FACUNDO PONCE DE LEÓN
Quisiera detenerme en una de las tantas noticias que aparecieron en la semana que termina. Refiere al anuncio de que el presidente francés Nicolás Sarkozy le regalaría un lujoso anillo a su novia Carla Bruni. Por detrás de esta información, que es una más de las que genera esta pareja casi diariamente, se esconden dos ideas concatenadas que me parecen de capital relevancia para el mundo que nos tocó en suerte.
La primera idea tiene que ver con la paulatina disolución de la esfera privada, un proceso de larga data que intelectuales tratan de explicar y comprender en sus causas profundas. Durante miles de años la vida humana se organizó básicamente sobre dos grandes espacios diferenciados: el del hogar y el de lo público. Cuando una persona cerraba la puerta de la casa y salía a la calle, entraba en otra dimensión, la de los asuntos de la comunidad (el comercio, la política, cómo organizar la ciudad o la comarca, la justicia, la guerra y la paz). Dentro del hogar quedaban los asuntos de la familia que se resolvían puertas adentro (la educación de los hijos, el alimento, el aseo, las relaciones afectivas). Sólo una vez que estaba solucionado este ámbito privado la persona estaba preparada para dedicarse a los asuntos de todos y no sólo de los seres queridos. Por múltiples factores pero sobre todo por la irrupción de los medios de comunicación, esas dos esferas comenzaron a mezclarse y se empezó a colar en la pública todo lo que antes sólo se sabía dentro de cuatro paredes.
Como todos los procesos históricos complejos esta confusión aparejó cambios positivos y negativos. Entre los primeros el principal es que se empieza a hablar de las dominaciones violentas (mujeres, esclavos, niños) y de los problemas de salud y limpieza que se vivían en los hogares. Entre los segundos se encuentra que asuntos menores, los amoríos de un gobernante por ejemplo, ocupaban mayor tiempo de discusión que los problemas de la comunidad. Esa cuestión de inmiscuirse en lo privado se multiplicó crecientemente hasta que con el auge de la televisión se llegó a la situación actual donde la mayor parte del tiempo se habla en público (y en los estudios de televisión específicamente) de cuestiones privadas e íntimas de las personas. Allí tenemos la explicación de por qué Nicolás Sarkozy es hoy el presidente más nombrado y visto de toda Europa.
Una segunda idea importante es que la exposición constante de una relación amorosa implica necesariamente su destrucción. Si bien sabemos que el amor es una de las manifestaciones humanas más difíciles de definir, no es menos cierto que hay algunas características necesarias para que un amor perdure. Una de ellas es que debe permanecer y alimentarse en la esfera privada.
Cuando dos personas están enamoradas significa que el mundo que los rodea ha desaparecido, que están en "otro lugar", fuera de los asuntos de esta Tierra. De ahí que en una pareja la venida de un hijo sea un evento tan crucial: el hijo vuelve a interponer al mundo entre los amantes que tienen que inventar una nueva manera de mantener la relación.
Las parejas formadas por personajes famosos tienen el problema de que sólo si salen del mundo pueden funcionar y por lo tanto mantenerse. Como esto no sucede en la mayoría de las relaciones amorosas del jet set, noviazgos y convivencias aparecen y desaparecen sin dejar rastro.
Ni el presidente francés ni la cantante parecen percatarse de ese fenómeno y están entregando diariamente su relación al mundo. Poco importa aquí el acoso de los medios. Cuando una pareja quiere alejarse lo logra, costará pero a la larga se salen del juego de los paparazzi. Si no lo logran es o porque no había amor entre ellos o porque creían que los flashes los iluminaban cuando en realidad los estaban cegando y devolviendo a un mundo del que sólo se puede escapar enamorándose.