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Convivir con vecinos puede volverse una tortura
Enemigos íntimos
Desde ruidos molestos por perros que ladran hasta conflictos derivados por problemas sentimentales llegan al Poder Judicial. La mediación cumple un papel fundamental, pero la reglamentación es escasa. Se lanza campaña para una buena vecindad.

CATERINA NOTARGIOVANNI y CORRESPONSALES

Siete de la mañana del sábado en una vivienda de Pocitos. El perro del vecino empieza la habitual sinfonía de sollozos y ladridos. Del otro lado de la pared, la joven da vueltas en la cama intentando recuperar el sueño. No lo consigue. Ofuscada, repasa mentalmente los intentos de llegar a un acuerdo con los propietarios del can: dos conversaciones y una carta en la que pidió (casi rogando) que hicieran algo. Evasivas, excusas, enojos y portazos fueron las respuestas. "No puedo más, ¿sabés lo angustiante que es querer dormir y no poder?", cuenta Gabriela (28). Esa tarde decidió ejecutar el "contraataque". Subió dos parlantes a la azotea lindera, donde habita el perro llorón, y puso música a todo volumen. "Temblaba todo, ni yo lo soportaba, pero quería ver si entendían el mensaje", explica. La misión fue exitosa. Los vecinos entraron al perro. Tiempo después, sin embargo, las cosas volvieron a su ruidosa normalidad. Harta de no ser respetada, Gabriela desistió de otro contraataque y se puso en campaña para mudarse.

Situaciones como éstas son moneda corriente en las ciudades; ya sea por perros, por el griterío de un grupo de niños jugando en la calle o por el volumen de la música. Si la convivencia humana es compleja puertas para adentro, cuánto más difícil será cuando incumbe a los vecinos, muchas veces verdaderos extraños.

La pregunta en estos casos es ¿hay algo que pueda hacerse antes de sufrir una crisis nerviosa?

ALTERNATIVA. Existen cinco reductos en Montevideo donde la tolerancia es puesta a prueba día a día: los Centros de Mediación del Poder Judicial. Allí, problemas como el de Gabriela, pueden encontrar una solución (ver recuadro). También es posible apelar al poder coercitivo de la policía o de la comuna correspondiente, pero ante la ausencia de reglamentación, la solución definitiva dependerá de la voluntad del vecino.

"Esos conflictos provienen del ámbito más informal y que menos recogen las estructuras legales a nivel departamental y nacional. Son del componente más privado, donde la garantía de una buena relación tiene mucho que ver con la educación ciudadana", explica el Defensor del Vecino de Montevideo, el psicólogo social Fernando Rodríguez, quien aclara que su repartición no recepciona reclamos de ese tenor, derivándolos a los centros de mediación. En cambio sí atienden quejas por ruidos cuando éstos provienen de una industria, comercio, pub, tránsito o tablado.

Los inspectores podrían medir con el sonómetro los decibeles del ladrido de un perro, "pero después no hay una reglamentación que le diga al vecino que tiene que bajar los decibeles", afirma Rodríguez.

Los conflictos por ruidos molestos son la causal más frecuente de consultas y mediaciones del Poder Judicial, alcanzando el 38,9% de un total de 3.721 casos presentados entre enero y diciembre de 2007; registrados bajo la categoría "Vecindad".

Los "clásicos" problemas de vecindad se producen por perros que ladran toda la noche o cuando quedan solos, por el escándalo de los niños jugando a la pelota en la calle, porque tiran la pelota a la casa del vecino o usan de arco la pared lindera. También la música alta, el gato que rompe las plantas, el vecino que deja la basura en la puerta de la casa del otro o acumula basura; y hasta el correteo infantil del piso de arriba.

La instancia de mediación comienza cuando una persona se acerca a uno de los centros a contar su problema. Si corresponde, se invita a la otra parte; "nosotros no citamos porque la comparecencia es voluntaria", explica Laura Lange, responsable de la oficina coordinadora del Centro de Mediación del Poder Judicial. Si bien el porcentaje de no comparecencias es alto (de 1.881 mediaciones proyectadas, solo 842 se concretaron), el 92% terminaron en acuerdo.

