógrafa Mariana Paredes, autora de este capítulo. El envejecimiento no es un proceso nuevo por estos lares, pero en los últimos diez años se ha acentuado y la perspectiva augura que se incrementará aún más.
Europa tiene el mismo problema. Con un promedio de edad de 39 años, su población carga más y más años, pero con una diferencia: allá no experimentan la emigración, sino todo lo contrario: la llegada de inmigrantes que ajustan la balanza.
Por acá, el 17,5% de la población tiene más de 60 años, un envejecimiento mayormente femenino pues ellas viven más. Clasificado por pobres o no pobres, hay mayor presencia de adultos mayores en los estratos medios y altos de la sociedad, que en los bajos, donde la presencia de los niños y jóvenes es más fuerte. Volviendo al "ejercicio circular", la baja natalidad hará que la relación entre niños y viejos, ahora favorable a los primeros, se invierta en las próximas décadas. Hoy hay 72 mayores de 60 por cada 100 menores de 15. La relación se viene achicando y si se mantienen las tendencias, en las próximas décadas el vínculo será al revés.
La mortalidad se mantiene estable por los avances sociales y médicos. Hoy, Uruguay tiene la misma que Haití, el país más pobre del continente. ¿Por qué? Porque la gran cantidad de adultos mayores eleva el número de fallecimientos al mismo nivel como si fuéramos un país con escasísimo acceso al trabajo y los servicios. Hay que empezar a pensar, nuestro uruguayo medio parece no pasarla muy bien.
Las cifras
2,04 Cantidad de hijos promedio por mujer. Como estadísticamente nacen más varones que niñas, la madre no se sustituye.
31 Edad promedio uruguaya, más que la media latinoamericana (26) y la africana (19), pero menos que la europea (39).
17,5% De la población uruguaya tiene más de 60 años. Si se suman a los menores de 15, hay 60 pasivos por cada 100 activos.
126.000 Emigraron del país entre 1996 y 2006, según cifras estimadas. Representa un 3,7% del total de la población.
El hogar condiciona el trabajo
El último capítulo del libro Demografía de una sociedad en transición: la población uruguaya a inicios del siglo XXI, analiza las problemáticas desde el punto de vista de los hogares.
Según la investigación de Andrés Peri e Ignacio Pardo, los hogares más ricos tienen 20 veces más chances de empleo formal que aquellos en condiciones de pobreza estructural.
El estudio señala que, en áreas rurales, existen 50% más probabilidades de empleo formal que en Montevideo.
El acceso a la salud privada es 77 veces más probable en los hogares más ricos que en los pobres estructurales.
Los hogares con al menos un miembro en la enseñanza privada son más en Montevideo y área metropolitana que en el resto del país. Clasificado por pobreza, los más pobres tienen menos chances de acceso.
En alimentación, la investigación revela que los hogares del interior tienen más probabilidades de acceder a los alimentos cuando son brindados por el Estado.
Y los de afuera, ¿en qué andan?
Entre 1996 y 2006, han emigrado del país unas 126.000 personas, de acuerdo a estimación. El pico máximo se registró en 2002; hubo una caída sobre 2004, pero en 2006 se retomó el ritmo migratorio confirmado hasta ahora.
La mayoría de los emigrantes son jóvenes y adultos en edad activa. ¿Cuál es el impacto sobre la familia que permanece en el país? Los investigadores Adela Pellegrino y Martín Koolhaas buscaron respuestas y las presentan en el libro Demografía de una sociedad en transición: la población uruguaya a inicios del siglo XXI.
Resultados: sólo el 0,3% de los hogares sale de la pobreza por las remesas enviadas por los emigrantes. En cambio, el 36% de los hogares perdió al menos a un contribuyente que se ha tomado el avión.
Maldonado es el departamento que más atrae
Mucho se ha dicho y escrito sobre la migración internacional, pero ¿qué ocurre con los movimientos internos en el país? ¿Qué departamentos son los más seductores para los propios uruguayos?
El libro Demografía de una sociedad en transición: la población uruguaya a inicios del siglo XXI incluye un capítulo referido a la migración interna, a cargo de los sociólogos Daniel Macadar y Pablo Domínguez. Del análisis de los datos, ellos concluyen que Maldonado, Canelones, San José y Río Negro fueron los departamentos que entre 1996 y 2006 tuvieron relevantes saldos migratorios positivos, es decir, llegaron más de lo que se fueron. Hay que hacer la salvedad, y Macadar la hace, de que los datos de 1996 corresponden a un censo y los de 2006, a una Encuesta de Hogares. "No es la misma fuente, en un caso se tiene en cuenta a toda la población y en otro, es sólo una muestra", dice. El dibujo migratorio, igualmente, es válido en líneas generales.
Montevideo sigue perdiendo en su intercambio migratorio con sus vecinos Canelones y San José, pero estos cambios de residencia muchas veces no implican una migración total porque la gente a menudo mantiene actividades en la capital, explica Macadar.
En números brutos, Canelones es el departamento que más gente ha ganado en el balance entre inmigrantes y emigrantes. En Maldonado, sin embargo, la proporción de las ganancias es más relevante que respecto a la población del departamento. Su caso no es nuevo. Desde el 85 a la fecha, Maldonado es el enclave con mayor tasa de crecimiento debido a la inmigración. La misma llega principalmente desde Lavalleja, Rocha y Canelones, aunque existen desde todo el país, incluso de Soriano, desde donde provienen más de 500 personas.
La construcción y la expansión turística explican el fenómeno. "La gente emigra fundamentalmente por motivos de estudio y de trabajo", explica Macadar.
Río Negro, por ejemplo, es la primera vez que tiene un saldo migratorio positivo. La razón: la inversión de Botnia. De hecho, unas 1.800 personas se instalaron en Fray Bentos desde 2003, según estimó la Dirección de Medio Ambiente.
El departamento con mayores tasas negativas fue Salto.