INSULTOS & MEDIACIÓN. Cinco mujeres se encuentran en el Centro de Mediación del Poder Judicial, ubicado en el Cerro. Llegan derivadas por un juez penal debido a un problema de mal relacionamiento que arrastran desde hace dos años. Tres hermanas versus dos amigas, todas vecinas. La tensión domina el ambiente. Graciela Cabrera es la mediadora. ¿Su misión? Alcanzar un acuerdo entre las partes: "Escucharemos la versión de las denunciantes… no las vamos a interrumpir… luego hablará la otra parte", explica en tono suave pero firme. Lo dice en primera persona del plural, de modo conciliador y con entonación que evoca a la maestra hablándole a sus alumnos. Las mujeres asienten respetuosas.

Las denunciantes alegan que las hermanas las agreden con insultos, que las amenazaron con cadenas y que cada vez que se las cruzan les gritan "te voy a reventar", "putita mugrientita" y cosas por estilo. Dicen que quieren terminar con los insultos: "Nos cansamos de andar a cabeza gacha", afirman.

"¿Qué desencuentro pudo dar lugar a las agresiones?", pregunta Cabrera. Una pasada relación de una de las hermanas con el hermano de la denunciante parece ser la raíz del conflicto. Antes de terminada esa relación, se llevaban bien, dijeron. La denunciante insiste: "Quiero vivir en paz". La mediadora interviene y la enfrenta a asumir el compromiso que eso implica. "Voy a poner lo que sea para que se termine todo", responde.

Antes de dar la palabra a las hermanas, la mediadora retoma la idea del compromiso, y suma la palabra tolerancia: "Sin que eso signifique que sean amigas", aclara.

Las hermanas niegan las amenazas con cuchillos e indican que ellas también son insultadas. "Vine para que se termine… el problema empezó con el hermano de ella… le pegaron al novio (N.R: se refiere a la nueva relación de la chica)", dice una. "Los sábados se maman e insultan", comenta la novia.

"Todos los que están acá pusieron un cuotita para que esto pase", acota la mediadora, insistiendo en que siempre que hay un conflicto, las dos partes tienen responsabilidad: "No es mi tarea determinar quién empezó ni de quién es la responsabilidad". Pide que no se hagan eco de los insultos y apela a la indiferencia porque "a veces es buena". Las partes cruzan acusaciones, pisándose unas a otras. Cabrera interviene con firmeza pero sin levantar la voz. "¿Pueden mantener una actitud de indiferencia si se cruzan?", pregunta. "Si pero", es la respuesta de todas. "No podemos condicionar los acuerdos", acota la mediadora, que vuelve a apelar a la indiferencia como solución.

"Las dos partes estamos iguales, no voy a decir que soy una santa", comenta una de las hermanas. Por momentos, la mediadora propone dejar el pasado. "Si volvemos atrás podemos estar tres horas. Lo importante es de acá para adelante", indica. La idea prende, las mujeres están de acuerdo. "Borrón y cuenta nueva", dice una denunciada. "Ta, si nos cruzamos no nos saludamos", reafirma otra. "La mediación no necesariamente es una instancia donde la gente salga íntima amiga", explica Cabrera. Todas de acuerdo. Las partes rubrican el acta donde se deja constancia breve del hecho que motivó la consulta y de la solución alcanzada. En este caso: ignorarse mutuamente. En tres meses se volverán a ver las caras para confirmar que todas cumplieron el acuerdo. La tensión baja. Una broma de Cabrera termina descomprimiendo, al punto que las cinco mujeres salen sonriendo y agradeciendo. Misión cumplida: la mediación fue un éxito.

SOLUCIONES. ¿Cuál puede ser el acuerdo cuando la queja es que los niños del vecino corretean en el piso de arriba y no dejan dormir? "Que haya horarios en los que se respete el silencio, como la siesta o los fines de semana. A veces el acuerdo implica que los padres se comprometen a llevarse a los niños a jugar a una plaza entre las 14 y las 17 horas, explica Silvia Peyrou, mediadora del centro Hospital Maciel.

¿Y para un perro que ladra o llora todo el día? "No dejarlo atado si esa es la causa del ladrido, moverlo a la habitación más lejana de la propiedad del vecino, no encerrarlo en lugares donde el animal vea el pasaje de gente y lo lleve a ladrar", señala Graciela Cabrera, abogada y mediadora del centro del Cerro.

Lo importante es que la solución tenga asidero en la realidad, porque a veces se plantean arreglos alocados ("Vecinos que dicen: mate al perro o póngale un bozal todo el día", cuenta Cabrera), o difíciles de implementar ("Si el perro ladra todos los días a las cinco de la mañana y el dueño se compromete a sacarlo a pasear a esa hora, pero uno sabe que el señor trabaja de noche y se acuesta a las 3.00, es muy probable que no lo pueda cumplir", ilustra Lange).

Si no se llega a un acuerdo se deja constancia y se deriva, porque siempre se trata de dar una alternativa. Para el caso de los perros molestos no hay muchas posibilidades: "Los derivamos a un abogado, pero no es un tema que llegue a juicio, a no ser que esté afectando mucho la salud del involucrado. Se podría hacer un juicio civil por daños y perjuicios, aunque por lo general no llega a tanto", señala Lange.

Quienes más utilizan ese servicio son los empleados públicos o privados (29,1%), las amas de casa (22,8%), los jubilados y pensionistas (18,2%) y los desocupados (13,7%). El 56,8% de las personas que piden una mediación gana entre 0 a 3 salarios mínimos, el 25,5% entre 3 y 6 salarios mínimos, y el 8,2% no tiene ingresos.

Excepcionalmente, la defensoría del vecino "intervino" en casos de ese calibre; como el de una señora que vivía detrás de una Iglesia Pentecostal y que se quejaba del volumen de la música. Las partes se reunieron y alcanzaron un acuerdo: cuidar la extensión horaria de las actividades religiosas y el volumen que generaba, cerrando ventanas y aislando paredes.

"La satisfacción es si se resuelve. Pero hay un resultado que es tanto o más importante: que los actores comunitarios generen un aprendizaje de la resolución alternativa de los conflictos. Justamente, la mediación se considera una vía alternativa de resolución de conflictos no violenta, entendiéndose como violento tener que ir a hacer una denuncia a un juez, porque eso consolida el conflicto", cuenta el Ombudsman.

"Tratamos de recomponer el diálogo, el vínculo, que la gente participe en la solución del conflicto que tiene", explica Lange, "a través de la mediación tratamos de recuperar el respeto por el otro y por la palabra empeñada, que siempre tuvo peso en Uruguay", agrega.

Los Centros de Mediación también abordan temas de Familia, como tenencias, visitas, pensión alimentaria o de relacionamiento entre los miembros.

Bajo el rótulo "Civil" se atienden temas de humedades, deslinde de terrenos, árboles plantados cerca de la pared lindera y otras curiosidades: "Los que colocan los ganchitos para la cuerda de la ropa en la pared del vecino". Pequeñas deudas impagas, reclamos de consumidores que no guardaron la boleta por servicios que prometían más de lo que dieron o, problemas de gastos comunes, son otros ejemplos de mediaciones.

En definitiva, los Centros de Mediación son una alternativa interesante; no sólo porque puede encontrar una solución a los problemas que no están legislados, sino porque apelan al entendimiento, el respeto, la tolerancia y la importancia de la palabra empeñada.

También el interior se pelea

SALTO. La policía y la comuna reciben un promedio de 40 denuncias semanales por ruidos molestos. Los propietarios de los inmuebles que sean capturados por los tentáculos de la Intendencia pagarán una primera multa de 1 UR y una segunda de 5 UR. De continuar incumpliendo se derivan los antecedentes a Jurídica.

ARTIGAS. Los habitantes corren con menos suerte ya que debido a la inexistencia de legislación, la Intendencia no recibe denuncias, con la salvedad de los ruidos molestos que se produzcan en las cercanías de hospitales, salas velatorias y oficinas públicas. En 2007 hubo 3 denuncias y 4 en lo que va de 2008.

PAYSANDÚ. Los ruidos molestos encabezan el ranking de la capital sanducera, donde las denuncias se realizan en la Oficina de Espectáculos Públicos. El inspector municipal concurre a constatar el hecho y procura mediar para encontrar una solución rápida. Los locales nocturnos, iglesias, talleres y comercios son la fuente principal de molestias.

LAVALLEJA. Los festejos familiares hasta altas horas son la causa más frecuente de conflictos en Minas, que atiende denuncias a través de las comisarías. En 2008 se sumó una nueva modalidad de contaminación acústica: los caños de escape de motos y el volumen de la música de los autos. Los minuanos estilan hacer las denuncias a través de la radio o la tevé, indica Estrella Cabana, directora de tránsito.

TREINTA Y TRES. Las denuncias se reciben por escrito en la Intendencia y en la Seccional. Los problemas más comunes son ruidos derivados de caños de escape, radios de autos y música proveniente de particulares o boliches.

COLONIA. Según el problema, la ventanilla a tocar: por perros, debe irse al departamento de Zoonosis, ruidos molestos a la Dirección de Tránsito; y por problemas entre vecinos a la comisaría. Las denuncias más frecuentes son por ruidos molestos, aguas servidas y perros u otros animales sueltos. Recurrir a los medios es un método extendido.

FLORES. La comuna aplica multas (10 a 30 UR) a quienes infrinjan la ordenanza de ruidos molestos, la mayoría de las cuales se aplican a domicilios, locales bailables, salas de ensayos de orquestas e incluso ladrido de perros. Son recibidas en Espacios Públicos, que en 2007 recibió 16 quejas.

CERRO LARGO. Las seccionales son el primer muro de contención en Melo. Los caños de escape de las motos (suman 30.000), los equipos de audio de vehículos y la música alta son los principales motores de denuncias. Fuentes policiales indican que ante su actuación, se procede a bajar la música.

FLORIDA. Las denuncias se reciben en la Dirección de Salud y Gestión Ambiental. Las más frecuentes son por ruidos molestos (216 en 2008), aguas servidas (138), basurales (76), y presencia de animales (68), sobre todo de cerdos. La cantidad de denuncias va en aumento, así como las dificultades para tratar con los vecinos: "Es normal llevar guardia policial". Antes no lo era, aseguran desde la comuna.

DURAZNO. Las motos y motonetas con caño de escape sin silenciador y los locales bailables sin aislación acústica son la principal molestia.

Buenos y malos vecinos

La Defensoría se encuentra preparando una campaña de bien público orientada a la promoción de buenas prácticas vecinales vinculadas a "ese escenario donde las políticas públicas no pueden meterse demasiado", explica el Ombudsman.

Allí se describirán 20 actitudes que son malas prácticas. En esa lista estará lo relacionado con la basura, como dejar la bolsa al costado del contenedor si está lleno, o tirar escombros, restos de muebles y otros desechos que no van allí. La tenencia responsable de perros, que involucrará el viejo problema de las personas que no recogen las heces, que no los sacan con correa y bozal; y los mencionados ladridos a toda hora. También se hará hincapié en el volumen de la música, en las conductas temerarias en el tránsito; y en el deterioro de la instalación de una casa (caños rotos, por ejemplo) que terminan afectando al vecino colindante.

"A veces nos matamos exigiéndole al Estado que cumpla con su deber y no nos auto exigimos ser más responsables con el prójimo, y mucho menos nos ponemos en el lugar del otro", dice Fernando Rodríguez para ilustrar el espíritu de la campaña, que todavía no tiene fecha de lanzamiento.

Quejas montevideanas

Los ruidos molestos representan la cuarta causa más frecuente de reclamos ante la Defensoría del Vecino, donde se atienden todas las quejas relacionadas a servicios que cumple la Intendencia directa o indirectamente, exceptuando los que tienen que ver con la relación con sus funcionarios.

La mayoría de las situaciones denunciadas están vinculadas con ruidos provenientes de "Espectáculos Públicos" (bares, pubs, ensayos y tablados de carnaval, teatros, centros culturales o casas de fiestas infantiles), "Actividades comerciales e industriales" (talleres mecánicos, metalúrgicas, panaderías, cocheras, lavaderos automáticos y actividades de carga y descarga); y "Otros" (Iglesias, instituciones educativas y deportivas, prostíbulos, tránsito de camiones, vibraciones en la vía pública y ruidos entre vecinos). Este tipo de problemas se presentan con más frecuencia en la región centro y en la zona de la costa central y Este de Montevideo.

Los problemas de "Arbolado" (poda de ramas, extracción de raíces, etc.) son la primera causa de reclamos, seguido por "Tributos" y en tercer lugar "Vivienda", rubro que incluye asuntos de humedades y problemas de medianeras.

Las cifras

45 Son los decibeles máximos permitidos por la IMM hasta las 12 de la noche y 39 después de esa hora.

9% De las denuncias que recibe la Defensoría del Vecino están vinculadas con ruidos molestos.

38,9% Del total de casos presentados en 2007 ante el Poder Judicial fueron por problemas de "Vecindad".



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